Inicio Culturales Adiós a Sonia Tueros, una protagonista de la cultura santarroseña

Adiós a Sonia Tueros, una protagonista de la cultura santarroseña

A la edad de 83 años, falleció el martes a última hora Sonia María Lady Tueros, una mujer que representó una personalidad en la historia de la ciudad, cuyo nombre quedará asociado al mítico «Café de Sonia». Sus restos fueron sepultados ayer en el Cementerio local.
El cariño que a lo largo de su vida supo generar, y recibir, Sonia Tueros se reflejó tanto en la sala velatoria de la CPE como en los mensajes de afecto que cientos de personas dejaron en las redes sociales.
Tueros, fue dueña en la década del 90 del mítico «Café de Sonia», que por muchos años reunió a músicos, poetas, e intelectuales, en un cálido ambiente de bohemia. Tenía tres hijos, ocho nietos, y un bisnieto y en el 2015 fue nombrada «Vecina destacada de la ciudad» por el Concejo Deliberante.
Nacida el 18 de diciembre de 1936 en General Pico, a los 5 años se mudó a Santa Rosa, ciudad que adoptó como su lugar en el mundo. «Amo esta ciudad, a este pueblo, me gusta hablar de pueblo, fui al Colegio Nacional, pero quería empezar a trabajar y mi primer empleo fue en la Casa de Gobierno a los 17 años porque quería ser independiente», recordó tiempo atrás en una entrevista.
Profesora recibida de piano, fue secretaria, se casó y tuvo una despensa en Urquiza y Lagos donde comenzó una carrera comercial que al cabo de muchos años la llevó a abrir nada menos que 15 negocios.
Ya de grande, puso el famoso «Café de Sonia», a los que dedicó sus mejores horas. «Era hermoso. Se mezclaba todo, la Biblia y el calefón».

Patrimonio de la memoria.
Hace 10 años, a poco de que cerrar el local que seguramente será su recuerdo más fuerte, el periodista Mario Vega dedicó un extenso artículo a Sonia y a aquel café.
«Vital, innovadora, una mujer impregnó a las noches santarroseñas, quizás impensadamente, de un halo mágico e intangible. El Café de Sonia es, aunque ya no esté, patrimonio cultural de nuestra memoria», escribió el cronista.
«¿Quién es Sonia Tueros? Una mujer que pasea orgullosa sus 72 años sin abandonar su coquetería y seducción, que vivió intensamente y que, claro está, tiene cosas en el debe y en el haber. «Aunque al final, cuando uno hace el balance se da cuenta que tiene vividos más buenos momentos que malos», analiza. «Siento que la vida me ha premiado más de lo que lo merezco. Tengo dos hijos maravillosos (Sergio y Javier), nueras ejemplares y nietos que colman mi existencia… y amigos, tantos amigos que no los puedo contar».
«Me gusta, me encanta la soledad… pero nunca me siento sola, porque los amigos son mi gran tesoro», reconoció Sonia en aquel momento mientras le pedía al fotógrafo -Ricardo Echaniz, otro amigo- que la retratara «linda».

Comercios y modelos.
Y en esa misma nota contó su historia. «Ya de adolescente trabajaba aquí enfrente, cuando Salvador Ananía era el gobernador fui por algún tiempito su secretaria privada; trabajé en Asuntos Agrarios y en Rentas, y después con mi marido -«me divorcié hace mucho, pero debo decir que fui muy feliz en mi matrimonio», confiesa- llegamos a tener cinco negocios al mismo tiempo. Una despensa en Lagos y Urquiza, la Zapatería Grimoldi -donde se vendían los famosos Gomycuer-, Kascote -el boliche bailable por excelencia a fines de los ’60-, una mueblería y otro comercio de artículos del hogar. Trabajábamos muchísimo, éramos dos tanques yendo para adelante. Pero bueno -se emociona un poco-, después la separación, tuve que cerrar la zapatería porque me fundí. (Carlos) Menem fue el último hombre que me engañó», ironiza al cuestionar la política económica del ex presidente y la globalización. «Y entonces, a empezar de nuevo».
Hubo un tiempo en que, reivindicando su condición de obstinada luchadora, de innovadora, de mujer de empuje, de constancia, la emprendió con «una casa de modas, en calle Yrigoyen, allí donde vivían los Carón, una familia que quiero mucho», sostiene. «¿Y saben una cosa? Ahora caigo que fui la primera en tener una escuela de modelos… aunque yo no sabía qué era una escuela de modelos».

Nace el café.
Mujer de temple, «una noche en el ‘rancho’ -así llama a una casa que tuvo en Colonia Escalante- sola, mirando una revista veo que la madre de Spielberg tenía un café en Nueva York. Era una mujer grande, y entonces me dije y por qué no, por qué no pensar en un café tipo París… Al otro día fui a ver al Gallego García Córdoba al Banco de La Pampa y pedí un crédito. Y así nació ‘El café de Sonia’, para trabajar de día con la gente de la Justicia y del Banco, pero nunca funcionó así. No se qué pasó pero la gente empezó a venir por las noches, fue algo mágico, difícil de entender. Y fueron 8 años gloriosos, memorables… se empezó a llenar de gente, de amigos.
«Eran noches desde la tardecita hasta que las velas no ardan… Yo dirigía todo, pero tenía dos mozos, y a Charly que me ayudaba mucho, a organizar los espectáculos; y siempre estaba ‘Lalo’, por supuesto», lo recordará a cada instante. «Ya era lo que yo quería… un café cultural. Y con Susana Fiorucci organizamos ‘Cuentos en la calle’, y para una ‘performance’ se sumó Rosita Lucciani, y hubo muestras, y música, y poesía. Cuando hicimos ‘Eva de arte’, pasaron más de 20 músicos, en homenaje a Evita, y resultó algo grandioso».
«Pero la noche desgasta, cansa, y un día, sin avisarle a nadie, El Café de Sonia cerró sus puertas. «Vino uno de mis hijos y me dijo, ¿mamá querés alquilar el local? Sí, ya, le contesté», y fue el final. «Hay tanta gente que me dice cuándo volvés a abrir… pero lo tengo claro, nunca más. Cerré una puerta de mi vida». Y no hay vuelta atrás», rememoró aquella vez.