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8M: “Nada es imposible, todo se aprende”

LUCIANA MEDINA ES CONTRATISTA RURAL Y SE ANIMA A SOÑAR EN GRANDE

Su vida dio un giro de 180 grados cuando se hizo cargo de la actividad que heredó de su papá. Pasó de ser estudiante de psicología a subirse a un tractor.

El 2018 fue un año de grandes cambios para Luciana. Su papá había fallecido y se encontró con máquinas agrícolas y un mundo de trabajo en el campo que desconocía por completo.
“Era cajera en un comercio y estudiaba el profesorado de Psicología, jamás me imaginé lo que estaba a punto de transitar”, reconoce. Su papá era contratista rural y “su vida era la cosecha y la siembra”.
Luciana Medina tiene 31 años y asumió el compromiso de seguir el legado de su papá. Pero antes, tuvo por delante muchos aprendizajes. “Imaginate que yo no sabía nada, porque mi papá nos educó con la idea de que la mujer no está hecha para trabajar en el campo. Cuando falleció, muchas personas se acercaron para aconsejarme que venda todo y que no reniegue, porque es un trabajo para un hombre, pero me dije a mi misma que iba a probar y que si no me iba bien, me dedicaría a otra cosa, pero lo cierto es que con el paso del tiempo me comenzó a interesar y acá estoy”.
Luciana vive en Santa Rosa y diariamente se dirige desde muy temprano al campo que alquila en la zona de El Indio, que es donde tiene sus herramientas y maquinaria agrícola.
La rutina comienza muy temprano buscando repuestos de piezas que se rompen. “Hace unos días arrancamos con la cosecha de girasol, pero antes de empezar hay que reparar lo que no funciona. Entonces voy a buscar los repuestos. Tengo un equipo de chicos que trabajan en el campo y hacen los arreglos de las máquinas. Mientras, yo busco en Santa Rosa todas las herramientas que se necesitan para empezar la cosecha. Al mediodía, llevo todo al campo, les cocino, comemos y seguimos trabajando hasta la noche”, explicó.
“Mis amigas me dicen que es un trabajo intenso, pero es mi forma de vida. Me encanta”, deja en claro. “Al principio pensé en hacerlo por mi papá, porque dedicó toda su vida a esto. Pero ahora entiendo su forma de pensar, trabajar y de sentir”. Para ella no hay feriados, sábados ni domingos. “Te vas al campo a una hora, pero nunca sabés cuando volvés. Porque siempre hay algo para hacer”.

Sin mandatos.
“Estoy lejos del estereotipo de mujer que trabaja en una oficina y forma una familia. Hoy me encuentro plenamente enfocada en el trabajo”. Los horarios de Luciana no acompañan una rutina familiar, sin embargo, no se lamenta porque sabe que su objetivo en este momento, es otro.
“Nunca me sentí discriminada por trabajar en el campo siendo mujer. Me he cruzado con buenas personas, muy respetuosas”. Sin embargo, aclaró que lo más difícil del ambiente rural siendo mujer es quizás que, al no manejar los conocimientos del área, es fundamental confiar en la gente con la que se trabaja. “Cuando yo arranqué no sabía ni qué era una cosechadora. Fue difícil empezar a trabajar sin saber lo que estás haciendo”, se sinceró.
Hoy la actividad que desarrolla, le permite mantenerse a ella y a su hermana más chica, pagarle a los empleados y a proveedores. Sabe que no llega a realizar todo lo que hacía su papá. Pero que va en camino. “La vengo remando, tenía mucho miedo a perder el capital agrícola que nos dejó mi papá, o endeudarme. Por suerte no sucedió. Por suerte no pasó y ni a mí ni a mi hermana nos falta nada”.
Luciana invita a otras mujeres que están en una situación similar a que se animen, porque como ella dice “nada es imposible y todo se aprende”.