“Crear es un proceso que dignifica”

Cristina Fiorucci es ceramista. Se dedica al arte de la alfarería. Ha viajado por la provincia llevando su conocimiento a los demás e investigando las arenas y arcillas pampeanas. Sus obras han sido reconocidas en diversos concursos.
Una joven mujer, de carácter extrovertido e inquieta, sale de su taller con delantal de trabajo y las manos llenas de arcilla que prueban que, hasta ese mismo instante, estuvo creando, moldeando, “dando vida”, como dice. Cristina Fiorucci es ceramista, egresada de Bellas Artes en Santa Rosa. Exploró en diferentes disciplinas expresivas, pero en 1997, al volver de un encuentro en Concordia, comenzó a hacer cerámica. A partir de allí, se dedicó al arte del barro y el fuego y empezó a trabajar con arena y barros de La Pampa.
Con su carpeta en mano, que da cuenta de su historia, está dispuesta a charlar y contar no solo de su trabajo, sino del de sus colegas. Es que desde hace diez años, es también la delegada de los ceramistas pampeanos. “Mi tarea consiste en recuperar técnicas y conocimientos de los pueblos originarios, perfeccionarlos, utilizado materiales y recursos de nuestra tierra, tomando como objeto de inspiración la naturaleza”, dice. En sus obras utiliza arcillas, arenas pampeanas y horneado a cielo abierto, todo un ejercicio cotidiano de rescate, comprometiendo y vinculando elementos del patrimonio cultural local.
Con el correr de los años, fue tomando cursos y talleres, investigando y conociendo a grandes artistas que la nutrieron. Afirma que el conocimiento tiene un ida y vuelta y que hoy está en condiciones de devolver lo que sabe. “Me emociona ver que mis obras han sido tomadas por otros, que las han mejorado, que son utilizadas en diversas áreas, transformadas, vistas desde la mirada del otro”, cuenta Cristina. La artista no se adueña de sus proyectos, todo lo contrario, los deja ir.

Salón Pampeano
En el 2008 en el “Salón pampeano de Artes plásticas-cerámicas Cristina obtuvo el primer premio (adquisición) en escultura con su la obra “Tribus urbanas”. Es importante haber recuperado el “Salón Pampeano de cerámica”, hace responsables a los artistas de sostenerlo con participación y calidad. “La cerámica pampeana está jerarquizada porque en todo encuentro nacional e internacional siempre hay un representante de nuestra provincia”, dice Cristina. La población de ceramistas del territorio pampeano se esta desarrollando y creció. “Existen estudiantes de escuelas de artes, talleres oficiales y privados, egresados recientes y ceramistas iniciales que no han tenido experiencia en muestras, sala de exposiciones de artes o salones artísticos” relató.

El proceso de alfarería
Cristina describe en su blog ( www.ceramicapampeanablogspot.com) la forma en que vive y percibe el proceso de producción de la cerámica, que comienza cuando se recogen los barros arcillosos seleccionados. “Somos muy meticulosos en la molienda de las toscas, la preparación de las pastas y el riguroso amasado”. Afirma que es una conexión profunda que vincula al artista directamente con la tierra. “Cuando nuestros sentidos deciden que podemos comenzar a darle forma, se levanta la vasija”.
Las pastas se llevan un pedazo del artista con ellas asegura. “Nos perdemos en una espiral de rítmicos movimientos y empezamos a percibir que la obra es una proyección de nuestra piel, de nuestro propio cuerpo”.
Es un trabajo que nunca se termina, pero que en un momento el ceramista decide abandonar para que el proceso avance. Una etapa especial para los alfareros es la quema. Las piezas se dispersan sobre una madera en el horno. Esta es la última mirada, “la contemplación del fin de una etapa”.
Finalmente, con la ayuda de unas pinzas largas se retiran las piezas de a una, se sumergen en una lata con agua y se retiran las partículas adheridas mientras se enfrían. “Entre las manos, una vez que su temperatura es tolerable, recorremos con las yemas de nuestros dedos toda su forma, algunos efectos eran los esperados y otros nos lo regaló el fuego, elemento que pone a prueba la obra del hombre”, como dice Cristina.