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«Los clásicos siempre llegan»

LIBRO SOBRE OESTERHELD EN EL DIA DE LA HISTORIETA

En octubre de 2010 de instauró el 4 de septiembre como el día de la historieta en el país, y fue elegido porque en esa fecha, pero de 1957, salió por primera vez la revista de historietas Hora Cero. La publicación semanal era editada por la editorial Frontera, de Héctor Oesterheld creador, junto a Francisco Solano López, de El Eternauta, hito en la historieta argentina.
«Los clásicos siempre llegan en un buen momento», afirmó a Radio Noticias Fernanda Nicolini, una de las escritoras del libro «Los Oesterheld», donde junto a Alicia Beltrami, reconstruyen la vida de la familia del escritor.
«El Eternauta es la obra emblemática de Oesterheld, con Alicia hicimos la bibliografía de la familia porque es conocidísimo al igual que su obra», explicó la periodista y agregó que «se sabe que sus cuatro hijas mujeres están desaparecidas, lo que nunca se reconstruyó, y lo que nosotras quisimos hacer en el libro fue esa historia de militancia, entre el Héctor conocido por el Eternauta y esa historia de las cuatro hijas desaparecidas. A nosotras nos interesaba recuperar esa historia de militancia donde estuvieron involucradas sus cuatro hijas y el mismo Héctor ya siendo grande».

Militancia.
Nicolini contó que Oesterheld empieza a militar entre el ’73 y el ’74, en la rama de prensa del peronismo. Sus cuatro hijas, Estela, Diana, Beatriz y Marina, iniciaron su militancia siendo muy jóvenes en la Juventud Peronista, y luego pasaron a Montoneros. «Vivía de escribir, estudió geología y le encantaba escribir, empezó publicando un cuentito en La Prensa antes de casarse, y después ya empezó a escribir para editoriales cuentos para chicos, que de hecho muchos de esos cuentitos los publica Sigmar, y se siguen editando», detalló la también directora de la revista Brando.
«Después pasó a escribir algunas obras de biología y después en algún momento le ofrecen escribir historietas. En un momento puso su propia editorial, Frontera, y se asocia con los dibujantes y empieza a salir Hora 0, que es como la revista emblema de la historieta argentina. Ahí en Hora 0 se empieza a publicar El Eternauta», enumeró.
«En algunos escritos de Héctor, o cosas que le dijo a quienes vivían con él cuando estaba clandestino, decía que él sentía que habiendo escrito El Eternauta, habiendo escrito la bibliografía del Che y todas las historietas con tanta mirada humanísticas, de algún modo él ya había sembrado esa inquietud en sus hijas, inquietud social, inquietud de hacer algo por el otro, inquietud de cambiar el mundo que era lo que se quería hacer en los ’70», recordó Nicolini y agregó que «él decía que de algún modo lo que venía escribiendo incidió en lo que pensaban sus hijas, y después sus hijas trajeron las nuevas ideas que él después adoptó. Era un ida y vuelta».

Hijas.
Las cuatro mujeres, hijas de Héctor y Elsa Sánchez, están desaparecidas junto a sus parejas, y dos de ellas estaban embarazadas. La periodista recordó que Elsa no estaba de acuerdo con la militancia de sus hijas, ni de su marido, de quien se había separado antes de que empiece su militancia: «esos años para ella fueron desesperantes, ella siempre decía ´yo sabía lo que iba a pasar`».
Nicolini recordó que en un encuentro con Sánchez, la mujer le expresó que cuando su última hija desapareció ella pensó: «ya está, no voy a sufrir más, terminó», pero explicó que no se lo expresó desde el alivió sino como que ahí había terminado su vida.
La escritora destacó que dos de los nietos de Oesterheld sobrevivieron y uno fue criado por Elsa desde los cinco años. «Cómo se rearmó esa mujer y se unió a Abuelas de Plaza de Mayo y reconstruyó su vida para mantener viva la memoria de sus hijas, es admirable».
«El libro es una historia muy trágica, porque sabemos como termina, pero en el medio nos interesaba reflejar la vitalidad de la militancia, porque hay una reconstrucción de la vida de las chicas», destacó la periodista, que recordó que cuando entrevistaron a quienes habían sido compañeros de militancia de las jóvenes, las recordaban con mucho cariño.
«Las cuatro dejaron una marca en los otros por lo particular que eran, lo especial, lo comprometidas que eran, lo leída, instruido, cálidas. No es que desaparecieron por ser las cuatro hijas de Oesterheld, ellas se comprometieron, tuvieron su propia historia de militancia, y tuvieron un destino tremendo como muchos jóvenes militantes de la Argentina de los ’70».

«Rara avis».
Nicolini contó que la sensación que tuvieron sobre Héctor Oesterheld es que era una «rara avis», expresión que se utiliza para describir a personas o cosas raras, diferentes de lo demás.
«Elsa fue la sobreviviente testigo, pero Elsa sabía muy poco de la militancia de sus hijas como para contar, fue testigo del horror que vivió en carne propia, pero dónde habían estado sus hijas o qué había pasado, tampoco lo sabía», detalló la escritora que remarcó que era una característica común en los padres de esa época, ya que en su mayoría no estaban de acuerdo con la militancia de sus hijos.
«Por eso Héctor es como una rara avis, como lo fueron Walsh o Conti porque, generacionalmente, eran mucho más grandes, eran padres», explicó.
«Héctor era rarísimo», aseguró al recordar que sus compañeros lo llamaban «El viejo». «Él llegaba y los escuchaba, si hablaba era porque tenía algo muy interesante para decir. Después nos dimos cuenta que muchas veces él después trasladaba eso que él escuchaba o preguntaba, a sus historietas, de hecho, la segunda parte del Eternauta, lo escribe estando clandestino».