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Claudio Ortiz, el elegido de Pekerman

«Yo hacía varios años que estaba en River, que es uno de los más grandes del mundo, ¡pero iba al Manchester…!», relata con admiración, como si hoy estuviera reviviendo esa tarde de marzo de 1999 en la que José Pekerman, entrenador de los seleccionados juveniles de Argentina, le dijo al pibe de 17 años que era uno de los tres elegidos para hacer un intercambio en el equipo inglés.
Unos días antes, el príncipe Carlos, invitado por el entonces presidente Carlos Menem, había hecho una visita diplomática a nuestro país para homenajear a los soldados caídos en Malvinas y reestablecer los vínculos entre ambas naciones. Entre otras acciones, en ese encuentro decidieron hacer intercambios futbolísticos para que jóvenes promesas de ambos países visiten a sus pares y compartan sus experiencias a través de un deporte que los unía.
Claudio Ortiz, el pampeano que la rompía en las inferiores del Millonario, fue uno de los tres elegidos por Pekerman para ese primer intercambio, junto a Santiago Kuhl (Argentinos Juniors) y Mauro Marchano (Rosario Central). Los tres estaban entrenando con la Selección que comenzaba a prepararse para el Mundial Sub 20 Argentina 2001, que de la mano de José se consagraría campeona.
«Era como un intercambio cultural y futbolístico. Un día José (Pekerman) nos llama a los tres y nos cuenta que estaba el viaje y que nos había elegido porque nos tenía muy bien conceptuados; era como un premio porque íbamos a representar a Argentina», repasa Ortiz hoy, 21 años después.
«El viaje fue increíble porque era nada menos que el Manchester United, que en ese momento era el mejor del mundo», realza el volante ofensivo surgido de Atlético Santa Rosa, recordando aquel equipo de Sir Alex Ferguson que ese mismo año se quedaría con la Liga de Campeones de Europa venciendo en una final de infarto al Bayern Munich.
«Estaban los mejores; el técnico Ferguson, el arquero (Peter) Schmeichel, (Paul) Scholes, (Ryan) Giggs, (David) Beckham, el defensor gigante (Jaap) Stam, los delanteros (Andy) Cole y (Dwigth) Yorke… De un día para el otro estaba en el mismo vestuario con los de la Champions que veía en la tele, y que te hablaban y te daban consejos; parecía irreal», cuenta Ortiz, que estuvo junto a sus dos compañeros unos 20 días en Inglaterra, primero en un hotel del club y luego en una casa de familia. «A la mañana entrenábamos con el plantel principal, como sparrings, y a la tarde nos llevaban a conocer la ciudad o dar charlas en las escuelas. Fue una experiencia bárbara», agrega.

– ¿Te animaste a tirar alguno de tus lujos; un caño a Stam, por ejemplo?
– Nooo; ahí no, ja; me mataban… Lo que me quedó grabado es que eran prácticas muy intensas, dinámicas y hermosas; no se paraba nunca. Yo había entrenado en River con Ramón Díaz y después me tocó con el Tolo (Américo Gallego), pero nada que ver la intensidad de las prácticas. Quizás ahora el River de (Marcelo) Gallardo entrene a ese ritmo europeo.

– ¿Existió alguna chance de quedarte, o sólo era el intercambio y sí o sí volvías a River?
– Yo tenía representante ya, y aunque no era una prueba, antes de ir me dijo ‘rompete todo allá porque uno nunca sabe; por ahí le gustaste al técnico y te quedás’. Pero nos volvimos.

Decisión equivocada.
Claudio Ortiz se inició futbolísticamente en Atlético Santa Rosa y a los 14 años su talento lo depositó en River. Habilidoso, pensante y con una exquisita pegada, se ganó la ’10’ de las diferentes categorías formativas del Millonario, ganándole la pulseada a un tal Andrés D’Alessandro, uno de los cracks de una camada en la que también estaban Javier Saviola y Martín Demichelis, entre otros.
«Había tremendos jugadores y a mi me fue muy bien, pero nunca pude dar el salto a Primera por diferentes razones. Una vez fuimos al banco con D’Alessandro y Demichelis, y Ramón (Díaz) al final los hizo debutar a ellos y a mí no me tocó. Si me hubiera tocado a mí y andaba bien, por ahí cambiaba todo. Después llegó el Tolo y lo mismo; veía que debutaban muchos y que a mi no me tocaba, y me fui frustrando», recuerda hoy el enganche santarroseño.
«Y cometí un grave error», admite, y detalla una decisión que cambió su carrera. «Tenía casi 21 años y no había debutado en Primera. Me quedaban seis meses para hacer el primer contrato y seguramente River me iba a dar a préstamo, pero en ese tiempo me prometieron un contrato en San Lorenzo, me confié y cometí un gran error. Se estaba yendo Manuel Pellegrini y decían que venía el Bambino (Héctor Veira), que me quería, pero vino (Rubén) Insúa y nunca me tuvo en cuenta. Le di el pase a San Lorenzo y, sin faltar el respeto, fue como cambiar un 0km por un Fiat 600, porque San Lorenzo entró en una especie de quiebra, no podía firmar ningún pase y estuve seis meses colgado sin poder jugar».

– ¿Te arrepentís hoy de esa decisión?
– Fue un grave error, pero no hay que arrepentirse porque son decisiones que uno toma en su carrera. Ahora el fútbol cambió muchísimo, pero en esa época si a los 21 no habías debutado en Primera no jugabas más. Y yo sentía eso. Lo que rescato es que estuve a la altura; hice cinco goles en un partido (goleada de la cuarta a Banfield), con D’Alessandro nos cansamos de hacer goles, pero no me tocó. Y adelante estaban Gallardo, Aimar y Ortega. No era fácil.

– ¿Con la Selección juvenil también se fue cerrando la puerta?
– Sí. Estuve un tiempo más, pero cuando se acercaba la fecha de inicio del Mundial José empezó a convocar a los que ya tenían experiencia en Primera, y yo no estaba en esa lista. En mi puesto estaban (Leandro) Romagnoli, de San Lorenzo, y Livio Prieto, de Independiente, que después se lesiona y al Mundial termina yendo D’Alessandro, que ya tenía partidos en Primera.

El duro renacer.
En 2002, con 21 años y a punto de ser papá, Ortiz quedó ‘colgado’ en San Lorenzo y pasó un semestre sin jugar, por lo que volvió a Santa Rosa y comenzó a entrenar en el Deportivo Mac Allister. «El Pato y el Colo (Mac Allister) se portaron muy bien; me acompañaron en un momento complicado, en el que no podía jugar, y me dieron un mano hasta que arranqué de vuelta», destaca.
«La verdad es que fue como empezar de cero; volver a hacer una carrera nueva; como si todos los años en River y en la Selección no hubieran existido. Y fue muy duro; no cualquiera se banca hacer dos carreras… Pero en ese momento, cuando fui papá, me di cuenta que lo mío era el fútbol, lo tomé como un trabajo y tuve un gran apoyo de mi familia», cuenta Claudio, que a partir de allí reinicio su periplo futbolero desde la base.
Tras jugar en el Deportivo Mac Allister pasó por Villa Mengelle de Jacinto Arauz, Ferro de Intendente Alvear, El Linqueño de Lincoln y Sarmiento de Junín (quizás su mejor momento), antes de dar el salto al fútbol internacional en el Wydad Casablanca de Marruecos.
En su regreso lo recibió un Platense en quiebra, el Banfield de Jorge Burruchaga -una lesión lo privó de jugar-, Atenas de Uruguay («hicimos un buen torneo», dice), Almagro, Juventud de Pergamino, Libertad de Canals y la vuelta a La Pampa para cerrar el círculo en Villa Mengelle, General Belgrano, Deportivo Anguilense y su Atlético Santa Rosa.
«En los últimos años ya fue pensar más en lo familiar que en lo deportivo», admite el papá de Enzo (17), Felipe (12) y Ana Paula (8), que está a punto de cumplir 39 años (este miércoles 29) y sigue pensando en entrar a una cancha. «Quería jugar este último año, pero con todo esto de la pandemia se complicó. Pero si hay algo que me seduzca, me gustaría jugar el año que viene porque no sería lindo despedirse así», completa.

– ¿Y tras el retiro?
– Mi idea siempre fue y va a seguir siendo laburar con el fútbol. Hoy tengo un ingreso por alquileres y un microemprendimiento, pero lo mío es el fútbol y me gustaría ser técnico. Ya en el último tiempo empecé a mirar el fútbol de otra manera, desde afuera, y creo que tengo muchas cosas y experiencia para aportar.

A Marruecos.
Uno de los puntos altos de la carrera de Claudio Ortiz se dio con las camisetas de El Linqueño y Sarmiento de Junín. En esa época se ganó el apodo de «Riquelmito», que le pusieron en TN Deportivo (por esos tiempos mostraban el fútbol del interior) por su juego similar al de Juan Román Riquelme. «Andaba muy bien y me propusieron ir a Newell’s, pero como yo ya era grande (tenía 26 años) creí que era otro engaño. Y al mismo tiempo me salió la posibilidad de ir a Marruecos y me fui. Ganaba muy bien (con ese dinero se compró una quinta en Santa Rosa), pero desaparecí…», repasa.