Inicio Culturales Renée Villa: uno de los cuatro primeros egresados

Renée Villa: uno de los cuatro primeros egresados

El hombre duda un poco y parece emocionarse… está frente a la fachada de la que fuera la antigua Escuela Fábrica, donde aquel lejano diciembre de 1958 se iba a recibir de Maestro Mayor de Obras, junto a otros tres compañeros que pudieron completar el ciclo de seis años exigidos para eso. Han pasado nada menos que 62 años desde que entró por última vez por esa puerta del viejo edificio de 9 de Julio y González (hoy Ministerio de Salud), y visto desde afuera nada parece haber cambiado demasiado… las formidables paredes pintadas de ambarino -casi un sello que viene desde siempre-, los amplios ventanales y sus rejas, las baldosas de un piso que luce casi igual que aquella última vez.

Sólo cuatro en Construcción.
Solamente cuatro estudiantes, de más de 40 que iniciaron en aquel lejano 1952 sus estudios secundarios en el establecimiento, pudieron arribar al final en la rama Construcción con el título de Maestro Mayor de Obras. Serían los primeros en egresar de la Escuela Industrial (Ciclo Superior) con esa especialidad, porque hasta entonces sólo se recibían Técnicos Electromecánicos. «Sí, éramos cuatro los primeros egresados en Construcción», ratifica ahora Renee Edelberto Villa («Meme» Villa) para quienes lo conocen desde hace mucho tiempo. Luciendo rozagantes 81 años el hombre no abandona nunca esa sonrisa que casi es una marca registrada de su rostro, y exhibe todo el tiempo esa alegría con la que vive cada instante de su existencia.

El orgullo por la Escuela Fábrica.
El colegio secundario es -para una gran mayoría de los que pasaron por sus aulas- una fuente permanente de gratas remembranzas. Porque se atesoran para siempre, y quedan en la mente impresos, imborrables, los recuerdos de compañeros, profesores y colaboradores.
Pero además -vaya a saberse por qué- los que lo hicieron en la Escuela Fábrica parecen exteriorizar un orgullo especial por esa sola circunstancia distintiva.
Hay que mencionar que nació primero la Escuela de Artes y Oficios de Santa Rosa, que junto a la Escuela Fábrica iban a dar lugar a la creación de la Escuela Nacional de Educación Técnica nº 1, que por estos días conocemos como la EPET 1, hoy ubicada donde fue el internado, entre Luro, O’ Higgins, Oliver y Avenida Uruguay.

Formación para el trabajo.
Miles de estudiantes se formaron en tantos años en esas aulas, con la particularidad que salían dotados de una formación técnica y teórica, con destreza para manejar herramientas y contando con diversas habilidades que -casi de inmediato- les posibilitaba ingresar en el mundo del trabajo dotados de una buena formación técnica y teórica.
En las aulas y talleres de la Escuela Fábrica, y más tarde de la ENET 1, se formaban para ejercer luego con sus títulos de Técnicos Electromecánicos, y más tarde vendría la especializarían en Construcción.
Precisamente «Meme» Villa fue uno de esos privilegiados alumnos que tuvieron la suerte de compartir con profesores que les dieron enseñanzas que los marcaron para siempre.

Familia de Villa Santillán.
Renee reivindica «la Villa» -la Villa Santillán, claro- como el barrio que cobijó siempre a su familia, aunque él ahora viva en Chaco 264, en plena Villa del Busto. «Papá se llamaba Hipólito y se jubiló en Vialidad Nacional, y mamá como pasaba en esa época era ama de casa… Fuimos tres hermanos, Néstor que es ingeniero Electrónico; Teresa y yo… Tengo tres hijos, Aldo que vive en Toay y trabaja en mecánica pesada; Claudio que es profesor de enseñanza secundaria, y Marcelo (Pilín) que trabaja en el Banco de La Pampa. ¿Nietos?: sí, seis y además dos bisnietos», completa hablando de su familia.
Clase media, como juguete de pibe por supuesto «una pelota y con eso ya estaba… la primaria en la Escuela 1, de Varones, «traicionando a la 180, que es la de ‘la Villa’ donde iban todos en el barrio…», sonríe al recordar.

«Ustedes, en esa fila».
Luego vendría la etapa de la secundaria, y la decisión fue concurrir a la Escuela Fábrica… «Todos los que ingresaban iba a hacer Electromecánica, porque les atraía el tema de las máquinas, el torno… pero en esos primeros días yo estaba en una fila y a algunos nos dijeron: ‘ustedes para allá’. Así que sin que pudiéramos pensarlo nos metieron en Construcción», que cambiaba para otorgar a partir de ese ciclo un título distinto: Maestro Mayor de Obras.»Hasta entonces se recibían de Maestro de Obras», precisa «Meme».
En aquella época toda la actividad -para las distintas ramas de la enseñanza- se realizaba en el edificio de 9 de Julio y González, y los talleres estaban sobre ésta última arteria.

«Los parias…».
«Cuando entramos a primer año para nuestra especialidad no había nada, éramos como los parias del colegio… Así fue que nos tocó a nosotros hacerlo todo: el galpón, incluso el techado; las mesadas… fue un lindo trabajo que llevamos adelante muy entusiasmados», rememora.
Evoca con agradecimiento a las autoridades y profesores de ese período. «Eran muy buenos, y la verdad es que los profesores y maestros de taller se pasaban, como los arquitectos Lastiri y Savioli, Dal Bianco, Miscoff, Luis Knutsen, su hermana que creo era Ana…», enumera a algunos.

Enseguida a trabajar.
«Meme» Villa cuenta que «enseguida, y como premio por habernos recibido, por ser los primeros, nos nombraron a los cuatro en la Dirección de Arquitectura de la provincia. Teníamos nada más que 18 años y ya teníamos trabajo… Treinta años estuve allí, y mientras tanto daba clases de Dibujo Técnico en la ENET, y a la noche Dibujo en el Nocturno Ayax Guiñazú», amplía. Pero también hizo algunas obras particulares y para la CPE Santa Rosa.
Trabajó mucho Renee y consiguió forjarse una posición que ahora le permite vivir tranquilo, disfrutar y pasear como les gusta a él y Ana María. Si hasta se dieron el gusto de viajar a Cuba, Brasil un par de veces, Venezuela, y bastante por los lugares más lindos de nuestro país.

Enojado con el «onlain».
Ahora, en tiempos de pandemia, sólo sale de su casa «lo justo y necesario», y espera que la vacuna sea el principio del fin de esta pesadilla que transcurrimos: «Yo no voy a preguntar de dónde viene… la que venga me la hago poner», dice resuelto. Confiesa que lo más lo molesta del aislamiento es que «todo hay que hacerlo ‘onlain’… hacés una fila para pagar o tramitar algo y cuando te llega el turno te dicen: hay que hacerlo ‘onlain’. Me tienen podrido con el ‘onlain’… No la voy con la tecnología de ahora», completa.
En el final, en un rápido repaso, dice que no es apolítico, pero tampoco es un obsesivo: «Tenemos una provincia rica, y se administra bien no tenemos que tener problemas», razona.

Agradecido de la educación técnica.
Han pasado varias décadas desde aquel momento en que, junto a otros tres estudiantes, recibió su título de Maestro Mayor de Obras. «Los primeros… ¿es un mérito? Tal vez», opina ahora mientras se para frente a la puerta de la Escuela Fábrica por donde ingresó tantas veces, y a la que nunca más había vuelto.
«Soy un agradecido de la educación técnica, a la que creo que hay que seguir apostando. Ojalá quienes tienen poder de decisión dispongan de inversiones para ella porque es formadora de técnicos siempre tan necesarios. Y además los que pasamos por sus aulas y talleres sabemos que lo que aprendimos nos ha permitido desenvolvernos en el ámbito laboral casi diría con ventaja. Y entonces… cómo no emocionarme ante tantos recuerdos», expresa «Meme» que -siempre con un broma a mano- esta vez se queda serio… mirando las viejas paredes del edificio al que no regresaba desde hace 62 años… Nada menos. (M.V.)

«Salíamos preparados para trabajar»
En la Escuela Fábrica se aprendía un poco de todo al principio, y después de primer año se derivaban los alumnos a las distintas especialidades, «así que hacíamos carpintería, mecánica, hojalatería, electricidad… era un aprendizaje constante», señala. Y es fácil deducir que un adolescente, a esa corta edad, es como una esponja que todo lo absorbe, y eso sucedía con aquellos estudiantes en tiempos donde la computación, los celulares y otros adelantos tecnológicos que vendrían ni siquiera se imaginaban. El aprendizaje era netamente con esfuerzo personal, y venía de la mano de maestros que instruían «de una manera casi personalizada», los recuerda.
Renee nos recibió recientemente en su casa, donde reside junto a quien señala «como la compañera de la vida… hace más de 30 años que estamos juntos», dice él. Ana María Troya se muestra diligente y atenta a lo que pueda precisar «Meme», y lo define como «una persona muy alegre… nunca se sabe bien si habla en serio o no, porque siempre tiene un chiste a mano», expresa.
Cabe señalar que de 40 alumnos que ingresaron al principio en Construcción, solamente cuatro llegaron al final en esa Promoción 1958: «En cuarto año quedó el tendal y éramos la mitad, unos 20 estudiantes… y al final solamente llegamos nosotros cuatro». Uno era Renee, y los otros Victorio Vlasich, Juan Bautista Morales y Juan Carlos Zola, quienes recién unos meses más tarde -el 29 de mayo de 1959-, habrían de recibir el título que otorgaba el Ministerio de Educación y Justicia como Maestro Mayor de Obra, egresados de la Escuela Industrial (Ciclo Superior).