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La abuela que entrena a su nieta

Angélica Pereyra abrazó el ciclismo desde joven y nunca más lo abandonó. Compitió cuando en La Pampa sólo tres o cuatro mujeres estaban en la línea de largada, y tras esa etapa nunca más dejó de salir a pedalear.
El esposo de Angélica, Oscar Toane, también es un apasionado del ciclismo. De joven, la pareja practicó este deporte con un enorme entusiasmo, recorrió kilómetros para ir a diferentes competencias en un auto negro antiguo que nunca pasaba desapercibido. Y más allá de los vaivenes económicos del país, la familia siempre se las rebuscó para seguir adelante con el deporte.
Los Toane trasmitieron dicha pasión a su hija Paola, que resultó una destacada ciclista en la provincia y fue campeona argentina en varias oportunidades hasta que un día dejó de competir por trabajo y para dedicarle más tiempo a sus hijas. Pero la historia de los Toane continuó, no se detuvo. Angélica, en especial, le contagió el ciclismo a sus nietas Selena (17 años) y Romina (12), que fueron creciendo y admirando la rutina de su abuela: preparar la bici, vestirse y salir a pedalear después de horas de trabajo, y muchas veces sin importar el calor o el frío.

Nueva compañera.
Pasan los años y Angélica sigue saliendo a andar en bici de carrera como si fuera a largar una competencia. Se la suele ver en horas de la siesta, sumada a algún pelotón de hombres que transita por la avenida Presidente Perón hacia Toay, para luego terminar en la mayoría de las veces en la ruta Provincial 14, el lugar elegido para entrenar y disfrutar el deporte a pleno.
Hoy, a los 60 años, Angélica no cambia su rutina, aunque tiene nueva compañía: sale a entrenar varias veces a la semana junto con su nieta Romina, a la que le va marcando el camino, le corrige la postura y le indica por dónde ir, qué hacer.
Una vez en la Perón, abuela y nieta se confunden entre los demás corredores y aficionados, participan de las escaleras que se arman para cortar el viento y muchas veces pasan a rodar adelante.
«A Selena le gustaba mucho el ciclismo, pero dejó. Ahora me toca salir a entrenar con la nieta más chica, Romina, que le encanta el deporte. Yo estoy feliz con acompañarla, para mí es lo más lindo que me puede pasar», dijo Angélica con una enorme sonrisa en su rostro y los ojos llenos de felicidad.
Y agregó: «La mayoría de los días vamos a pedalear con Romina hacia la Perón, pero también va a otros lugares, como a la avenida Palacios. También la suele llevar a entrenar mi yerno y otros ciclistas. Ella anda en bicicleta desde muy chica, después se pasó al fútbol y hoy otra vez quiere correr. Y nosotros estamos para acompañarla, para guiarla».

Deporte familiar.
«Yo quiero que mis nietas sigan con el ciclismo. Ojalá que Romina lo haga, porque este es un deporte bien familiar. Que siga practicando lo que nosotros tanto queremos», enfatizó Angélica, y agregó: «Las chicas tienen que practicar un deporte, las debemos acompañar para que sepan de qué se trata. Cuando vimos que Romina otra vez quería correr, con mi esposo estamos ahí, firmes. Y tenemos otra nieta bebé, se llama Abigail, y esperamos que también sea ciclista».
Recordó que ella comenzó en el ciclismo después del nacimiento de su hija Paola, que hoy tiene 38 años. «Después de tener a Paola, había aumentado de peso. Mi esposo ya corría y me convenció para que yo también practicara ciclismo. Con el tiempo pasé a competir con las pocas chicas que había en ese entonces en nuestra provincia, como Mónica Datri. Fue una etapa hermosa, la disfruté, la vivimos a pleno».
Angélica se fue retirando paulatinamente de las carreras, pero nunca más dejó su bicicleta de ruta. «Jamás me bajé de la bici, si lo llego a hacer se me ponen duros los músculos. A mi edad no puedo dejar de pedalear, además es una de las cosas que me llenan de vida. Salgo a practicar dos o tres veces a la semana, y el sábado y domingo me uno al grupo de La Roseta de mountain bike. La cuestión es no dejar de pedalear».

«El ciclismo es mi gran pasión»
Angélica describe al ciclismo como su amor eterno. «El ciclismo es mi gran pasión. Cuando me levanto para ir a pintar a una casa, planifico el día y decido si después salgo a practicar. Me siento feliz al subirme a la bici, encontrarme con gente, rodar despacio o fuerte», aseguró.
«Me siento dichosa de ser una abuela que puede salir a pedalear con las nietas como lo hacía con mi hija Paola. Otros abuelos deberían hacerlo para saber qué se siente. En mi caso, como siempre digo, es una felicidad enorme», enfatizó.
Sostuvo que cuando se disputan competencias y han participado algunas de sus nietas, ella se transforma: «No puedo evitar gritar, alentarlas. Tanto yo como mi esposo, en lo posible, estamos ahí, firmes. Es una sensación especial, que se vive con intensidad. Uno quiere que las nietas ganen, pero lo más importante es que lo disfruten. Nunca las presionamos».
Angélica se ilusiona con que Romina no abandone, siga corriendo. «Ojalá que no abandone porque veo que se lleva bien con el ciclismo. Vamos a acompañarla para que corra seguido y pueda ir a otros lugares. No son muchas las chicas que en La Pampa practican ciclismo. Ojalá que se sumen», cerró.