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Yo deseo, ¿tú deseas?

Las insatisfacciones personales en cuanto a las relaciones sexuales, son notables en la sociedad de hoy. Cientos de individuos asisten a terapias, solos o en pareja, con problemáticas ligadas a este tema.

Dr. Daniel Rodríguez *

Es indiscutible que en la sociedad actual se observa con frecuencia una patente insatisfacción personal en las relaciones sexuales. Muchos matrimonios y parejas están asediados por alguna molestia o irregularidad de tipo sexual, desde el simple desinterés y hastío hasta la disfunción sin paliativos.

Un elevado porcentaje de adultos sin pareja estable se lamenta sobre la dificultad de hallar una pareja “adecuada”, se quejan de que los lances sexuales les producen más agobio que placer y distensión, otras veces su respuesta erótica sufre inhibiciones y frustraciones de diversa índole, imputables a causas de muy distinto origen. Incluso los adolescentes, que en teoría se hallan en la plenitud de la sexualidad suelen manifestar la desazón que provoca en ellos la cuestión sexual.

Si bien un porcentaje de los individuos aludidos necesitan recurrir a la terapia sexual para vencer sus dificultades, afirmo, sin temor a equivocarme, que muchas personas están en condiciones de incrementar por sí mismas la satisfacción derivada de la sexualidad siempre que procedan de forma metódica y racional. Lo malo es que esta actitud se da contadas veces, ya que la mayoría de las personas que sufren problemas sexuales reaccionan de una forma que les sumerge todavía más en un espiral de incertidumbres y angustias.

Los problemas sexuales más comunes son la inhibición y el sentimiento de culpa, la ansiedad ante el desempeño sexual, la inapetencia erótica y la aceptación no razonada de la información errónea sobre la sexualidad humana. Estas son las principales causas de insatisfacción sexual.

Inhibiciones.

Podríamos pensar que la forma tan directa que tenemos en la actualidad de abordar el tema de la sexualidad, no indicaría la aparición de inhibiciones. Pero lo cierto es que estas inhibiciones y los sentimientos de culpa continúan dándose, aunque las causas han variado en relación a épocas pasadas.

Hoy en día no solamente debemos lidiar contra algunos preceptos religiosos, sino también con inhibiciones surgidas de las dudas que tenemos sobre nuestro atractivo personal. Esta preocupación por nuestra apariencia física viene de muy lejos, hoy se amplifica debido al contacto con las redes sociales que nos hacen estar expuestos casi todo el tiempo. Esto produce muchas veces una obsesión por nuestra apariencia que hace que en las mujeres se pretenda resumir su atractivo erótico sólo a la semejanza con estereotipos sociales, y en el caso del hombre se suma a esto la trascendencia que se le otorga al tamaño de sus genitales. Esto se observa frecuentemente en la consulta, donde el hombre muchas veces se siente inseguro de sí mismo y lo lleva a proceder sexualmente con dubitaciones.

Otra inhibición sexual que nos sigue desconcertando en la terapia sexual es la que guarda relación con la vergüenza o repulsión que provoca, en algunas personas, otro tipo de sexo, como el sexo oral o anal. Si nos preguntamos cómo hay que interpretar estos hechos, creo que sería muy simplista dar por buena una sola explicación válida para todas las personas. Pero lo que siempre debemos tener presente es que, sea cual sea la causa y dependiendo de los motivos expuestos por cada persona, existen, por lo general, una serie de técnicas concretas para superar estas inhibiciones, entendiendo que nuestra sexualidad es fruto de años de educación sexual hablada, pero mucho también de una educación sexual silenciosa, y quizás por esto más arraigada y perjudicial.

Como podemos ver en diferentes pacientes, las inhibiciones sexuales son a menudo reflejo de culpa más o menos manifiesto. A veces en sucesos muy lejanos pero otros en episodios muy cercanos. Así, no es raro observar la aparición de inhibiciones sexuales en parejas que antes no habían sufrido este tipo de anomalías.

El rendimiento.

Otra complicación sexual que interfiere en la calidad de nuestro deseo sexual es la ansiedad sobre el rendimiento amoroso o el desempeño sexual. Es frecuente observar como estas ansias de rendir como es debido acaba convirtiéndose en un bloqueo de nuestras emociones y fantasías eróticas. Cuando una persona se inquieta acerca de su rendimiento, concentra su atención en detalles que impiden su disfrute. Lo llamativo de esto, es observar cómo personas físicamente sanas terminan teniendo alteraciones físicas fruto de su ansiedad.

A menudo los temores al desempeño sexual se convierten en muy problemáticos cuando reducen la frecuencia del intercambio amoroso. Esto hace que uno de los componentes de la pareja interprete de forma errónea la situación, al estimar que su compañero/a le rechaza. Son casos realmente lamentables, ya que el motivo básico nada tiene que ver con el rechazo, a su vez, la evitación es un mecanismo de defensa que, por lo general, hace que el individuo se sienta más dueño de sus actos y menos culpable de insuficiencia.

Considerar al hastío sexual como otro de los problemas que afecta nuestro deseo sexual, es algo muy oportuno de mencionar. Y en esto un punto muy discutido, por cierto, es si la convivencia larga y el conocimiento que se tiene del compañero/a están destinados, en mayor o menor grado, a reducir el erotismo. Algunos piensan que el hombre es, en esencia, el más propenso a tener amoríos fuera de la pareja. Pero esto hoy por hoy no parece tener una probabilidad cierta.

¿Debemos considerar que toda relación sexual sostenida con una misma persona, tiende a desembocar en el hastío erótico?

Las mujeres no son tan propensas a lamentarse de hastío en su vida sexual, pero sí de la falta de intimidad y comunicación.

Mitos y desinformación.

Además de todo lo mencionado, un factor que debemos tener en cuenta a la hora de hablar de nuestro deseo sexual, es la falta de información y los mitos con que crecimos con respecto a la sexualidad. Es por esta razón que a partir de un diálogo sincero que podemos tener con nuestra pareja, nos ayudará a reconocer la existencia de todos nuestros conflictos, para solamente así poder plantearnos aspirar a una vida sexual más auténtica y genuina, donde al identificar nuestro deseo sexual como algo verdadero y propio, y muchas veces tan distinto al de los demás, nos dé nuestra propia identidad sexual y personal.

Algunos consejos.

Podría sugerir, desde mi experiencia clínica, y desde el camino transitado, algunos puntos que no pretenden agotar ni subsanar todas las deficiencias, ni tampoco reemplazar la terapia sexual, cuando los trastornos han cobrado identidad propia. Algunas de estas recomendaciones son: Nunca olvide que una buena relación sexual empieza mientras aún lleva puesta la ropa. Quiero decir que lo que pase en la intimidad, debe comenzar antes de llegar a ella, creando un ambiente propicio, expresando nuestra ternura y afecto de diversas maneras.

Dedique algún tiempo en pensar en usted como un ser sexual, ya que nuestra actividad sexual no es un suceso aislado de nuestra vida en general, y así poder aprender a aceptar nuestra sexualidad como un dato más acerca de nuestra persona, y no como un impulso que surge de vez en cuando.

Asuma la responsabilidad de su goce sexual y sensual. Pensar que otra persona va a proporcionarle el placer no es equivocado, pero la verdad es que cada uno de nosotros es responsable de su erotismo. Esto sobre todo para las mujeres, ya que en muchas se observa todavía la pasividad dictada por las pautas culturales impuestas que le llevan a esperar que el compañero sea el experto y responsable de su placer.

Hable de asuntos sexuales con su pareja. Parece que si hablamos del tema le quitará espontaneidad. Sin embargo, en la consulta abundan parejas que ignoran los gustos de su compañero/a.

No permita entrar a la rutina en su vida sexual. Tenga en cuenta que la fantasía es uno de los mejores afrodisíacos que se conocen y que llevar el rencor a la cama actúa provocando todo lo contrario.

Hablar de nuestro deseo sexual, es hablar de nuestra vida misma, y en la medida que tengamos una vida más real, nuestras expectativas sexuales también lo serán. En la vida real no todos los orgasmos son un suceso maravilloso y conmocionante, algunos pasan casi inadvertidos. Si tenemos en cuenta que no somos máquinas, sino seres de carne y hueso, es posible que no sólo aceptemos los altibajos de nuestra sexualidad, sino que nos permitamos, a través del tiempo, vivir una vida llena de emociones que nos sitúen en el hoy, tal cual él se presente.

* Médico M.P. 1097

DESTACADO 1:

Los problemas sexuales más comunes son la inhibición y el sentimiento de culpa, la ansiedad ante el desempeño sexual, la inapetencia erótica y la aceptación no razonada de la información errónea sobre la sexualidad humana.

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Un punto muy discutido es si la convivencia larga y el conocimiento que se tiene del compañero/a están destinados, en mayor o menor grado, a reducir el erotismo.

COLUMNA A LA DERECHA

La Universidad de Medicina de Anhui, en China, realizó el primer estudio preliminar respecto a cómo se estaba viendo afectada la sexualidad de las personas –emparejadas y solteras– durante la pandemia mundial. Los resultados revelaron que de las casi 500 personas encuestadas, un 27% había visto una disminución en su deseo sexual. Tan solo un 18% de los hombres y un 8% de las mujeres reportaron experimentar un aumento en su deseo. A su vez, se determinó que un 37% del total de los encuestados había disminuido la frecuencia de sus actividades sexuales. De los hombres casados, un 36% dijo haber disminuido su frecuencia y de las mujeres casadas, un 28%.

El estudio sentó las bases para los que vinieron después, y en todos se ha determinado que la sexualidad y el deseo se han visto fuertemente afectados por la contingencia. En Chile, un estudio realizado en abril dio cuenta de que un 64,6% de los encuestados había visto perjudicada su vida sexual durante el periodo de la cuarentena.

El estudio consideró a varios grupos de interés. Por un lado parejas estables que viven juntos; parejas que están pasando la cuarentena separados; y personas solteras. En el primer caso, como explica la kinesióloga experta en sexualidad, Odette Freundlich, lo que más se ha visto es un agotamiento constante, por las nuevas circunstancias a las que se han tenido que enfrentar especialmente los que son padres o viven con familiares y una tendencia hacia la agudización de las dificultades que ya existían de antes en la pareja.

En cuanto a las parejas que no comparten un hogar, han recurrido a los medios tecnológicos para darle continuidad a la relación. “En estas parejas el vínculo no se ha visto tan deteriorado. Han utilizado los medios para estimular la creatividad y el erotismo y cada uno ha tenido el espacio para poder hacer sus propias cosas. Ahora, cuando están frente al computador, no les queda otra que comunicarse. Entonces incluso se ha visto intensificada o profundizada la comunicación. Es una vinculación desde otro punto de vista”, explica Freundlich.

En el caso de las personas que no tienen pareja, lo que ha visto la especialista es que han aprovechado el tiempo para indagar y resolver sus propias dificultades. (La Tercera)