Inicio Culturales Mónica Bertón, investigadora del Conicet, presenta libro sobre el sitio Chenque

Mónica Bertón, investigadora del Conicet, presenta libro sobre el sitio Chenque

La arqueóloga e investigadora del Conicet Mónica Berón, presentará hoy el libro «El sitio Chenque I. Un cementerio prehispánico en la pampa occidental» en el marco de la 3º Feria Provincial del Libro. El encuentro será a las 17 horas en la sala Nervi del Centro Cultural Medasur -avenida Belgrano Sur 180-, con entrada libre y gratuita.
La publicación pone a conocimiento del lector los resultados obtenidos luego de una investigación que realizó la autora en la zona de Lihué Calel, en lo que fue un cementerio que data de hace más de mil años atrás.
«Nosotros retomamos el nombre del primer investigador que lo localizó, que era un geólogo, y el lugar resultó ser un importante cementerio prehispánico que fue usado a lo largo de 700 años por distintas poblaciones de la región», explicó la arqueóloga en una entrevista que brindó al programa El Faro, de Radio Noticias.
Berón contó cómo comenzó el proceso de investigación del sitio arqueológico y adelantó algunas de las sorpresas con las que se encontraron. «Nosotros lo buscamos para reubicarlo pensando que estaríamos rescatando lo que había quedado de aquel primer indicio que dio este geólogo por los años 60, y cuando comenzamos a testear, pensando que era muy poca la evidencia que podíamos rescatar, dado que también había coleccionistas hurgando por allí, nos encontramos con que los coleccionistas sólo ven la superficie y no más allá. Era un cementerio importantísimo en cuanto a la calidad de información que nos permitió rescatar sobre la gente originaria y sobre el pasado prehispánico de la región», detalló.

Mil año atrás.
El cementerio analizado arrojó como resultado que comenzó a usarse hace poco más de mil años atrás. «1050 años antes de hoy y se dejó de usar alrededor de hace 300 años, entonces durante todo ese período fue usado casi con continuidad. Hay un período intermedio de unos 300 años en que se interrumpió su uso, pensamos que tal vez por cuestiones climáticas que indujeron a la gente a no llegar hasta allí y eso lo tenemos calibrado a través de casi 30 fechados radiocarbónicos que realizamos durante nuestros años de investigación», explicó Berón.
El fechado radiocarbónico es la forma que tienen los arqueólogos, a partir de los restos biológicos, de conocer la antigüedad de los restos. «En este caso, al ser enterratorios humanos, tumbas de ancestros, directamente podemos datar el momento de la muerte de la persona».

Conexión con ranqueles.
En el inicio de la investigación, los investigadores del Conicet comenzaron a interactuar con las comunidades indígenas de nuestra provincia, a través del lonko Germán Canhué. «El enarboló la bandera por la reivindicación del pueblo ranquel. Lo conocía de antes y cuando se dio esta investigación lo contactamos, empezamos a interactuar, lo invitamos a talleres que hacíamos en Puelches, lo invitamos a conocer el cementerio y tener la opinión a través de él del pueblo ranquel. De hecho él no se quedó con su juicio personal sino que invitó a tres hermanos de las comunidades de la provincia a tener discusiones con nosotros y mantuvimos más de una reunión en la que discutimos qué hacer, cómo hacerlo y si era importante o no para ellos rescatar esa información», añadió la arqueóloga.
En el año 2006 se suspendieron las excavaciones en el sitio, ya que las muestras tomadas eran suficientes para investigar en profundidad. «Queríamos resguardar los restos que trajimos y el resto del cementerio para no molestar más a los ancestros. Usamos solamente una cuarta parte de ese cementerio, y con eso todavía estamos obteniendo muchísima información». Berón detalló que pudieron comprobar que, solamente en esa cuarta parte del total del cementerio, encontraron restos de 248 personas.

Descanso final.
Una de las grandes preguntas que se hizo este equipo de investigación, fue de cuántos lugares diferentes venían a enterrar a ese cementerio. «La verdad es que los resultados están dando grandes sorpresas porque venían de muchos lugares especialmente para dejar a los ancestros allí como su lugar final de descanso», explicó. «Sabemos que hay personas que incluso han sido traídas del otro lado de la cordillera, no sólo por la dieta, o podemos saber cuáles fueron las aguas que tomaron durante la última etapa de su vida, sino también por lo que llamamos acompañamiento o ajuares que acompañan a las tumbas de estos muertos. Muchos de los elementos provienen de la zona de la araucanía, del lado chileno, que en ese momento formaban un territorio en común».
En muchos casos, los pobladores traían los muertos como un segundo enterratorio pero como el descanso final, «eso da cuenta de la importancia que tenía Lihué Calel, la zona y el cementerio para las comunidades de todo ese territorio».

El niño y su perro
Entre los individuos encontrados en el sitio Chenque I, destaca una gran cantidad de niños. Dos de ellos portan ajuares que llevan a pensar que pertenecieron a familias importantes en sus comunidades. Pero hay otro que sorprende aún más: un niño enterrado junto a un perro, que posiblemente fue su mascota. Es uno de los más antiguos y su hallazgo sorprendió a los investigadores. «Esta es una de las sorpresas que tenemos para presentar, porque también hay varias más», contó Berón en la entrevista.