Luis Alberto Romero, investigador del Conicet

El 25 de Mayo, como otras grandes fechas de la historia, hace tambalear algunos conceptos y símbolos, repetidos desde la infancia sin grandes cuestionamientos. Un prestigioso profesor de la UBA habló sobre el tema con Radio Noticias.
“Somos todos, cada uno con su especificidad”, dice Luis Alberto Romero, al hablar de un concepto tan amplio, que se escurre y toma innumerables rumbos cuando se le quiere atribuir un significado en particular. La idea de patria ha ocupado a este investigador del Conicet y profesor de la UBA en diversos estudios. En una entrevista con Radio Noticias, reflexionó sobre diferentes matices vinculados a este término, que se multiplica en tiempos de conmemoración de las fechas clave del pasado.

Dinámico.
Para Romero, hijo del fallecido historiador José Luis, “patria” es un concepto dinámico, que se elabora de forma individual y colectiva permanentemente. “Hay un legado, una tradición, un mandato, pero luego está la necesidad de ir rehaciéndolo, reconstruyéndolo, manteniéndolo y dotándolo, eventualmente, de nuevos sentidos”, explica. No es una orden que viene desde el pasado, dice, un “debe ser así”, sino una “incitación” para adecuar sus significados a las nuevas circunstancias.

La lucha por la apropiación del concepto desde diversos sectores sociales y políticos, a lo largo de la historia, ha dificultado su definición. “En el siglo XX y hasta la vuelta de la democracia, esa idea de lo que debió ser la patria tomó un camino un poco desviado, que se profundizó y hace 30 años, que tratamos de orientarlo hacia otro lado”.

Esa pérdida del rumbo tuvo que ver, en diferentes etapas, con la imposibilidad de aportar miradas diferentes a las ideas “totalitarias” y “homogeneizadoras” de patria, que han impedido pensarla como un espacio plural. “El desvío implica que todos en la Argentina debemos ser iguales en nuestra forma de pensar y el que discrepa es un ‘antipatriota’, según esta visión de las cosas”.
No existe un grupo en particular que pueda atribuirse este concepto, sostiene Romero. “Lo que no se debe aceptar es que todos acatemos una noción de patria, acorde a las ideas de quien en un determinado momento tiene el control del estado, como fue el caso de la última dictadura militar”.

Entre el amplio espectro de actores sociales que intervienen en la construcción de la idea de patria, hay un gran legitimador de sentidos. “Todos nosotros tenemos nuestra influencia en tanto y en cuanto el estado recoja nuestro punto de vista: la idea de patria, de esta forma, se transforma notablemente en épocas democráticas y totalitarias”. En las primeras, hay más voces que son tenidas en cuenta, mientras en tiempos dictatoriales, sólo las nociones impuestas desde el poder.

¿Cuál es la vigencia de los símbolos, como el escudo o la escarapela? “También hacen a la patria, siempre y cuando no se inscriban en un tipo de valorización, entre ritual, superficial y mecánica, que eventualmente genera que la gente se ponga de pie cuando entra la bandera, por ejemplo”.
La historia “conmemorativa”, que se han enseñado en las escuelas, ha transformado a las personas de carne y hueso en heroes inmortales de bronce. “Esta representación no siempre es buena porque, cuando se descubre, que determinado procer no era tal, parece que todo se viene abajo”.
Para el investigador, somos una “combinación de actos de patriotismo y supervivencia”, la yuxtaposición de esfuerzos por cambiar las cosas y subsistir, al igual que los grandes nombres de la historia. “Hoy no esperaría encontrar grandes patriotas, sino una gran acción colectiva, que vaya en la construcción de la patria, con todos los errores que los seres humanos habitualmtente tenemos”, concluye.