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Chernobyl: el recuerdo de otro drama en primera persona

DE UCRANIA A LA PAMPA

Cuando el 26 de abril de 1986 se produjo el accidente en la central nuclear de Chernobyl, en el norte de Ucrania, Olena y su familia vivían en uno de los suburbios de Kiev, la capital del país del este europeo. A escasos 80 kilómetros de donde se había producido la mayor catástrofe nuclear de la historia, los Zaporojets continuaron con su vida normal, al igual que la mayoría de los habitantes de toda la región. Nadie les advirtió que había un «enemigo invisible» en el aire que podía afectar gravemente su salud.
Olena Zaporojets vive hoy en Santa Rosa y trabaja en la Subsecretaría de Deportes de La Pampa, provincia a la que llegó hace casi 26 años junto a su marido Alexander (reconocido profesor de educación física y entrenador de atletismo) y sus dos hijos: Klim (hoy en Dinamarca) y Alina (en Buenos Aires). Como el resto del mundo, está atravesando por un momento de incertidumbre a causa de la pandemia de coronavirus. Destaca que el Gobierno argentino ‘sí’ los está cuidando de este nuevo «enemigo invisible».

Accidente nuclear.
«Nosotros vivíamos a 80 kilómetros de la estación de Chernobyl y cuando se produjo el accidente estábamos en nuestra casa», recuerda Olena. «En su momento no nos dieron ninguna información certera de lo que había ocurrido; sólo eran informes sesgados por intereses políticos, por lo que se expuso mucho a la población», agrega al referirse a lo que fueron los primeros días luego de la explosión nuclear, cuya nube principal fue llevada por los vientos hacia Bielorrusia, en un sentido contrario al que se encontraban ellos.
«El hijo de un vecino estaba trabajando en la estación y así nos empezó a llegar información de lo que había ocurrido, pero principalmente por vías informales. Incluso la gente en esos primeros días salía afuera, colgaba la ropa, comía lo que cosechaba de sus quintas…», agrega.
Y en el mismo sentido asegura que «si no hubiera sido por los estados de Europa del este», que comenzaron a presionar a la Unión Soviética (URSS) para que entregue más datos sobre lo que había ocurrido, quizás hubiesen estado «muchísimo más tiempo sin información y expuestos a la radiación».
«Se tardó mucho en tomar medidas», añadió Olena. Incluso una semana después de la explosión, al conmemorarse el 1º de mayo el Día de los Trabajadores, «miles de familias salieron a festejar a las calles con banderas, globos, y nadie le avisó a la población que debía quedarse en casa. Salieron todos exponiéndose a la radiación, al enemigo invisible».
– ¿No se percibía nada en el aire?
– No, no se sentía nada. Hasta los bomberos que salieron en primer término (para actuar luego de la explosión) ni siguiera se pusieron un traje especial… Con el tiempo fuimos sumando información y tomando conciencia que ese ‘enemigo invisible’ seguía ahí y afectaba la salud de todos. A diferencia del coronavirus (cuyo grupo de mayor riesgo son los adultos mayores), la radiación es más perjudicial para los chicos y adolescentes porque los afecta en la formación del cuerpo. Y yo vivía con mi marido, mi hija de dos años y mi hijo de cuatro…

Una salida.
Con el transcurrir de los meses el gobierno soviético fue implementando diferentes medidas para afrontar la catástrofe, pero para mucha gente ya era tarde. Y el paso de los años lo dejó en evidencia, con miles de personas afectadas directa o indirectamente por la radiación.
«En mi caso pedí una licencia en mi trabajo y me fui con mis hijos a la casa de mi mamá, que vivía a 400 kilómetros. Allí estuvimos tres meses, pero mi marido se quedó en casa por cuestiones laborales», repasa Olena.
«A quienes estaban en un radio de 30 kilómetros de la estación los evacuaron a la fuerza y los reubicaron, pero al resto nos decían que la situación iba a pasar. No era fácil vivir así, porque como es un enemigo invisible y no se percibe, tenés que ir midiendo con un aparato la radiación. Todos fuimos tomando conciencia de lo que había pasado y de lo que seguía pasando, porque a algunos metales radiactivos les lleva más de 70 años en descomponerse…», agrega.
Esa situación fue «una de las principales causas» que impulsaron a los Zaporojets a buscar una salida, a lo que se sumaron en los años siguientes los problemas económicos y sociales derivados de la Perestroika y la posterior disolución de la Unión Soviética. Argentina sería su destino.

Pandemia en La Pampa.
En mayo de 1994 la familia llegó a La Pampa atraída por una posibilidad laboral de Alexander, quien se convirtió en un referente como entrenador de atletismo. Olena, quien en Ucrania había cursado la carrera de Ingeniería de Sistemas (en el Instituto Politécnico de Kiev), realizó la correspondiente validación de su título y se recibió de Licenciada en Informática.
Hoy trabaja en el área de informática de la Subsecretaría de Deportes y en el Liceo Informático de Santa Rosa. Aunque, como gran parte de la población, desde hace casi un mes está cumpliendo con el aislamiento social, preventivo y obligatorio a causa de la pandemia de coronavirus que afecta a todo el mundo.
«Lo que está pasando con esta pandemia me hizo recordar a lo que vivimos durante la catástrofe de Chernobyl», resume Olena. «Hay una similitud porque se trata de un enemigo invisible, que no se percibe ni se siente hasta que el virus no te afecta», agrega.
«También lo vivimos con angustia, pero a diferencia de Chernobyl ahora valoramos muchísimo la tranquilidad que nos da el hecho de que el Gobierno argentino haya puesto en primer lugar la salud de la población», explica al hacer una comparación.
«En este caso la franja poblacional más afectada es otra (los adultos mayores), pero hay que darle la misma importancia para cuidar a la gente. Y desde ese lugar nos sentimos cuidados, sabiendo que dentro de nuestras casas estamos protegidos», se tranquiliza.
«Hoy, la manera de cuidarse de este enemigo invisible es tomando conciencia del peligro y actuando con solidaridad y responsabilidad. Hay que quedarse en casa», cierra Olena, quien hace 34 años tuvo que cuidar a su familia bajo un lema totalmente opuesto: «dejá tu hogar». En su caso fue para siempre.

La catástrofe continúa
A 34 años del accidente nuclear de Chernobyl, este fin de semana se desataron algunos incendios forestales que dispararon los niveles de radiación en varios lugares de la zona de exclusión, a pocos kilómetros de la central. Por ahora, el problema no parece extenderse a Kiev, mientras los bomberos siguen trabajando para controlar los fuegos.