Inicio Culturales A 25 años de dos libros claves de hortensia Eugenia Maggi

A 25 años de dos libros claves de hortensia Eugenia Maggi

EN 1994 LA ARENA PUBLICABA "VIVENCIAS" Y "NATALIA MERTENS"

La primera mujer pampeana luchadora por los derechos de las mujeres, cultora del primer movimiento de izquierda cultural en La Pampa, dejó obras de gran riqueza intelectual, con trazos de militancia y cuadros de nostalgia colectiva.
JUAN JOSE REYES
En agosto de 1994, la Editorial LA ARENA publicó dos piezas de toque de la literatura pampeana: «Vivencias» y «Natalia Mértens», de Hortensia Eugenia Maggi. Allí despliega un lienzo en el que retrata una sociedad carente de solidaridad a través de la mirada de sus personajes. Quizás la recuerden por el nombre que lleva una calle de un populoso barrio de la capital pampeana. Pero para llegar allí no solo lo hizo como prosista sino también por su inconmensurable y desinteresada labor en la lucha por los derechos de los que menos tenían. En este cuarto de siglo de sus novelas también es recordada como la primera mujer pampeana luchadora por los derechos femeninos. No vivió para ella, vivió para muchos otros. Su muerte fue gloriosamente suya y sus obras no están exentas de aquella riqueza intelectual, militancia y cuadros de nostalgia colectiva.

Mujer socialista.
Todavía hoy su género literario impregna un redescubrir creativo de la experiencia socialista, con solidez en sus orígenes y sumergiendo un carácter artístico e ideológico que forjaron su vida. Fue la cultora del primer movimiento de la izquierda cultural de La Pampa. En el prólogo de Natalia Mértens, escrito por Saúl Hugo Santesteban, ella da rienda suelta a la vocación política de su juventud. Abordó temas de una realidad política imperante en la primera mitad del siglo XXI.
Saúl dijo allí: «En Vivencias de ayer y de hoy conformó un anecdotario de su intensa vida partidaria, visión que trasladó a la letra y en Natalia Mértens entregó una novela que comenzó y se desarrolló en el ámbito campestre, pero con final conmovedor en el entorno de una Argentina que con la ruptura institucional de 1930, comenzaría a transitar una senda azarosa, de violencia y sobresaltos, de engaños y frustraciones».
En torno a tan peligrosa urdimbre se movían personajes oscurantistas, políticos cínicos y violentos, capaces de llegar al asesinato de la cual ella escapó por milímetros de una bomba que explotó a su lado.

Escriba militante.
Uno de los principales logros como escritora fue el modo en que se movía en cada trama, ubicándose como un personaje más contado en tercera persona, desdoblando con destreza al narrador-testigo. Sus dos piezas de toque literarias apuntan a sus luchas contra el patriarcado reinante por aquella época.
Nació en Bernasconi región que empezaba a modelarse bajo la influencia del caudillaje político. La que abandonó en su niñez para trasladarse a Huinca Renancó donde dirigió el diario «Juventud Socialista» y la revista «Cultura». Tiempo después se radicó en Villa Dolores donde conoció a su gran aliada y amiga de la tribuna partidaria, Alicia Moreau de Justo, Nicolás Repetto (político y médico) y hasta trabajó con el primer legislador socialista de América Latina, Alfredo Palacios. Fue corresponsal y escribió en las páginas de «La Vanguardia». Fue maestra mayor de obra, oficio que ejerció en la Capital Federal y en 1956 la designaron como tasadora e inspectora del Instituto de Previsión Social, cargo que desempeñó hasta 1972.
En los barrios porteños su actividad política fue álgida. Años después volvió a su tierra para continuar con su compromiso militante y solidario escribiendo en LA ARENA, participando en la Comisión de Apoyo a la CPE y reconocida como la «Mujer Destacada» del año en La Pampa.

Los ríos robados.
Fue una de las más lúcidas mentes de las letras y del periodismo pampeano, pero su mejor semblanza fue su quijotesca lucha para que las mujeres en situación vulnerable salieran del oscurantismo, dejando allí una huella indeleble. Cultivó el arte de la literatura pero practicó la virtud de la humildad y solidaridad. Allí peleó contra muchos molinos de viento en un mundo que no la comprendía, pero con su prosa y firmeza ética se forjó como una mujer apasionada que pasó a la posteridad en la provincia de los «ríos robados» frase que acuñó en los años 60.
Su conducta y convicción inquebrantable fueron los ideales que la guiaron y que mantienen viva su obra y pensamiento. Su partida terrenal en 1996 aún nos enluta, pero su aporte y enseñanza brindarán siempre un remanso y un fértil oasis de generosidad activa y de fraternidad creadora, de amistad y de persistencia humana por una sociedad que nos abrace y nos mancomune a todos, permitiéndonos ser libres, unidos y solidarios, sin que nadie nos oprima para servir a unos pocos.

Luchadora.
Aunque parezca ficción su última gota de tinta volcada en este periódico apuntaba al avasallamiento del poder económico sobre los derechos de los más débiles, específicamente el de las mujeres en condición de vulnerabilidad ante abusos, violencia de género, aborto no punible y femicidios. El velo de la historia y sus dotes intelectuales superaron siempre la incredulidad de una sociedad que nunca la entendió. Su educación fue muy compleja por la condición humilde de su familia. Pero desde aquellas aulas en adelante dedicó su vida a una empecinada lucha contra el poder.
Su corolario como novelista fue sin dudas la de establecer puntos de articulación histórica sentando un precedente disruptivo en la estética literaria promovida en la novela pampeana. La virtud de su narrativa redundó en la fidelidad del diálogo y el cariz de una realidad semejante a la actual y por sobre todo que fue una obra revolucionaria en varios sentidos en nuestro pago chico.