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A 20 años de la muerte de Di Palma

EL LOCO VIAJO A SANTA ROSA Y EN EL REGRESO HACIA ARRECIFES SE ACCIDENTO CON SU HELICOPTERO

El helicóptero Robinson R-44 de cuatro plazas, color azul y matrícula LV-WIF, despegó desde el Autódromo Parque Cuidad de Santa Rosa a las 17 del sábado 30 de septiembre de 2000. Su único tripulante, Rubén Luis Di Palma, había llegado a la capital pampeana apenas unas horas antes para auxiliar a su hijo Marcos, que necesitaba de los saberes de su padre para poner el auto en condiciones.
Cuando el Chevrolet Vectra logró la puesta a punto ideal, el Loco disfrutó de unos mates y de la clasificación del Top Race. Marquitos voló en el viejo circuito santarroseño y con un tiempo de 1m.03s.496/000 se quedó con la ‘pole position’ de la jornada.
El múltiple campeón, por entonces con 55 años, había dado en la tecla. Se subió a la nave con la que había llegado unas horas antes consciente de que su hijo estaba para ganar al día siguiente en la final. Pero la carrera nunca se corrió. Entre las 17.30 y las 18, el helicóptero se precipitó en una zona rural de Carlos Tejedor. Di Palma falleció en el accidente, del que hoy se cumplen 20 años.

Viaje exprés.
«Papá, dame una mano para carburar el motor», fueron las palabras de Marcos Di Palma, quien a primera hora del sábado llamó por teléfono a Rubén Luis para que se hiciera un viajecito exprés desde Arrecifes a Santa Rosa, donde el fin de semana se corría la décima fecha de la temporada 2000 del Top Race.
El Loco estaba trabajando en su taller para poner a punto un Torino de Turismo Carretera con el que quería volver a correr, pero ante el llamado del menor de la dinastía no lo dudó. A media mañana partió desde su hangar privado, a las 10.30 se comunicó con el aeroclub de Junín para anunciar que su vuelo estaba en marcha y minutos antes del mediodía aterrizó directamente en el Autódromo Cuidad de Santa Rosa.
Lejos estuvo de venir a pasear el múltiple campeón. Desde el helicóptero, que descendió en la zona interna del circuito, al lado del parque cerrado, apenas caminó unos metros y se metió en el box del equipo MDP Competición. El objetivo era dejar en condiciones óptimas al Vectra Nº 119 con el que Marquitos buscaba su primera victoria de la temporada.
Un par de horas después, el motor estaba impecable y Di Palma se tomó unos minutos más para que el sistema de frenos del Chevrolet quedara a punto. Con la tarea cumplida, el Loco compartió unos mates con Marcos y el resto del equipo y se quedó en el mismo sector a presenciar las pruebas de clasificación. Marcos marcó el mejor tiempo, seguido por Julio Catalán Magni (Peugeot 405) y Guillermo Ortelli (BMW 325).
Las crónicas de la época dicen que Marcos le pidió al Viejo (así lo llamaba y lo sigue llamando) que se quedara a dormir en Santa Rosa y que recién el domingo regresara a Arrecifes. Pero no hubo caso. Alrededor de las 17 se despidió de todos, subió al helicóptero y, sin contacto con la torre de control del aeropuerto local, dejó la capital pampeana rumbo a la localidad bonaerense, cuna de pilotos campeones.
Unas horas más tarde, José Luis, el mayor de sus hijos, informó que la nave de su padre había caído en terrenos del establecimiento ’10 de Noviembre’, de la estancia Lafuente, a unos 30 kilómetros de Carlos Tejedor. La caída del helicóptero fue vista por un peón de la estancia, quien alertó a la policía.
La autopsia reveló que tres costillas habían atravesado el corazón del campeón. Luis Rubén Di Palma, uno de los más grandes pilotos de la historia del automovilismo argentino, se convertía en leyenda. «Me voy a morir mucho antes de volverme viejo», le había dicho el Loco a El Gráfico unos años antes.

Dormitaba.
«El Viejo Di Palma no se mató por un error de pilotaje», declaró una década después su hijo José Luis, que en una charla con ‘Visión Auto’ confió que la verdadera causa del accidente fue que el arrecifeño «se quedó dormido» en pleno vuelo.
«Los Robinson son helicópteros nada fáciles de pilotear, porque los márgenes de seguridad son bastante acotados. Pero mi viejo había sobrevivido a un par de caídas», dijo José Luis. Aunque aclaró: «Mi viejo no cometió un error. La Junta de Accidentes de Estados Unidos investigó la tragedia y a lo que más o menos se llegó como conclusión es que el Viejo se quedó dormido en pleno vuelo, porque estaba tomando unas pastillas para adelgazar que le habían hecho perder 14 kilos en los 20 días antes de su muerte».
«El Viejo no era de volar alto, lo que tampoco habría sido un problema. Solía dormitar a veces cuando volaba: le colocaba al comando una bolsita de arena de un kilo y medio para que no fuera tan sensible, y lo controlaba con la rodilla mientras descansaba un rato», amplió el papá de Josito, actual piloto.
«El golpe del helicóptero contra el piso, con el patín izquierdo, se produjo en un ángulo para nada pronunciado, como si el helicóptero hubiera venido bajando de a poquito. Además, el acelerador quedó en la posición que estaba, en velocidad crucero. No hay nada que indique que el Viejo vino corrigiendo algún problema», remarcó.
Y habló de una combinación «fatal» en los días previos a ese 30 de septiembre de 2000: «En esa época mi viejo estaba preparando el Torino para poder volver a correr en el TC. El trabajo que lo insumía era tal que en el mes y medio anterior al accidente, sólo dormía entre dos a tres horas por día. Eso, sumado a las pastillas que ingería para adelgazar, porque quería estar en estado para volver a correr, fue una combinación fatal».

Un campeón con todas las letras
Rubén Luis Di Palma, uno de los mejores pilotos en la historia del automovilismo argentino, fue campeón en cinco categorías distintas. Festejó los títulos de TC (1970 y 1971) con Torino; de Sport Prototipo (1971 y 1972) con Berta Tornado; de la Fórmula 1 Argentina (1974 y 1978) con Berta Tornado y Pianetto Dodge; de TC 2000 (1983) con un Dodge 1500; de Supercart (1993) con un Torino.
Ganó su primera carrera de Turismo Carretera con apenas 19 años y sostiene un récord que sólo algunos pocos privilegiados pueden ostentar: ganar con las cuatro marcas una carrera de TC, la más popular de las divisiones del automovilismo local.
El 30 de mayo de 1964, con sólo 19 años, Di Palma ganó la ‘Vuelta de Arrecifes’, con una cupé Chevrolet. Dos años después se impuso en el Autódromo Municipal de Buenos Aires con Dodge, mientras que el 5 de octubre de 1967 triunfó en Junín, con un Torino.
Para completar el cuarteto de marcas, el crack de Arrecifes se dio el gusto de ser el primero en cruzar la bandera a cuadros en Buenos Aires, en compañía de su hija Andrea, el 13 de septiembre de 1998, con Ford, cuando el documento marcaba que era ‘un pibe de 53’.

Sus inicios.
El Loco de Arrecifes nació el 27 de octubre de 1944. De niño ya hacía travesuras con la moto de su padre por las calles de Arrecifes y años más tarde aprendió a «poner marcha atrás a 130 kilómetros por hora, con el Bergantín» de su progenitor.Se hizo amigo de otro ex corredor, Carlos Marincovich, y trabajó en una parrilla llamada ‘El Patrullero’. Pero Rubén Luis pretendía un empleo en un taller y lo consiguió, primero, barriendo el lugar donde se preparaba la máquina de ‘Tim’ Pairetti.
Un día, un señor llamado Julio Castellani pretendió comprar un camión y, como parte de pago, dejó una cupé Ford de TC. Los mecánicos del taller le dijeron al Loco: «Te lo vamos a acondicionar para que corras en el Gran Premio Argentino de Turismo Carretera». A Rubén le brillaron los ojos cuando abrieron el portón y vio entrar el automóvil. Nacía un ídolo.

El cierre en Santa Rosa
Las finales de la décima fecha de la temporada 2000 del Top Race, que debían disputarse el 1 de octubre en el Autódromo Parque Ciudad de Santa Rosa, fueron suspendidas a raíz de la muerte de Rubén Luis Di Palma el día anterior. La categoría volvió al circuito pampeano para la fecha coronación de ese campeonato, que quedó en manos de Omar «Gurí» Martínez. Marcos Di Palma fue segundo en la primera final, ganada por Alejandro Occhionero, y cuarto en la segunda, en la que festejó Angel Monguzzi.