viernes, 18 septiembre 2020
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Daniel Jaule, entre la época dorada del básquet provincial y su historia de superación

Daniel Jaule nació hace 55 años en Junín y hace más de 30 que dirige equipos profesionales. Llegó a La Pampa a principios de los 90, cuando General Pico le abría sus puertas al básquet de alto nivel, y en Pico FBC marcó un antes y un después consiguiendo el ascenso a la Liga Nacional en su segunda temporada al frente del equipo (1993/94).
En la 94/95, con el Decano en la máxima categoría del país, sufrió un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida. No volvió a caminar. Y por momentos pensó que el básquet también se terminaba para siempre. Pero luego de una larga y difícil recuperación fue Sportivo Independiente, el otro equipo de General Pico, el que se interesó por sus servicios.
En el Rojo fue asistente de Flor Meléndez durante la Liga Nacional 96/97 y al año siguiente retomó su carrera como entrenador principal en Estudiantes de Santa Rosa, al que dirigió durante tres temporadas en el por entonces Torneo Nacional de Ascenso (TNA).
«La Pampa fue muy importante en mi vida en todo sentido; entre Pico y Santa Rosa estuve casi diez años y los recuerdos son los mejores», señala Daniel Jaule en una charla con LA CHUECA, en la que repasa su paso por una provincia en la que llegó a lo más alto y también vio renacer su carrera luego del momento más oscuro.

Antes y después.
Jaule dirigía a Petroleros de Plaza Huincul en la Liga «B» (no existía el TNA) cuando tuvo su primer contacto con Pico FBC. «Mi primer vínculo fue con Pilila Bonessi, y después con Pelayo, Caballero y otros dirigentes, que me ofrecieron ir a Pico», recuerda el entrenador juninense, que se puso la pilcha del Decano para la temporada 1992/93, la primera en la historia del TNA.
Su equipo quedó eliminado en cuartos de final ante Deportivo Roca (luego campeón y ascendido, al igual que Independiente de Pico) y al año siguiente se rearmó para lograr el ansiado salto a la Liga Nacional. «Había muy buenos jugadores pero era un equipo sumamente corto, fue prácticamente una hazaña poder ascender», revela el coach, que al año siguiente, durante la primera experiencia del Decano en la máxima categoría, sufriría el accidente.
«Como se hacían los Juegos Panamericanos en Mar del Plata la Liga se paró, y yo aproveché para viajar a Mendoza. Viajaba en un Renault 19, solo, y después de parar a cargar nafta no volví a ponerme el cinturón», recuerda Jaule sobre aquel 8 de marzo de 1995.
A la altura de Tunuyán se le reventó la cubierta derecha, el auto se cruzó y terminó dando tumbos en la banquina contraria. El por entonces entrenador de Pico FBC salió despedido y terminó aplastado por su propio auto (siempre cuenta que lo salvaron dos camioneros que venían atrás y lo rescataron). Como consecuencia del accidente sufrió una fractura en su columna, con un orificio de dos centímetros en la médula. Nunca volvió a caminar.
«Estuve muy grave, en terapia intensiva, y zafé de casualidad. Pasé más de un año en recuperación y pensé que se terminaba todo en cuanto al básquet. ¿Quién iba a contratar a un entrenador en silla de ruedas?», reflexiona hoy, 25 años después.
«Y ahí apareció Independiente. Arregló Flor Meléndez, que era mi amigo, y con (Germán) Vaccaro me fueron a buscar. Y no solo me devolvieron al profesionalismo, sino a mi vida», agradece a la distancia.
– ¿Cómo fue ese renacer de tu vida como entrenador?
– Los jugadores me lo hicieron más fácil. No sabía cómo me iban a ver, pero sentí un respeto enorme. Además la pretemporada la hice yo porque Flor estaba en Puerto Rico y eso fue un incentivo enorme, con jugadores como (Miguel) Cortijo, Chuni Merlo, La Vaca Tourn, Melvin (Johnson). Desde el primer entrenamiento me demostraron que los jugadores te respetan por lo que sabés y no por cómo te ven. Y después, más allá de algunas complicaciones propias para el traslado o lugares que no están acondicionados, nunca tuve problemas en ningún lado.
– ¿La llegada a Estudiantes se dio por tu necesidad de volver a ser entrenador principal?
– Sí, tuvimos ese gran año en Independiente, en el que perdimos las finales con el Boca de Julio Lamas, y me surgió la posibilidad de ir a dirigir a Estudiantes el TNA y todos me entendieron. Y fueron tres años espectaculares en Santa Rosa, con buenos equipos con los que llegamos a semifinales. Ahí volví a sentir que podía y que mi carrera no había terminado.
– ¿Sentiste diferencias entre Pico y Santa Rosa?
– Sí, dos ciudades totalmente distintas en cuanto a lo basquetbolístico. En Pico todo se vivía con mucha pasión, la gente era muy fanática del equipo, y en Santa Rosa un poco más fría, no tan hinchas. Se llenaba la cancha, pero la gente era mucho más tranquila. Otra manera de vivir el básquet.
– Y en todos te tocó dirigir a grandes jugadores…
– Sí. En Independiente a los que te mencioné, que eran de los mejores de la Liga. Después, en Pico al Chino López, (Pablo) Wendenbourg, el americano Parker, a (Edgar) Merchant… Y en Estudiantes a Andrés Del Sol, a los chicos de ahí como (Manuel) Carrizo y Nico Pérez. A muchos grandes jugadores.
– ¿Podrá volver a tener La Pampa un equipo en Liga Argentina o Liga Nacional?
– Seguro que pueden porque los clubes de La Pampa tienen una cosa fundamental: historia. Y eso no se compra. Hay gente a la que le gusta, que sabe y hay infraestructura. Seguramente en algún momento se dará; La Pampa se merece tener al menos un equipo en Liga Argentina.
– ¿El accidente cambió tu manera de ver algunas situaciones, en la vida y en el básquet?
– Además de reconocer las dificultades que tiene la gente que anda en silla de ruedas, cambió mi manera de ver muchas cosas; lo que antes te preocupaba tanto ahora es nada. Y todas esas cosas te sirven para crecer, en la vida y en lo deportivo.

Los inicios en el decano
El primer destino de Daniel Jaule en La Pampa fue Pico FBC, en el que vivió tres años inolvidables. En su segunda temporada ascendió a la Liga Nacional y al año siguiente sufrió el accidente. Otros dos equipos pampeanos le permitieron rehacer su vida como entrenador: primero Independiente y luego Estudiantes de Santa Rosa.

«Jugadores de abajo de una baldosa»
«La Liga Nacional es de las mejores de Latinoamérica, sin dudas», asegura Daniel Jaule, que tiene una larga trayectoria en clubes de Argentina y el exterior, incluyendo nueve años en México.
«A pesar de todos los vaivenes del país, la Liga siempre se recupera; siempre salen jugadores, hasta de abajo de un baldosa», agrega el entrenador, que esta semana arregló condiciones para dirigir a Ciclista Juninense en la Liga Argentina.
«Además hay muy buenos entrenadores en Argentina, que se preocupan y están preparados, y eso es clave para el desarrollo», amplía el ex Pico FBC, Independiente y Estudiantes, que en nuestro país también dirigió a Petrolero de Plaza Huincul, Quimsa de Santiago del Estero y Del Progreso de General Roca.
«Lo que falta es una política deportiva, porque mientras más jugadores haya mejor será el deporte», cierra Jaule, que en México condujo a Pioneros de Cancún, Huracanes de Tampico, Abejas de Guanajuato y Correcaminos de Victoria, además de dirigir a Olimpia de Paraguay.