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El clásico que despierta pasiones en el oeste pampeano

Telén-Cochicó

«Bienvenidos al Templo del Oeste». La frase, estampada con los colores azul y amarillo en uno de los paredones del renovado estadio, los recibe con los brazos abiertos. Familias enteras ingresan desde temprano para asegurarse su lugar. Detrás de uno de los arcos, algunos madrugadores logran ingresar con sus vehículos, preferentemente camionetas y estacionadas marcha atrás contra el alambrado, para que la caja oficie de palco VIP.
El resto, reposeras en mano, se van ubicando en los laterales restantes, entre la malla olímpica que delimita el terreno de juego y los muros que cierran el escenario. Conservadoras repletas de refrescos, equipos de mate, tortas, alguna que otra sombrilla y hasta una media sombra para cubrirse del sol, que para esta fecha comienza a ser impiadoso en la región. Todo sirve.
El estadio del Deportivo Telén, inaugurado en 1975 y remodelado hace un par de meses, luce repleto. Gran parte de los 1.500 habitantes que tiene el pueblo dicen presente. Entre ellos el intendente Saúl Echeveste, que alienta como uno más subido junto a su gente a una de las «plateas» móviles. Enfrente está Cochicó, seguido de una caravana que recorre los poco más de diez kilómetros que los separan para alentar a los suyos.
El clásico del oeste, por la cuarta fecha de la Copa Liga Cultural de fútbol, tiene el marco adecuado. Una semana atrás se midieron en Victorica y terminaron igualados 2 a 2. La revancha, inmediata, promete. Está en juego la punta de la Zona «A» que también integra Juventud Unida de Santa Isabel, otro de los guardianes futboleros del oeste pampeano. La fiesta ya está en marcha en El Templo.

A puro gol.
Kevin Ortiz aprovecha un rechazo fallido. En el semicírculo del área rival para la pelota con el pecho, la deja caer, hace pie en el difícil terreno arenoso y saca un zapatazo que se clava en un ángulo. Golazo. Aún no se acallaron los bocinazos de recepción, todavía suenan los ecos de las dos hinchadas y siguen destellando los flashes que instantes antes retrataron a los dos equipos… Apenas transcurrió un minuto del pitazo inicial de Paolo Macchi y Deportivo Telén ya gana 1 a 0.
El escenario es el ideal. El clásico se enciende desde el inicio y los futbolistas juegan al ritmo de las hinchadas. A los 7 minutos lo empata Joaquín Aguiar y le añade pimienta a un partido que sigue sumando condimentos a los 12, cuando Giancarlos Ortiz, primo del autor del primer gol, pone a los locales otra vez arriba.
Cochicó sufre una expulsión (Juan Carrizo) y se aclara el panorama para el Depo, pero a los 26 Facundo Morales cae en el área, Macchi marca penal y Damián Medina lo cambia por el 2 a 2. Enseguida, Nahuel Canuhé ve la roja en el local y todo queda emparejado. El primer tiempo, frenético, termina con el estadio en un nivel máximo de excitación.
Los decibeles, sin embargo, bajan rápidamente. Un mate por acá, una porción de budín por allá, alguna bebida refrescante y la paz pueblerina se apodera del lugar. Por unos minutos reina un murmullo familiar. Hasta que todos vuelven a ocupar sus posiciones, casuales para algunos y estratégicas para otros, para los cabuleros.
El segundo tiempo no decepciona. A los 12 minutos Francisco Rosales vuelve a poner a Telén al frente y un par de jugadas después Cochicó tiene otro penal a favor, nuevamente por falta contra Morales. Medina, el mismo que había logrado el empate parcial, también desde los doce pasos, esta vez falla. Su remate sale desviado y el Templo estalla.
El Depo, adentro y afuera, ve la luz al final del túnel. Aguanta el 3-2 hasta el final y festeja. Los jugadores se apiñan levantando polvo en el medio de la cancha. Saludan y se retiran como héroes. Después de cinco años vuelven a ganar el clásico en condición de local. Su gente los despide con una ovación. Y más allá de las estadísticas, cae un «hijos nuestros» mientras los visitantes caminan hacia los vestuarios mirando el piso.

Una fiesta.
«La gente vive los clásicos de una manera especial. Para los dos equipos, sin importar cómo venimos en la tabla, jugar este partido es algo único», resume Kevin Ortiz, autor del golazo que abrió el encuentro en cancha de Telén y también responsable de uno de los dos goles del 2 a 2 en terreno victoriquense.
«Las dos canchas estuvieron llenas. Primero allá y después acá. La gente siempre acompaña de los dos lados y se arma una fiesta espectacular», agrega el delantero, hijo de Willy Ortiz, uno de los más destacados futbolistas que ha entregado el oeste pampeano.
«En lo personal uno lo disfruta mucho. Para nosotros además fue un desahogo porque hacía mucho que no ganábamos el clásico», explica el joven de 21 años. «El año pasado yo estaba en Alpachiri; me ofrecieron venir a trabajar acá y la verdad es que estoy feliz porque estoy con la familia, los amigos y tengo la posibilidad de una alegría como esta ante nuestra gente», añade el goleador, que además está encargado del área de Deportes de la municipalidad telenense, cuyo titular también disfruta del triunfo detrás del alambrado.
«Sí, el intendente (Echeveste) siempre está y nos acompaña en todo. Es un hincha más», cierra Ortiz, que a modo de agradecimiento por el apoyo le ofrece la victoria «a todo el pueblo». Y en esa dedicatoria incluye a uno de los hinchas caracterizados y colaborador eterno que ya no está en la cancha: El Loco Juan. Una semana atrás, en Victorica, el equipo llevó su foto impresa en el pecho a modo de homenaje. En esta revancha le sacaron una sonrisa esté donde esté, como cuando se sentaba en su sillita para ver, con la frente surcada por el alambrado, los clásicos del oeste.