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«Sabíamos que íbamos a ser campeones»

«Lo hicimos a propósito para darle un poco de emoción», bromeó Héctor Enrique cuando le recordaron que Alemania había logrado igualar la final del Mundial ’86 luego de la diferencia de dos goles que había sacado Argentina.
«Pero no es que nos dormimos, sino que ellos sacaron ventaja de lo que mejor hacían. Igualmente, por la cabeza de ninguno de nosotros se pasó la posibilidad de perder esa final. Desde que entramos caminando los dos equipos a la cancha, nosotros sabíamos que íbamos a ser campeones del mundo», completó el ex mediocampista de aquella Selección, que el 29 de junio de 1986 terminó imponiéndose 3 a 2 para que Argentina levante por segunda vez en su historia la Copa del Mundo.
En una charla con «La Pampa va», por Radio Noticias, el Negro Enrique recordó aquella gesta de la que ayer se cumplieron 35 años, destacando la figura de Diego Maradona y la fortaleza de un equipo que de la mano de Carlos Bilardo fue creciendo a los tumbos hasta llegar a la cima del fútbol mundial.

«Ese era el día».
Enrique, de 59 años, fue un mediocampista todo terreno que surgió de Lanús, se destacó en River Plate y también tuvo un paso por Deportivo Español, pero que es recordado especialmente por ser un elemento fundamental en la recta final del Mundial de México y porque fue el que inició, con su pase a Diego Maradona, el llamado «mejor gol de todos los tiempos».
«Yo había empezado mi carrera jugando de ‘9’, pero cuando me compra River me ponen de mediocampista y para esa época ya era más asistidor que goleador», recordó Enrique sobre sus funciones en la Selección del ’86, en la que entre otras acciones habilitó a Jorge Valdano para que convierta el segundo gol de la final ante Alemania. «Miré para la derecha y le hice el pase para la izquierda. Ahora hablan de Ronaldinho, pero cuando yo hice eso Ronaldinho estaba tomando la teta», bromeó el Negro.
Y sobre el pase a Maradona que dio pie a aquella jugada épica ante los ingleses, Enrique aseguró que podría haber elegido a Sergio «Checho» Batista como destinatario, porque lo tenía al lado, aunque de todas maneras Diego hubiera terminado su obra en cualquier otro momento del partido. «Si se la daba al Checho lo bueno es que no perdíamos, porque Checho nunca la perdía, pero el gol iba a llegar porque ese era el día. Capaz que Checho se la daba a Diego y Diego lo hacía igual», reveló.

Diego, único.
Con humildad, sinceridad y entregando todo como lo hacía en la cancha, Enrique se prestó al diálogo y en diferentes momentos de la charla acudió a la figura de Diego Maradona para destacar sus virtudes, no solo como futbolista sino también como persona.
«Me reconforta el cariño y el respeto de la gente, y por eso siempre atiendo a todo el mundo», confió Enrique. «Tuve la suerte de ser jugador de fútbol y jamás voy a cambiar. Siempre recuerdo mis orígenes humildes, cuando viajaba colado en el tren para ir a Lanús o tratábamos de hacernos amigos de los choferes para que no nos cobren. Nunca me olvidé de dónde vengo y así era el Diego. Jamás se olvidó de dónde salió, siempre respetó a los de abajo y los defendió con el corazón peleando contra el poder», dijo aludiendo a la figura de Maradona.
– ¿Cuándo lo conociste a Diego?
– Lo conocí en el ’84 en un amistoso entre River y Nápoli, 0 a 0 en Italia, que fue emotivo por el hecho de jugar cerca de Diego. Pero lo conocí mejor cuando previo al Mundial nos fuimos a Noruega y Diego se sumó llegando desde Italia. Yo tenía unos nervios terribles, no sabía cómo saludarlo, y cuando llegó Diego me dio un abrazo como si me conociera de toda la vida. Me hizo sentir como un compañero más aunque no me conociera. Como persona siempre tuvo unos valores terribles.
– ¿Cómo era entrenar con Diego?
– Los entrenamientos de Argentina eran todas finales del mundo, porque los suplentes le queríamos ganar a los titulares y ellos no querían perder. Y las cosas que hacía Diego eran increíbles; un monstruo total.
– Después trabajaste con Maradona DT en la Selección.
– Sí; a mí me lleva Checho Batista, que estaba en el Sub 20, para que dirija al Sub 15, y un día me dice que Diego quería que yo vaya a trabajar con él. Al principio yo no quería porque estaba cómodo en la Sub 15 y además no me gustan mucho las notas, la tele, y todos sabemos que cuando estás al lado de Diego salís en todos lados. Pero cuando me llamó Diego, a él no podía decirle que no y fui. Fue una linda experiencia.
– Ahí lo viste de cerca a Lionel Messi, a quien se lo compara siempre con Diego.
– Disfrutémoslo a Messi porque es un crack, pero nunca voy a comparar a nadie con un genio como Maradona, que fue lo máximo tanto dentro como fuera de la cancha.
– ¿Qué sentiste con la muerte de Diego?
– Bronca e impotencia; no lo podía creer. Pero hay que recordarlo con mucho cariño, respeto y amor; el mismo amor que él le ponía a la camiseta de la Selección o el mismo amor con el que defendía a los argentinos. No conozco a un argentino más argentino que Maradona.

El Renault 18 y los calzoncillos
«¿Si me cambió la vida ser campeón del mundo? Cambié el auto», señaló con una sonrisa Héctor Enrique, recordando que antes de México tenía un Renault 18 modelo 82. «En México tenía una valija con llave y yo iba guardando ahí el dinero que nos pagaba Puma cada vez que jugábamos. Entonces un día le digo al Negro Almirón: ‘Qué bueno, cuando llegue a Argentina me voy a comprar un 0KM’. Y él me dice: ‘¿Por qué no te comprás calzoncillos Negro?’ Cuando vinimos me compré un Renault 18 0KM, y dos o tres calzoncillos…», contó.

Familia, amigos y valores
«Si me muero y vuelvo a nacer quiero volver al mismo barrio, tener los mismos viejos, los mismos hermanos y los mismos amigos», confesó el Negro Enrique en un momento de la charla, destacando la figura de sus padres. «No cambiaría nada; por ahí lo único chupar menos frío a la noche, porque cuando éramos chicos nos moríamos de frío. Siempre le decía a (Roberto) Saporiti que cuando llovía, en mi casa sacábamos las cosas afuera porque se mojaban menos», agrandó el recuerdo con una sonrisa.
«Era duro pero la pasamos bien con viejos que nos daban mucho amor», agregó Enrique, quien confió que su madre estuvo recientemente complicada de salud a causa del Covid-19. «Estuvo muy mal, pero se la aguantó y ahora anda bien. Se merece vivir muchos años más porque la peleó siempre por todos nosotros», destacó, al tiempo que a su papá, que hombreaba bolsas para mantener a la familia y falleció hace unos años, lo resumió como «el más grande».
«Nunca me desesperó la plata. Vivo bien, lo que gané lo cuidé, todos mis hijos trabajan y por lo menos ya no me sacan, lo que es una ventaja», cerró a su estilo.

River y el Mundial ’90
Entre otros títulos con River Plate, Héctor Enrique ganó la Copa Libertadores y la Intercontinental de 1986, ambas disputadas luego del Mundial. «Cuando volvimos de México nos metimos en la Libertadores, que ganamos con el gol de (Juan Gilberto) Funes», recordó el Negro, quien dio la asistencia para aquel gol del Búfalo contra el América de Cali. «Fue una copa trabajada, peleada», agregó.
«Después nos fuimos a Japón a la final Intercontinental contra el Steaua de Bucarest, que era la selección de Rumania. Pero nuestro equipo estaba acostumbrado a jugar contra selecciones porque le habíamos ganado a Polonia 5 a 4 con la chilena de Enzo Francescoli», se agrandó Enrique. «A veces nos quieren quitar méritos porque no jugamos contra el Barcelona, pero quiero decirles que el Steaua era un equipazo y ya le había ganado al Barcelona», amplió.
– ¿Te bajaste solo del Mundial ’90?
– Me habían operado y volví a jugar en River, pero no estaba bien. Un día lo llamo a Bilardo y le digo ‘déjeme afuera porque soy una carretilla y sin ruedas, y para ir a dar lástima en el Mundial me quedo en mi casa’. Fue un dolor terrible, pero sabía lo que era jugar un Mundial y que para jugar en la Selección no tenés que estar 10 puntos, tenés que estar 100 puntos…, y yo no estaba ni 5 puntos. Decidí dar un paso al costado y darle la posibilidad a un compañero que esté mejor que yo.