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Un debate en torno al genocidio judío

HISTORIA – INTENCIONALISTAS VS. ESTRUCTURALISTAS

Una división entre las interpretaciones de los historiadores sobre cuál fue precisamente el papel de Hitler en el proceso de exterminio de los judíos, finalmente tuvo su fin y se llegó a un consenso.

Simón Massa *

El pasado 27 de enero fue el Día de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, establecido por las Naciones Unidas en 2005. En ese día, pero de 1945, las tropas soviéticas llegaron y liberaron a los prisioneros judíos de lo que fue el mayor centro de exterminio nazi, Auschwitz. Pero Auschwitz, con su tamaño y el número de personas que murieron en él (se estima una cifra superior al millón), constituyó uno de los eslabones de la política de “solución final” del régimen nazi.

Explicar el “holocausto” ha sido de uno de los mayores retos de las Ciencias Sociales. Como sostiene uno de los referentes de este campo de estudio, el historiador británico Ian Kershaw (n. 1943), la cuestión radica en comprender cómo el odio nazi por la población judío fue trasplantado para convertirse en una práctica de gobierno, y cuál fue precisamente el papel de Hitler en este proceso.

División de historiadores.

Desde los años 60, este problema ha llevado a una división bien marcada de las interpretaciones de los historiadores. Una, denominada intencionalista, sostiene que el exterminio de los judíos fue un plan ideado por Hitler desde el primer momento de su entrada a la política en 1919 y que él estuvo a la cabeza de todas las etapas de la Solución Final. La otra, denominada estructuralista, sostiene que la solución final fue una respuesta a un problema que los mismos jerarcas nazis habían generado, pero que no estaba planificada con antelación a 1941.

Tal vez, a primera impresión, podría parecer absurdo hacerse la pregunta por la responsabilidad de Hitler en la planificación del exterminio, siendo bien conocido la xenofobia y el antisemitismo que manifestaba en sus discursos. Sin embargo, lo que se busca es determinar cómo fue el proceso que llevó al exterminio de más de cuatro millones de personas. Lo que se pregunta es si, volvámoslo a decir, partió de una sola orden del Führer o si el exterminio resultó de iniciativas de los propios jerarcas nazis, que luego fueron aprobadas por Hitler.

El mismo Kershaw sostiene que ambas posturas no ofrecen una explicación totalmente satisfactoria. Si, por un lado, se pretende atribuir todo el proceso a los deseos de una persona, se deja de lado aquellos agentes (burocracia, la administración pública y los líderes de la industria alemana) que hicieron posible que se llevara adelante el Holocausto. Si, por otro lado, se pone el acento en los agentes y las respuestas “improvisadas”, se descuida el marco ideológico en el cual fue posible llevar adelante el exterminio y su aceptación.

Consenso historiográfico.

De un tiempo a esta parte, el debate entre intencionalistas y estructuralistas ha sido superado y se ha llegado a un consenso acerca de la génesis de la “solución final”. Este consenso equivale a aceptar que no hubo una sola decisión. Se trató de un largo proceso de radicalización en la búsqueda de una solución para la cuestión judía entre la primavera de 1941 y el verano de 1942, como parte de un programa de limpieza étnica para Europa central y oriental, frustrado por la imposibilidad de la derrota a la Unión Soviética. Para ello, fue necesaria la participación activa de varios actores. Como, por ejemplo, los líderes de la industria para el desarrollo de la maquinaria necesaria para el exterminio, o la gestión y coordinación del traslado de los judíos a las tierras del este por parte de la administración pública y la burocracia.

El año 1941 fue fundamental, puesto que marcó un antes y un después en la política llevada adelante por el Tercer Reich. Hasta ese momento se había optado por la expulsión de los judíos occidentales hacia Europa oriental (particularmente, a las tierras de Polonia), donde eran obligados a realizar trabajos forzosos; aquellos que no podían hacerlo (mujeres, niñas, niños y ancianos) eran confinados en guetos. Fue el fracaso de la invasión y la conquista de la Unión Soviética (la frustrada operación “Barba Roja”), lo que privó a Alemania de seguir obteniendo tierra para expulsar a los judíos. Debido a esto y al número cada vez mayor de judíos que eran deportados desde Europa occidental, el régimen nazi se encontró con un “problema administrativo” en los territorios conquistados de Europa oriental. Cada vez se hicieron más comunes los hacinamientos, las pestes y las hambrunas en los guetos. Ante esta situación el régimen alemán comenzó a intensificar las matanzas de judíos, a través de fusilamientos, envenenamiento o asfixia con gas, hasta su sistematización en los campos de exterminio; situaciones de las cuales el mismo Hitler estaba al corriente y abalaba.

El discurso de odio de Hitler y las políticas antisemitas de su régimen contribuyeron a crear el contexto necesario para el exterminio de los judíos. No obstante, para ello resultó clave la participación de otros agentes que abalaran las ideas del Führer y estuvieran predispuestos a cumplirlas. En otras palabras, el Holocausto no se hubiera producido sin el consentimiento y complicidad de la burocracia, la administración pública y de los líderes de la industria alemana.

* Estudiante de Historia de la Universidad Nacional de La Pampa