Inicio Culturales El teatro no se rinde

El teatro no se rinde

Si algo aprendimos en el último año, es que el trabajo en equipo es la clave para lograr los objetivos. En esta oportunidad no estamos hablando de la pandemia, sino del enorme trabajo que realizó la cooperativa TKQ, luego de unos 3 años de sortear obstáculos.
En junio del 2018, LA ARENA anticipaba la construcción de una nueva sala teatral para Santa Rosa, de la mano de la fusión de dos grupos de teatro de la ciudad, Teatroké y Quimera. Conformados en cooperativa, Ana Santa Marta, Pely Malgá, Laura Acuña y Facundo Morales, obtuvieron un subsidio otorgado por el Instituto Nacional del Teatro, para la compra y construcción de esta sala. Recibieron en ese momento 4.875.000 pesos; y se comprometieron a aportar el 25 por ciento del valor total del trabajo.
Luego llegaría la suba del dólar, la crisis económica y, claro, la pandemia de Covid-19. Esto hizo que los costos iniciales quedaran obsoletos, por lo que el INT decidió sumar unos 3 millones más de subsidio. Por su parte, TKQ aportó unos 2,5 millones más entre equipamiento y mano de obra, por lo que el proyecto total terminó en 11 millones de pesos.
Dejando de lado los números, la buena noticia por estos días es que la sala TKQ está terminada y aguarda la habilitación municipal para poder abrir al público.

Manos mágicas.
El lugar, cuyas medidas son 20 por 11 metros, cuenta en la planta baja con hall de acceso, tres baños; una sala con capacidad para 125 personas, dos camarines con baño privado y un depósito. En la planta alta se encuentra la sala de máquinas, la sala de control, un depósito y un departamento con capacidad para cinco personas.
Cuando una recorre las instalaciones, lo primero que nota es la perfección en cada detalle. Claro está que todo en esta sala es nuevo, las paredes están recién pintadas, los telones recién colgados y cada butaca espera ser usada por primera vez. Pero lo más emocionante, es saber que en cada rincón de ese teatro, hubo mano de obra de TKQ. Cada pincelada, cada tornillo y cada objeto, fue colocado por alguno de sus cuatro integrantes.
Como se dijo anteriormente, pasaron 3 años desde la publicación del artículo que anoticiaba sobre la futura sala teatral. En el medio sucedieron muchísimas cosas, además de la pandemia.
En primer lugar, una vez comprado el inmueble (una casa de 1890 de la cual se mantuvo la fachada y parte del techo), el arquitecto Facundo Domínguez realizó la construcción de instalaciones y techo. Luego llegó el momento de TKQ de poner manos a la obra, literalmente. «Hicimos el cielo raso, el pintado de los pisos, las puertas, las paredes, todos los telones, desde los ruedos hasta la ignifugación, la construcción de la grada, la instalación eléctrica, la instalación de audio e iluminación, la pintura exterior, las rejas, el mostrador de recepción (un portón reciclado)… Facundo es electricista matriculado y es quien hizo toda la instalación del teatro ATTP en su momento. El tenía todas las herramientas y el conocimiento, y el resto fuimos aprendiendo, ayudando y haciendo», detallaron los artistas.
El trabajo dentro de la sala comenzó el febrero del 2020, con el cielo raso, y en marzo el Covid hizo lo suyo. Luego de idas y vueltas, y después de más de un año, TQK puede ver la sala terminada. «Cada cosa que pasamos fue emocionante. Ver que Laura maneja las herramientas para pintar de taquito, que Ana se sube a un andamio en las alturas para pintar, haciendo 12 grados de temperatura, Facundo que quedó negro el día que pintó las gradas y lo que costó comprar todos los insumos en pandemia. Había que hacer toda una logística, fue un gran aprendizaje para todos», asegura Pely. «Si no existiera esta cooperativa y esta familia cultural teatral que formamos nosotros, sería imposible. Sin las habilidades y las ganas de los cuatro, no se podía», opina Laura.
«Significó mucho esfuerzo, mucho trabajo de todos los días. Entrabas acá y eran paredes de tela, paredes de pintura, paredes de cajitas con tornillos, era todo en cantidad», recuerda Ana. «El momento de pandemia fue tremendo, es incontable en una nota. Sucedía todo esto y obvio que no era en contra nuestra, comprábamos cosas y no sabíamos si las iban a mandar», confía Malgá, que fue el encargado del manejo del dinero, las compras y toda la logística en cuanto a los materiales (hasta la yerba del mercado chino).
«Fue muy interesante porque esta experiencia no sé si la va a tener cualquier grupo o persona, de construir y de hacer por dentro toda una sala y lo que conlleva hacer y ponerse al hombro una sala. Uno cuando hace esas cosas, contrata, entonces no tenés la experiencia de estar y saber. Para nosotros es todo lo contrario, tenemos la experiencia de todo eso, además de enojarnos, querernos, amarnos, pasamos por todas las emociones, porque somos humanos y acá estamos, con la sala terminada. Seguimos con el mismo impulso, con las mismas ganas y creo que esta sala fue ese motor de poder culminar un deseo que teníamos los cuatro, de tener nuestro propio espacio y manejarlo», resume Laura.

Objetivo cumplido.
Lo más importante para el grupo es haber cumplido con el proyecto que se propusieron. «Verlo ahora es muy fuerte, siempre lo imaginábamos pero ahora verlo es increíble», asegura Ana. «Cada paso que dábamos para nosotros significaba mucho porque íbamos viendo el resultado. Pudimos mantener las ganas de tener el espacio, seguir laburándolo pese a todo lo que pasó, y el resultado está a la vista, éste es todo nuestro amor hacia este espacio. El compromiso que tenemos los cuatro de laburar, de que la gente se sienta cómoda», detalla Laura.
Finalmente, Ana destacó todo el trabajo en equipo. «Cada vez que uno se caía, estaba el resto para apoyarlo, para charlar cuestiones que por ahí enojaban a uno o al otro, entonces mientras se mantuvo la comunicación y el trabajo en equipo y siempre colaborar con el otro, así funcionó súper bien».
La sala, que aún no tiene fecha de inauguración oficial, ya cuenta con perfiles en las redes sociales Facebook e Instagram (Teatro TKQ) y también se pueden enviar propuestas al mail teatrotkq@gmail.com
En un contexto de incertidumbre total como el que vivimos todos y todas desde hace un año, esta cooperativa de trabajo supo dar batalla y no renunciar a sus sueños, que en definitiva son los sueños de todos y todas. Tener un espacio más en la ciudad, ya no queda en eso nada más. Tener un teatro más, significa para todos la ilusión de volver a disfrutar de un espectáculo en un lugar cerrado. Así sea con protocolos, con distanciamiento y con el mínimo porcentaje de público. El día que eso suceda, todos y todas seremos más felices… y los TKQ podrán sentirse orgullosos por eso.