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Una vida de batallas

Continuando con la serie de artículos que relatará la historia de los Mason y la fundación de Santa Rosa, en esta edición recorremos la vida de Remigio Gil, yerno del fundador de nuestra ciudad, Tomás Mason.
Raúl Peralta *
Remigio Gil participó en la guerra de La Triple Alianza y en la Campaña del Desierto. Nació en el año 1849, en Tucumán, siendo sus padres primos hermanos. El matrimonio tuvo 3 hijos varones: Pompilio, Rómulo y Remigio, y una hija: Ercilia.
Muy pronto, el padre abandonó a su familia y Pompilio se hizo cargo de la educación de sus hermanos. Era un hombre violento que manejaba a sus hermanos a latigazos. El segundo varón, Rómulo, evitaba conflictos y malos tratos. Remigio, el menor, era indomable y a menudo dormía en el patio de la casa por orden del hermano mayor. Los conflictos eran tan frecuentes que la madre, incapaz de solucionar el problema, decidió separarlos enviando a Remigio al Colegio de Concepción del Uruguay. Junto al Colegio estaba el Regimiento I. A los 10 años, Remigio fue llevado a observar desde lejos la batalla de Pavón, experiencia que sin dudas sembró una semilla de amor por las luchas.

Primeros pasos.
De esta manera, a sus 16 años, al declararse la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, Remigio Gil junto a otros compañeros escapan del colegio y se enrolan para defender su patria.
Como soldado raso, este chico de 16 años cuya altura y físico le daba un aspecto de adulto, hace a pie el cruce de los esteros del Iberá hasta llegar a Corrientes. Participa en la lucha ganando su primera medalla en la Toma de la ciudad de Corrientes, que los paraguayos habían arrasado ante la negativa de Mitre de permitir el paso de fuerzas paraguayas por territorio argentino para atacar al Brasil.
Durante los seis años de esta sangrienta guerra, Gil participa activamente en todos los combates obteniendo condecoraciones, medallas del gobierno argentino y también de los aliados Uruguay y Brasil.
Después de luchar en Entre Ríos contra López Jordán, toma parte en la Campaña del Desierto.
Toda su juventud la pasó luchando y recién a los 34 años formó un hogar con Malvina Mason, hija de uno de sus íntimos amigos, Don Tomás Mason. Fue un matrimonio modelo que terminó con la muerte de Remigio Gil el 8 de abril de 1912.

Recuerdos de su nieta.
Remigio Gil y Malvina Mason tuvieron una hija a la que llamaron Malvina Gil Mason. Luego ella se casó con Alfredo Lanari y dieron vida a Marta Lanari Gil.
«No podía haber nada más chiquito que mi ‘Mamá Grande’. Regordeta, con una nariz de bebé, ojos chiquitos, en una cara de facciones regulares y miles de arruguitas que ahora heredé yo», contó Marta al hablar de su abuela Malvina.
La «Inglesa Mason», como la llamaban en el colegio, fue siempre menuda. «Tenía unos pies chiquitos, número 35 que calzaba con unas botitas a botones, que a veces yo le ayudaba a prender con un abrochador en forma de punto de interrogación», recordó.
«Carecía de ‘sense of humor’, también como yo, y se indignaba cuando mi abuelo (Tomás Mason) explicaba que no había tenido más remedio que casarse con ella, pues cada vez que iba de visita a la chacra de Don Tomas Mason en Morón, lo esperaba Malvina en el parque y le decía: ‘Pídame Gil’ y sin embargo ese altísimo y atlético militar vivía pendiente de su minúscula mujercita. De ascendencia inglesa y americana, mi abuela consideraba de mal gusto cualquier efusividad en público. Era reservada: pocos mimos recibí de ella, pero yo sabía que nos quería mucho, aunque se mantenía a distancia».

El abuelo Gil.
Marta no conoció a su abuelo Remigio Gil. «Durante muchos años fue sólo un nombre… un retrato al óleo que lo mostraba con su uniforme, sus medallas y unos curiosos cordones celestes. Era para mí de chica ‘el padre de mamá’, que había muerto cuando yo tenía 10 meses. En el escritorio donde yo estudiaba, hay una chapa de bronce con una inscripción: ‘Al Coronel Remigio Gil’ -homenaje de los jefes y oficiales del Regimiento I de Artillería-«, relató Martita Lanari Gil.
«Sabía que ‘Mamá Grande’, mi abuela, comentaba a veces sus opiniones que me parecían un poco arbitrarias respecto a Remigio. María Amalia contaba que cuando se portaban mal ella y Dora (hijas de Remigio y Malvina), las tomaba por la parte superior de la oreja y ellas protestaban porque como era muy alto, prácticamente las llevaba ‘suspendidas’. Lo que más apreciaba era esos cordones celestes: su primera condecoración como soldado distinguido en la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay. No quería hablar nunca de esta guerra y según Mamá solo comentaba que lo peor había sido luchar contra chicos de 13 años, desnutridos, pero valientes como pocos, al final en Lomas Valentinas y Cerro Cora. Dicen que era silencioso y reservado… no me sorprende eso de semejante experiencia siendo sólo un muchacho».

Nota: La fotografía de la tapa de esta edición, muestra a Remigio Gil, junto a Malvina Mason, su esposa e hija de Tomás Mason. También se ven en la imagen sus cinco hijos: Malvina, Rómulo, Alberto, María Amalia y Dora. Lo característico de esta foto inédita, es que está tomada en la antigua casa de la Estancia La Malvina, antes de que se construyera la casona que actualmente todos conocemos. Es quizás la única imagen de Remigio Gil en La Malvina, propiedad administrada por su suegro Tomás Mason, fundador de Santa Rosa y quien además de administrar estos lotes, manejaba las 20 hectáreas de su yerno Remigio. Cabe destacar que el Coronel había «ganado» estas 20 hectáreas de tierras patagónicas como pago por su lucha en la Campaña del Desierto y por la guerra al Paraguay.

* Investigador