Un pueblo y un amor

Beatriz Dillon.
La conformación de los espacios geográficos es relevante a la hora de comprenderlos y adentrarse en las relaciones que se generan en los lugares y las particularidades de los vínculos entre los sujetos que, en distintos momentos, adquieren relevancia real y/o simbólica. La apropiación y construcción de las territorialidades en el oriente pampeano, es consecuencia del modelo productivo instaurado en Argentina hacia finales del Siglo XIX. La ocupación resultó de la interacción de factores sociales, económicos y naturales que fueron modelando el espacio rural donde la distribución de la tierra, la explotación ganadera y la agricultura, sumadas a la presencia del ferrocarril, conformaron un entramado de pueblos y asentamientos rurales con características particulares: tal es el caso de Sarah, un pueblo pampeano ubicado en el extremo Noreste de La Pampa. Su historia y su presente se entrelazan en una magnífica sintonía de significaciones.
En la mayoría de los pueblos pampeanos, el tendido del ferrocarril actuó como elemento concentrador de intereses particulares asociados con la producción, el comercio y la tenencia de la tierra. El modelo de implantación de la red respondió, entonces, a una trama resuelta en un territorio extenso y horizontal, de baja densidad poblacional, donde los bordes entre los agrupamientos de población y el espacio rural circundante se configuraban como áreas de contacto. De esta manera, se estructuró un binomio donde el espacio rural y los asentamientos proveedores de servicios conformaron un par dialéctico que confirió sentido a la política de consolidación de las “fronteras” y de apropiación del territorio. El valor de la tierra se definió en forma proporcional a la distancia que las separaba de los rieles y de las zonas de carga, y la estación ferroviaria se erigía como un centro neurálgico concentrador de la población y de la dinámica económica.

Primero, una estación.
En muchos casos, el poblamiento no era el objetivo primario de los primeros propietarios de la tierra pública luego de la invasión militar de 1879. Hacia 1882, según consta en los expedientes de mensura de tierras de La Pampa, Carlos Torcuato de Alvear, el primer intendente de la ciudad de Buenos Aires, concentró 105.000 hectáreas ubicadas al Norte del Territorio Nacional de La Pampa (Lotes 1 al 9 de la Fracción B de la Sección I), sobre el límite con la provincia de Córdoba. Años más tarde, parte de las tierras de los Alvear eran adquiridas por Ramón Joaquín Manuel Cesáreo Santamarina, un ascendente comerciante, nacido en Orense (España).
Huérfano desde los 7 años llegó a la Argentina con 16 años y se instaló en Tandil donde trabajó como peón de campo y, poco a poco, fue capitalizándose a partir de la compra y venta de bueyes y carretas. Esta actividad le permitió adquirir una importante cantidad de hectáreas tanto en la provincia de Buenos Aires como en La Pampa. En sus dos matrimonios tuvo 17 hijos; uno de ellos fue José Santamarina, segundo hijo del primer matrimonio. José es el primer protagonista de la historia de Sarah.

Sara sin h.
Sara Wilkinson tuvo poco que ver en la decisión de sus padres de migrar a la Argentina. Su padre, empleado ferroviario, fue tentado por la empresa inglesa para ocupar un puesto destacado en los obrajes que construyeron las vías hasta Tandil. Ese fue su lugar de vida en Argentina. Con solo 16 años, Sara (sin h final) contrae matrimonio con uno de los descendientes directos de la acaudalada familia Santamarina. De deslumbrante belleza, según los relatos de la época, no dejaba de ser hija de un empleado ferroviario; status poco apetecible para la importancia que adquirían los lazos matrimoniales como estrategias de concentración de poder tanto político como económico. Por su parte, José Santamarina desobedeció el mandato familiar y de la oligarquía terrateniente y se casó en secreto con la joven inglesa.
La materialización y ostentación de la riqueza de la pareja puede apreciarse en sus largas estadías en Europa, pero sobre todo en la construcción de un palacete en las afueras de Tandil que llamaron Sans Souci, en alusión al conjunto arquitectónico de estilo rococó, del mismo nombre, localizado en la antigua Prusia, en las cercanías de Berlín.
A la muerte de José Santamarina, Sara pretende vender el lugar pero al no poder hacerlo, fue expropiado durante la década del ’40 y convertido en escuela hogar agraria femenina. Luego, durante la dictadura militar de 1976-1983 funcionó como centro clandestino de detención, como lo demuestran los relatos de algunos ex detenidos que reconocieron el lugar.
Hacia 1903, luego de culminado el ramal que atravesaría el extremo Norte de La Pampa, desde Bernardo Larroudé hasta Chamaicó y Casimiro Gómez en el límite con San Luis, una estación ferroviaria se localizaba en tierras de la familia Santamarina: Mariano Miró.
Recién en 1909, José Santamarina gestionaría la ubicación de la Estación Sarah del Ferrocarril Oeste y el 6 de marzo de 1910, se produjo el remate de solares alrededor del terreno donde luego se ubicaría la plaza. El nombre del pueblo era en honor a su esposa: Sara Wilkinson, con el agregado de la h final.

Al son de lo rural.
Entre 1920 y 1935 se reconoce como el período de mayor esplendor de Sarah. En 1920 la población rural ascendía a 119 habitantes, mientras que para 1935 se registraron 413 habitantes en el pueblo y 269 en el medio rural. Almacenes de ramos generales, restaurantes, hoteles, herrerías y carpinterías daban cuenta de la importancia del pueblo. Por su parte, en el medio rural los Santamarina organizaron una serie de estancias ganaderas.
Los años posteriores y los efectos de la multicrisis ocurrida en los años treinta, ocasionaron efectos estructurales y coyunturales sobre la producción y la comercialización de los productos agropecuarios lo que significó una merma importante de la población rural, tanto agrupada como dispersa, que recién pudo comprobarse en el período intercensal de 1935 a 1947, donde el descenso de la población de Sarah fue de 682 a 244 habitantes. El censo de 1960 otorga un breve repunte (282 habitantes) con 162 habitantes agrupados en el pueblo y 120 rurales dispersos, pero las décadas posteriores y el efecto de las inundaciones durante la década de los 80 generaron un impacto demográfico negativo.

Economía.
Una de las principales actividades económicas de la zona configuró la cuenca láctea norte de La Pampa y la zona rural de Sarah registró una dinámica actividad tambera. La significativa producción láctea de la zona dio lugar a la instalación de una quesería perteneciente a la familia Yaquinta, posteriormente adquirida por la firma Aguirre, García y Ughetti, la que luego pasó a llamarse “La Primavera” de Aguirre y García. La fábrica funcionó hasta los años de la inundación (1984-1985), cuando se hizo imposible mantenerla, según cuentan antiguos empleados.
En el período intercensal 1980-1991 se produce un nuevo descenso de la población. Según recuerdan los pobladores, los conocidos como “años malos” de la década de los ´80 provocaron impactos posteriores en la salinización y deterioro de los suelos. Sarah, fue uno de los pueblos más castigados del Norte pampeano.
Los dos últimos períodos intercensales (1991-2001 y 2001-2010) evidencian un pequeño aumento en el ritmo de crecimiento de la población. En 1991 se censaron 120 habitantes y en el 2001, 163 personas. Para el censo de 2010, Sarah registró 204 habitantes lo que significó una variación absoluta positiva de 41 personas.

Edificando el futuro.
Sarah se encuentra localizada en la “zona núcleo” de la producción sojera y manisera del departamento Chapaleufú, en el extremo Noreste de La Pampa. Los cambios recientes vinculados a la expansión del capital en los espacios rurales han impactado sobre la estructura agraria y los sistemas de producción favoreciendo la aparición de nuevos sujetos sociales (empresarios, agronegocios, pools de siembra, contratistas rurales) quienes tienen posibilidades de desarrollo productivo en condiciones ventajosas de productividad y competitividad. Coexisten con ellos los productores tradicionales con menos posibilidades.
Estos cambios paisajísticos se evidencian cada vez más en Sarah y su espacio rural y los efectos de las transformaciones sociales y ambientales se hacen sentir en la vida cotidiana del pequeño pueblo rural pampeano. Entre cultivos de soja y maní intercalados con maíz y trigo y la presencia de la planta acopiadora de la firma Dreyfus, la tranquila vida de los habitantes del pueblo se ve alterada por la aparición de nuevos sujetos extralocales (contratistas rurales, arrendatarios, camioneros, agentes de comercialización, profesionales, entre otros) demandan servicios (alquileres, alojamiento, casas de comida, esparcimiento, entre otras)
Otra de las actividades que impone la multiactividad rural en Sarah es el desarrollo de la actividad turística y la expansión de la actividad cinegética. En 1903, Carlos Fuchs fue designado por la familia Santamarina para la administración de 36.000 hectáreas ubicadas en la zona más productiva del noreste del Territorio Nacional de La Pampa. Con el tiempo logró adquirir una buena cantidad de hectáreas donde edificó el primer frigorífico de La Pampa y una casona que oficiaba de casco principal de la Estancia. La inmensidad de llanura, los campos de cultivo, los atardeceres pampeanos, la tranquilidad del medio rural, la atractividad de sus aspectos histórico-culturales, el desarrollo de la actividad cinegética en La Pampa, la calidad receptiva, los detalles arquitectónicos, el confort de sus instalaciones y un restaurante de categoría internacional son los principales atractivos de un hotel rural de jerarquía internacional, ubicado a 4 Km de Sarah y a 3 Km de la Ruta Nacional 188.
* Geógrafa, UNLPam

Compartir