miércoles, 13 noviembre 2019
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Una ficción interesante

Durante el 2016 la editorial responsable de «El lobo estepario», diario cultural de Pico, editó su primera obra. Se trata de una novela breve escrita por Héctor Massara. Es el primer texto del autor que se publica. No obstante, no es lo que se esperaría de un escritor inédito.
Gisela Colombo *
La construcción del relato, el uso de los recursos narrativos, la claridad argumental revelan la actividad de alguien que tiene mucho oficio. Eduardo Senac, uno de los responsables de la edición, explica que, en efecto, Massarahabía recorrido talleres de escritura y había creado muchos cuentos al momento de escribir esta obra.
Tierraplana es el título de la novela. Se trata de la historia de Roque Martínez. El libro bien podría describirse con una metáfora. Un collar, cuyas dos mitades del broche áureo unen el principio y el fin de la joya. En el medio, las perlas (lágrimas para la tradición) corresponden a los sufrimientos de Roque. Pero los extremos, el principio y el final están dedicados a la presencia de un gran amor del protagonista llamado «Florinda Cáceres».
Los hechos se enhebran de manera tal que recorremos con ella una travesía que parte en Paraguay y termina en algún sitio cercano a General Pico, La Pampa. Una joven apenas salida de la infancia, víctima de abusos y maltratos, emprende una huida desesperada. Se convierte en prófuga de su vida familiar tortuosa. Y ella será quien dé también un cierre al texto; eso, sin atentar en ningún momento contra el protagonismo de Roque.
Florinda es alta y agraciada. Paraguaya de origen, viaja sin dinero por varias ciudades del interior de Argentina hasta que recala en tierra pampeana.
Quien la cobija es Martha, la francesa que regentea un prostíbulo de pueblo. Allí conocerá Florinda al hombre curtido que habrá de rescatarla.
En esa noche pensada como su debut en el boliche, Roque la requiere y casi de inmediato queda conmovido con ella. No se trata de un intercambio habitual de servicios sexuales. Lo que ocurre entre ellos es un vínculo de otra especie.
Es cuando el relato se interrumpe y vuelve a un tiempo anterior. Ganan voz las perlas enhebradas en el hilo del texto. Son los dolores sufridos por Roque un tiempo antes. Un racconto extenso va despertando en el lector la empatía con el protagonista.
Su vida amorosa consigna varias mujeres. La primera, esposa legal, a quien le debe el pasar holgado y un hijo llamado Gino. Martha misma, la madama, ha sido otro de sus amores, aunque definitivamente más carnal. La tercera sería Ana, una criatura a la que el narrador describe como una personalidad mezcla de candidez y sentido práctico. Con ella construye una relación estrecha, coronada por la espera de un hijo. Pero un hecho inesperado echa por tierra la armonía.
Roque ha tenido muchos enemigos. Y, como santo no es, ha sabido aprovechar las debilidades de otros para sacar tajada. Santamaría, y la venta de su campo son ejemplo de ello. El hombre, extraviado por la adicción al alcohol, decide venderle la propiedad a su vecino Martínez. Acepta, motivado por el estado de sus finanzas, un número que no debió ser justo.
Desde entonces, sus hijos encabezan la lista de rivales de Roque Martínez. Son hijos pródigos, que regresan luego de haber dilapidado una fortuna, sólo porque el dinero se acabó. Vuelven de Europa para pedir explicaciones sobre el precio vil al que adquirió Martínez la propiedad que les correspondía en herencia. Lo acusan de oportunista y traman una venganza.
Un tiempo antes del regreso de los Santamaría, Roque, viudo hacía tiempo, conoce a Ana, que es la dueña de una pensión de Pico a la que Gino se muda para estudiar la escuela media. La conoce y se enamora de ella. Pero la promesa de un tiempo de plácida vida familiar se disuelve de un segundo a otro por obra de los Santamaría. La caída del héroe es desoladora. Un juicio igualmente injusto lleva a Roque a una condena de varias décadas de prisión. Y las perlas se siguen hilvanando…
Sin embargo, las peripecias en el universo sórdido de la prisión no acentúan el elemento trágico. En cambio, despiertan la curiosidad, despliegan cierto folclore y contagian al lector la aceptación, como la mejor actitud para reducir la estridencia del dolor.
Es el héroe pampeano por definición: no triunfa, sino resiste. Martínez se hace digno del protagonismo cuando exhibe mansedumbre y resignación, atributos del verdadero heroísmo, según se concibe por estos lares.

El relato.
Uno de los puntos más fuertes del libro es la agilidad del relato, que no abandona su condición de atrapante en ningún momento.
El trasfondo es una reflexión sobre la transformación que los golpes del destino pueden causar en un ser. El poder con que los hechos nos convierten en la sombra más oscura de nosotros mismos.
Si fue juzgado injustamente, el protagonista brega por merecer a destiempo el castigo.
El tono es costumbrista, pero la resolución final introduce el libro en las posibilidades que ofrece el relato de misterio.
El giro de clausura recuerda la estructura del cuento, que suele resolver abruptamente. No obstante, eso no mella el ritmo constante propio de la novela que funciona muy bien durante toda la obra.
El lenguaje escogido es uno de los aciertos del autor. Sin convocar expresiones que han vuelto caricaturesca alguna literatura rural, el autor pone a hablar a sus personajes como lo que son: sujetos a caballo entre el campo y la ciudad. Y lo hace en un habla verosímil apenas salpicada de fórmulas, de detalles que revelan la identidad con suma sutileza.
Las descripciones de los encuentros sexuales son destacables por la efectividad: no resultan lejanas ni excesivamente idealizadas, pero jamás rozan lo grosero y ofrecen un buen ejemplo de pasajes líricos en medio de una intención narrativa pura.
Ni el léxico ni la caracterización de los personajes se acercan a lo estereotípico. No hay buenos ni malos, hay hombres, hay circunstancias y hay contradicciones que nos hacen de lo más creíble la materia narrada.

¡Es ficción!
En alguna conversación con los medios, Massara advierte que la historia es completamente ficcional y confiesa que le han llegado rumores de las inferencias que se han hecho respecto a qué sujetos reales están detrás de los personajes. La necesidad de aclararlo es prueba de efectividad. El texto resulta verosímil y así lo han visto sus lectores.
Si tuviéramos que reducir esta novela a una impresión, prevalecería la sensación de falibilidad con la que convive todo hombre. Giros inesperados de la suerte actualizan la intemperie característica del imaginario Pampa.
Fondo y forma evocan lo mismo. El texto no se limita a emular modismos o a describir un estilo de vida. Es, en cambio, pampeano de raíz. Profundamente pampeano.
El individuo es víctima de un plan que lo trasciende. Misterioso, inexpugnable. Y la resignación a esta realidad, que no es nunca lo que quisiéramos, es la marca de esa sabiduría que no se adquiere sino en la escuela de la vida. Viviendo.

* Escritora