Adiós a “Terete”, un reconocido canillita, poeta y cantor

El escritor Adolfo “Terete” Domínguez falleció ayer al mediodía a los 77 años de edad, luego de permanecer internado durante varios días en la clínica Polymedic de Santa Rosa.
“Terete” fue reconocido popularmente en la ciudad y la provincia por ser un gran poeta, aunque él no se reconociera como tal, y también por ser sobrino de Julio Domínguez “El Bardino”.
Nació en Algarrobo del Aguila en 1941 y vivió en Santa Rosa desde finales del 48, ciudad a la que le dedicó gran parte de su obra. Fue criado por su abuela Anita en la casa materna de sus tíos y tías, que oficiaron como hermanos mayores.
“Terete” empezó a hacerse conocido en la ciudad cuando comenzó a repartir LA ARENA. “Yo andaba ya por los 20 años, y en esa época los que hacían el reparto eran pibes, así que ver a una persona más grande resultaba algo extraño. Por eso, de madrugada, cuando pasaba por el bar de Fuertes, frente a la estación, los atorrantes que paraban ahí me gritaban ‘andá a agarrar la pala, vago’. Ellos, que estaban de parranda me gritaban a mí que andaba laburando…”, recordó en una entrevista publicada por este medio hace unos años. Y es que el poeta se desempeñó como canillita de esta empresa durante 37 años. Conocía las calles y barrios de Santa Rosa como nadie.

Voceando LA ARENA.
Fueron, junto a Carlitos Segovia, quienes empezaron a vocear el diario para vender las noticias. “¡Esta noche, en el Luna Park, la espectacular presentación del pampeano, ‘El Indio’ Mario Héctor Paladino! diario, diario!”; “¡Todo el caso del hombre que mató y descuartizó a su mujer, diario!”. Claro, LA ARENA se vendía como pan caliente con el suceso que conmocionó al país, cuando Gonzani asesinó a su mujer.

Momento difícil.
Domínguez había perdido la vista hace varios años, aunque pudo sobreponerse a ese momento y seguir adelante. Su gran ayuda fue la compañía de su mujer, Nélida, a quien conoció en Uriburu y se enamoró perdidamente. Se casaron un 22 de abril de 1982 (dijo que eligió la fecha por ser el aniversario de Santa Rosa, la ciudad que lo acogió siempre).
Las palabras y su forma de relacionarse con la gente eran las de una persona en paz, feliz, e intentando siempre hacer algo más.
El mismo dijo en un homenaje que se le realizó en el Teatro Español, que no intentaba ser ejemplo de nada, “pero ante tantos jóvenes agobiados, ante tanto vacío existencial”, él se declaró dichoso con lo que le tocó en la vida y sumamente agradecido con quienes lo han ayudado.
“Terete” también pasó por el Coro Municipal, del cual fue parte durante varios años y en el que seguramente habrá aprovechado para tomar algunas indicaciones del maestro. Además, trabajó en el Poder Judicial -cuando funcionaba en la calle Pellegrini- donde concurría a trabajar puntualmente luego de terminar el reparto de diarios.

Obras.
“Terete” fue, además, autor de un libro que lleva el titulo “Para mi ciudad un poema y un recuerdo”, que es su homenaje al Centenario de Santa Rosa y que el Fondo Editorial Pampeano publicó en el año 1995.
Es un libro entrañable, que tiene un valor incalculable por cuanto se trata de una trascripción de su conocimiento visual y oral a la forma de poema o de prosa, en el que en apretada síntesis están contenidas más de cuatro décadas de Santa Rosa del siglo XX.
También consiguió grabar un trabajo discográfico que tituló “Mis cuatro berretines” y que identificó en este orden: “mi familia, mi casa, el tango, mis poemas”. El trabajo fue presentado al público durante el año 2005 y contiene además de sus poemas dedicados a Santa Rosa, varios tangos del repertorio tradicional argentino.
“Siempre pensé que ‘mi viejo’ era el tango. Me enseñó tantas cosas, sus letras tienen tanta filosofía, tantas verdades. En realidad, cuando repaso, me doy cuenta de que mi vida es un tango”, sostuvo convencido en declaraciones a LA ARENA. “Me pasó de todo, pero a pesar de mi ceguera, de mis problemas, nunca me entregué, nunca me di por vencido. Por eso te digo, mi vida es un tango, sí señor”, concluyó.