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Dos niñas apasionadas por el fútbol

WINIFREDA: JAZMIN Y BRISA CRECEN PRACTICANDO EL DEPORTE QUE MAS LES GUSTA

Los clubes pampeanos brindan oportunidades para aquellas niñas que quieran jugar al fútbol. En sus canchas, las jugadoras practican esta disciplina a la par de los varones, en un ámbito de igualdad. Donde más se observa la presencia femenina es en los equipos de las categorías infantiles, que por lo general son mixtos. Las chicas ocupan distintas posiciones dentro de la cancha y participan los fines de semana en encuentros recreativos organizados y coordinados por profesores de cada localidad. Algunas sueñan con integrar una liga femenina en el futuro.
El Club Social y Deportivo Winifreda tiene en su semillero a dos jugadoras que entrenan todas las semanas: Jazmín Ostapchuk y Brisa Becerra. Tienen 8 años, cursan tercer grado en la Escuela 104 y eligieron este deporte siendo más pequeñas y sus familias aceptaron la decisión de ellas.
Llegan al estadio «Miguel Eloy Baldovino» acompañadas por sus progenitores, se despiden de ellos con un beso y, corriendo, entran a la cancha para desarrollar las rutinas programadas por sus respectivos entrenadores. Los chicos las reciben con naturalidad. «Pegale fuerte Brisa», dice uno para alentarla. «Para nosotros es normal que participen las nenas, están totalmente incorporadas a las actividades. La planificación está adaptada para todos por igual», explicó el coordinador del fútbol infantil local, Cristian Savarese, también director técnico, a LA CHUECA.
«Sí, totalmente», respondió cuando se le consultó sobre si las jugadoras rompen con el prejuicio de que una nena no puede jugar a la pelota. «Acá si hay algo que no tenemos son prejuicios. Ellas vienen, entrenan, incluso sus propios compañeros las integran, las hacen jugar, hablan con ellas, es una convivencia normal y buena por suerte todo el tiempo; sinceramente no hay diferencias entre varones y mujeres», agregó.
Con respecto a los entrenamientos, Savarese señaló que las actividades se programan para «todo el grupo por igual» y a partir de la consigna cada uno la resuelve «en la medida que puede y va aprendiendo».
Nora Taramarcaz es la madre de Jazmín. Cuando se le preguntó cuánto tiempo hace que su hija juega al fútbol, respondió «en el club tres años, pero desde chiquita siempre jugaba con su hermano Benjamín en el barrio y con sus amigos también. Me sorprendió que quisiera venir a jugar al Club con todos los varones». A su vez, Jazmín reafirmó los dichos de su mamá y comentó que jugaba en distintas posiciones, pero ahora «me siento bien como arquera». Crece haciendo lo que le gusta. «Totalmente, con plena libertad y el acompañamiento de los profesores y de sus compañeros, nunca se sintió diferente», aseguró Nora.
A Brisa también le encanta compartir tardes futboleras con sus compañeros de categoría. «Eligió el fútbol, a mí me pone muy feliz y a mi hija también», dijo su padre Hugo Becerra. Brisa es muy movediza. «La vamos ubicando en distintos espacios, si quiere jugar arriba, en el medio o en defensa, como a todos se los va probando para que vayan adaptándose a distintos puestos», indicó Savarese. «Me gusta tirar al arco y cuando convierto goles los festejo», afirmó Brisa y Jazmín siente una inmensa alegría cuando «atajo penales».
Ambas atraviesan «una etapa de aprendizaje. La continuidad de los entrenamientos y encuentros con otras localidades o mini partidos las va fortaleciendo y dando más resoluciones de situaciones de juego. Por edad no tienen tanta capacidad técnica como para hacer una recepción, dar un pase claramente a un compañero, es más continuó el juego, más de rebotar la pelota por eso se les enseña mucho la parte técnica en este momento. Los diferentes tipos de controles, pases, remates, todo eso lleva su tiempo, estamos en una etapa puramente coordinativa», definió Savarese.
Al principio en la escuela a Jazmín sus amigos varones le «decían que no podía jugar a la pelota porque soy nena», pero ella fiel a sus convicciones «no les daba bolilla», recordó entre risas. Mira por televisión los partidos de Independiente. Su abuelo Ricardo Ostapchuk la hizo de ese equipo de la primera división nacional. Su bisabuela Magdalena Lang concurría a la cancha para ver a sus nietos Jazmín y Benjamín. «Ella siempre los apoyó en todo y los acompañó bastante, también cuando participaron en el Papi Fútbol», rescató Nora. Además de los estudios y el fútbol, Jazmín toma clases de gimnasia rítmica y danzas españolas. «Tiene toda la semana ocupada», dijo su madre. Los fines de semana asisten a torneos formativos. «Me levanto muy temprano con ganas de ir a jugar y viajo con mamá y papá. Me siento feliz cuando gambeteo a los rivales. Mi papá me hizo de River Plate cuando nací y miramos partidos con mi familia», manifestó Brisa. «Lo más importante es que se sientan cómodas, que todo el grupo de chicos se sienta bien eso para nosotros es lo primero», cerró Savarese.