Cinco meses después, la misma historia de violencia

HABIAN PROMETIDO DURAS SANCIONES PARA CLUBES Y AGRESORES

Los hechos de violencia en el fútbol formativo de la Liga Cultural parecen una historia de nunca acabar. Padres, dirigentes, entrenadores y hasta los propios futbolistas en algunos casos han generado incidentes de diferente grado, principalmente con agresiones a los árbitros, que ante la ausencia policial se suceden cada tanto y nadie termina de erradicar.
En abril, un par de hechos violentos consecutivos llevaron a las agrupaciones de árbitros a parar la pelota pidiendo mayor seguridad, y por ese motivo no hubo fútbol de inferiores durante una jornada. Desde todos los sectores hubo promesas de diferente tipo, pero nada cambió y este fin de semana otra vez sucedieron hechos violentos de similar tenor. ¿Se vendrán las duras sanciones que prometieron?

En abril.
A mediados de abril, en el marco de la segunda fecha del torneo de divisiones inferiores culturalistas, el árbitro Marcos Muñiz fue agredido por el padre de un chico de la sexta categoría de General Belgrano durante un partido ante All Boys, en una de las canchas auxiliares del Tricolor de Villa Alonso.
El hecho se conoció públicamente a través de las redes sociales, con un video en el cual se veía al padre arrojándole trompadas al árbitro. Ante la ausencia de policías, el agresor debió ser calmado por uno de los asistentes y parte del cuerpo técnico local.
Un día después de ese hecho, mientras se disputaba la jornada del fútbol infantil en el Polideportivo Horacio del Campo de Toay, un padre de un jugador de Guardia del Monte agredió a otro árbitro al término del partido, en el que tampoco había presencia policial.

En septiembre.
La situación se repitió este fin de semana casi en forma calcada. El sábado, el árbitro José Moreno fue agredido al término del encuentro de cuarta división que disputaron Atlético Macachín y La Barranca, en la Bombonerita Roja, por el Oficial de inferiores de la Liga Cultural.
Cuando el partido terminó (1-0 para los santarroseños), el entrenador del equipo local, Diego Ullúa, que había sido expulsado en el primer tiempo, y el padre de un futbolista ingresaron por el túnel al campo de juego y fueron directamente a agredir al árbitro, quien cayó al piso y la pasó mal hasta que los agresores fueron contenidos por los asistentes del árbitro. Luego de la agresión se suspendió el resto de la jornada (no jugaron quinta y sexta) y más tarde Moreno radicó la denuncia correspondiente.
Un día después, este domingo y tal cual había ocurrido en abril, se dio otra situación violenta en el mismo Polideportivo Horacio del Campo de Toay durante un encuentro de fútbol infantil. Esta vez, el padre de un jugador de la categoría 2006 de Belgrano de Santa Rosa intentó agredir a un árbitro al término del encuentro entre el Tricolor y All Boys. Se suspendió parcialmente toda la jornada, hasta que llegó gente de seguridad y se pudo reanudar, para terminar bien entrada la noche.

¿Sanciones?
Hace cinco meses, cuando los árbitros decidieron parar, presentaron una nota a las autoridades de la Liga solicitando mayor seguridad en las canchas donde juegan las formativas, y ente otras cuestiones de infraestructura pidieron presencia policial como ocurre en los partidos de Primera División.
Ante esa solicitud, los clubes aclararon que les era imposible pagar los adicionales policiales para los partidos de inferiores, pero sí se comprometieron a mejorar las condiciones de las canchas auxiliares y a hacer campañas de concientización en cada institución, incluyendo a jugadores, entrenadores y padres con la ayuda de especialistas.
Y además garantizaron que se harían cargo si existieran nuevos hechos de violencia, con fuertes sanciones económicas y deportivas para los agresores y los clubes responsables. Esos nuevos episodios violentos se repitieron este fin de semana como un “deja vu”, y ahora se esperan al menos las sanciones prometidas, con la posibilidad de volver a parar la pelota si no se cumple.