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Visibles e invisibles

Cuando escuchamos hablar del conflicto por el río Atuel lo primero que resuena es el enfrentamiento judicial entre la La Pampa y Mendoza. Sin embargo, el problema encierra cuestiones que desbordan lo biofísico, lo institucional, geográfico, y económico, abarcando lo cultural, social y político.
Liliana Barbosa *
Cuando empezamos a interiorizarnos con este tema, nos preguntábamos ¿cuál era el problema y el conflicto ambiental? En esa indagación encontramos que algunos identificaban el problema con el retroceso de los glaciares que alimentan el río en cuestión, otros con el uso intensivo del agua en el oasis de riego artificial sur mendocino, y otros apuntaban a la falta de infraestructura y planificación territorial en las zonas áridas y semiáridas. Esto nos llevó a pensar que existían diferentes configuraciones del problema y del conflicto ambiental, según en qué espacialidad se los analizara, que actores/as participaran del mismo, y qué argumentos, demandas, soluciones e intereses se movilizaban.
En esta oportunidad, quisiera compartir algunos de los resultados de un trabajo de investigación realizado entre los años 2014 y 2017 sobre el conflicto ambiental del río Atuel. En esta investigación se abandonó el análisis cronológico para abordarlo desde la “escalaridad”, es decir, desde la escala nacional, provincial y local, entendidas como espacios de expresión diferenciales del problema y del conflicto.

Algo más que el bañado.
Cuando nos interiorizamos en la problemática del río Atuel nos encontramos con una degradación ambiental de la cuenca íntimamente conectada a la consolidación del oasis de riego sur mendocino. Hasta principios del siglo XX el río Atuel supo ser caudaloso, recorriendo de este a oeste la provincia de Mendoza hasta llegar al noroeste de la provincia de La Pampa para desembocar en el río Salado. En el tramo inferior de la subcuenca formaban un humedal recordado por Difrieri (1980) como los “Bañados Impenetrables del Atuel”. Para mediados del siglo pasado los arroyos que conformaban el humedal fueron desapareciendo hasta la crecida del ´73, cuando el Arroyo de La Barda retornó, pero con un comportamiento intermitente, discontinuo. Cada uno de estos acontecimientos fue acompañado por reclamos y manifestaciones locales que lograron alcanzar la escala provincial y nacional (ver imagen de la página 2).
Los primeros reclamos registrados se inician en la escala local, en la década del ´20, y se consolidan en el ´40 con la Resolución 50/49. Fundamentalmente, fueron acciones aisladas en defensa de los intereses económicos -haciendas ganaderas- que se vieron afectados entre otras cosas, por la pérdida del humedal, responsabilizando a las autoridades mendocinas, por los aprovechamientos del oasis de riego.
Luego, a partir de los ´70, el reclamo pampeano tuvo otra impronta, centrándose en la cuestión interprovincial, generando un distanciamiento de la escala local, y abriendo un escenario de enfrentamiento entre autoridades provinciales. Principalmente este viraje hacia la interprovincialidad estuvo influenciado por el concepto de cuenca como una unidad de administración de los usos múltiples del agua, y con la creación de instituciones como la Secretaría de Estado de Recursos en 1969, en la escala nacional.
Ya para la década del ´90 y sobre todo entrado a principio de este siglo, el reclamo se centró en la cuestión ambiental y la importancia de restaurar un caudal mínimo ecológico. A su vez, las acciones colectivas que dieron inicio a la Asamblea en Defensa de los Ríos Pampeanos, incorporan una nueva estrategia de reclamo: integrar a los afectados directos, los del “oeste”. Sin embargo, no se abandona la visión oficial y provincial representada por la lucha interprovincial, la cual se contrapone con la visión local, como veremos a continuación.

Las escalas.
A partir del análisis de la escalaridad, es decir, entender a cada escala local, provincial y nacional, como un espacio de expresión diferente del problema y una construcción diferencial del conflicto, se pudo profundizar y visualizar la complejidad de la problemática y las contradicciones existentes (Esta metodología de análisis de los conflictos fue propuesta por Azuela y Mussetta en 2008 y por Merlisky, en 2009).
Las contradicciones se presentan principalmente entre la escala provincial y la local, sobre todo en los años ´70 y más fuertemente en el ´80, a partir del fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN), abriendo un largo camino de acuerdos y desacuerdos entre los gobiernos de La Pampa y Mendoza.

Visible: lo interprovincial.
Algunas de las preguntas que surgieron del análisis fueron: ¿Cómo logra posicionarse la cuestión interprovincial como el principal problema a resolver? ¿Qué repertorios se movilizaron para sostenerlo en el tiempo?
Fueron varios los factores que influyeron en la instalación de la cuestión interprovincial como problema público, entre ellos podemos mencionar la “dramatización del problema” generada por las inundaciones que azotaron a Mendoza y La Pampa, así como la aparición de buenos divulgadores que lograron transmitir los conceptos científicos al público en general, como lo fue la Comisión Popular en la Defensa de los Ríos Pampeanos (CoPDRiP) en los ´70.
La primera demanda presentada por parte del gobierno pampeano ante la CSJN en 1979, marca el inicio del enfrentamiento entre ambas provincias y sobre todo luego del fallo del ´87, que declara que el río Atuel es interprovincial. Así se logra legitimar el reclamo interprovincial (ver foto de la página 3).

Invisible: la integración.
Si hay una cara visible, ¿qué es lo que queda oculto tras esta? ¿Cuál sería la cara invisible o invisibilizada? Bueno, aquí lo que queda oculto es la tensión entre el espacio económico y los modos de vida de quienes habitan las zonas áridas y semiáridas no irrigadas. Paradójicamente, son los habitantes del secano quienes presentan una escasa participación en el reclamo pampeano. Algunos autores relacionan esta cuestión con el paso del tiempo y la adaptación de los ribereños a vivir sin el agua. Sobre ello escribieron Cazenave (2012) y Dillon y Comerci (2015) desarrollando el concepto de “sociedad sin memoria hídrica”.
Lo que pudo evidenciarse, más allá de la pérdida de memoria hídrica, es una historia de proximidad e integración entre las zonas irrigadas (oasis artificial) y las no irrigadas (secano), como es el caso de la conexión que existe entre la ciudad de General Alvear (Mendoza) y la ciudad de Santa Isabel (La Pampa) donde existe un flujo de bienes, servicios y desplazamiento poblacionales permanentes, que desbordan los límites provinciales. Se convierten en zonas emparentadas desde sus orígenes hasta el presente, como la contracara de las asimetrías/desigualdades en los territorios. Los contrastes y fragmentaciones generados tanto por los “oasis de riego artificiales y secano mendocino”, como por el “Oeste y Este pampeano”, de alguna manera influyeron en las redes de solidaridad y parentesco existentes entre las ciudades de Santa Isabel y General Alvear. Quizás el mayor logro de las acciones colectivas que dieron inicio a la Asamblea en Defensa de los Ríos Pampeanos haya sido abrir un tímido, pero al fin, debate, sobre estas asimetrías y contrastes en estos territorios.

¿Que traerá el caudal?
Para cerrar, quizás podemos preguntarnos qué sucederá cuando se logré un caudal mínimo ecológico. Los conflictos ambientales nos permiten profundizar sobre formas de habitar el espacio, de arraigo, de tenencia de la tierra, usos de suelo, y planificación territorial. En este sentido, habrá que tener en cuenta que pese a las características de alta vulnerabilidad agroecológica y socioeconómica de las zonas no irrigadas, existe una presión del avance de la propiedad privada, a partir de la valorización de espacios antes considerados marginales, como zonas productoras de ganado vacuno (Martín y Wagner, 2013). Por eso, será de suma importancia construir canales de participación local, los cuales permitan dialogar con las voces que habitan estas zonas áridas y semiáridas, a la hora de planificar políticas públicas socio-ambientales para la región.

* Docente e investigadora (UNRN)
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