Inicio Deportes El hijo del profe Romero, amigo y mano derecha de Guillermo Vilas

El hijo del profe Romero, amigo y mano derecha de Guillermo Vilas

PAMPEANO POR EL MUNDO

«Esta no es mi vida, esta no es mi vida», solía decirme mientras estudiábamos. «Él tenía una pasión enfervorizada por jugar al tenis, pero sus padres le decían que tenía que estudiar porque del tenis no iba a vivir para siempre».

Desde Madrid y con una sonrisa, el santarroseño Arturo Romero recuerda los tiempos de estudiante junto a su compañero de residencia, Guillermo Vilas, que por ese entonces comenzaba la carrera de Abogacía y que años más tarde, acompañado por su inseparable amigo pampeano, se convertiría en el tenista más grande de la historia argentina, a tal punto de cambiar la visión y la proyección de ese deporte en el país.

Compañero de habitación, amigo y confidente, Romero acompañó a Vilas desde distintos lugares durante toda su carrera, siendo testigo privilegiado del crecimiento y explosión de un fenómeno que no se colgó el Nº 1 de la ATP de manera oficial por los caprichos de los números del ranking de esos tiempos, pero que en 1977 fue, sin dudas, el mejor tenista del mundo.

Carrera de amigos

Arturo es hijo de Luis Romero y sobrino de Honorio Romero, dos personajes vinculados estrechamente al deporte en nuestra provincia. Su papá Luis fue un reconocido atleta, profesor, entrenador y gestor del primer gimnasio moderno de la ciudad, a mediados de los años ’60, y su tío Honorio fue múltiple medallista en los Juegos Paralímpicos de Tokio 1964 y de Toronto 1976, en las disciplinas de tenis de mesa adaptado y jabalina de precisión, respectivamente.

«Mi familia estuvo históricamente relacionada con el deporte, pero en mi caso practicaba algunas actividades solo de manera aficionada», resume Arturo, que eligió otros caminos y a principios de los ’70 se fue a Buenos Aires a estudiar Abogacía. Aunque por esas paradojas de la vida terminó aún más vinculado al deporte que sus antecesores familiares.
En la Residencia Universitaria San José, donde se albergó para cursar sus estudios, conoció a Guillermo Vilas, quien ya se destacaba a nivel nacional en un deporte que, hasta ese momento, no había tenido la explosión que luego alcanzaría justamente a partir de su figura.

«Compartíamos un cuarto que era para cuatro, con dos compañeros más, y a partir de ahí nos hicimos grandes amigos», cuenta el pampeano, que comenzó a compartir no solo el estudio de las leyes con Guillermo, sino también sus progresos como tenista.

«Cuando empezamos a estudiar Guillermo era número 2 del ranking argentino de un deporte que era muy poco conocido en ese momento. No era el tenis que fue después, que explotó a mediados de los ’70. Pero él, a pesar de que los padres le decían que tenía que estudiar, tenía una visión muy profesional y quería dedicarse al ciento por ciento al tenis», agrega Arturo, que a poco más de un año de iniciar la carrera universitaria, la dejó para acompañar a su amigo en su incursión como deportista profesional.

«Los dos abandonamos los estudios y en mi caso me dediqué por completo a las actividades de Guillermo», explica Romero sobre la continuidad del vínculo: se fueron a vivir juntos a un departamento en Olivos con otro amigo y el deporte pasó a ser el eje de sus vidas.

«Guillermo tenía la empresa GV y Asociados, de la que yo era vicepresidente. Estaba a cargo de la oficina de Vilas-Tiriac Internacional y me ocupaba de las actividades que realizaba Guillermo en Argentina, justo en el momento de su gran explosión deportiva y por lo tanto mediática. Todo bajo la dirección de Ion (Tiriac), que era el coach y manager de Guillermo en el mundo», relata el santarroseño.

En esos años, además de acompañar a Vilas en un circuito que ya lo tenía como figura, Romero comenzó a incursionar definitivamente en el mundo empresarial deportivo, primero con la licencia de la marca de indumentaria italiana Ellesse para Argentina, Chile y Uruguay (desde 1980), y luego con la marca Fila (fue director en Argentina y Brasil entre 1990 y 2010).

«Después me vengo a Madrid. Me invita Tiriac para trabajar dentro de la estructura de su torneo en Madrid (el Masters 1000) y creo una empresa de merchandising especializado en toallas deportivas y técnicas para jugadores. Hoy tengo mi propia empresa; soy proveedor de los productos para vestuarios y canchas que usan los jugadores en el torneo de Madrid y en las finales de Copa Davis. Y también proveemos a la Academia Guillermo Vilas de Mallorca», cierra desde la capital española para resumir su exitosa carrera empresarial.

– Entre otras cosas, también sos el responsable del desarrollo del Vilas Racket Club…
– Sí, en el ’85 concretamos el sueño del club de Guillermo. Fue un proyecto mío que se transformó en el Vilas Racket Club después de cinco años de buscar inversores, terrenos, sponsors…

– Y tengo entendido que fuiste amigo del Flaco Spinetta y que organizaste un particular concierto de rock. ¿Es así?
– Sí, fue en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Por primera vez le pusimos una carpeta a la cancha para no romperla; ahí instalamos las plateas y organizamos el concierto. Fue el concierto despedida de Almendra.

Vilas al 100%

«Guillermo siempre fue un tipo fantástico, muy sensible, amante de la música, gran amigo, muy llano, muy humilde. Recuerdo que una vez alguien le quería hacer un homenaje y él le dice: ‘no te preocupes, yo soy del músculo, no del bronce’. Y muy divertido, compartimos muchísimas cosas lindas con otros amigos de la época», resume Arturo al intentar una semblanza del Vilas más allá de las canchas de tenis.

– Vino varias veces a Santa Rosa…
– Sí; la primera vez que fue a Santa Rosa parábamos todos en casa. Era el año ’76, Guillermo ya era una figura y había como una manifestación permanente de gente en la puerta de casa. También recuerdo que fuimos a hacer una experiencia de cacería de jabalí a cuchillo, con unos baqueanos y con perros. El se entrenaba en el gimnasio de papá; le divertía mucho hacer guantes y mirar boxeo.

– ¿En todo era detallista, metódico y tenaz como lo era en su faz deportiva?
– A todo lo trataba de hacer al máximo de lo que podía. Lo que es maravilloso de Guillermo, como imagen y mensaje inspiracional, es que es un tipo que no dio el 99% para la actividad que eligió, sino que dio el 100%. Si vos me preguntás ¿qué más podría haber hecho Guillermo para ser más? Nada. Dio el 100% de su potencialidad. Y yo digo que es inspirador porque hay muy poca gente que consigue decir ‘en lo que elegí hacer y en mi vocación, conseguí y le di el 100% de todo lo que tenía para dar’. A Guillermo no le quedó ni una gota de sudor, de sacrificio, de esfuerzo…

– Supimos que en los últimos tiempos Guillermo tuvo unas complicaciones de salud por un deterioro cognitivo ¿Cómo está hoy?
– Guillermo está bien, viviendo en Mónaco y disfrutando de su familia. Está bien.

– ¿Lo visitás regularmente?
– Sí, en el último año estuve tres veces en Mónaco, la primera de ellas para su cumpleaños.

– ¿Tenés pensado volver a vivir en Argentina en algún momento?
– No, ya no. Madrid es mi segundo lugar en el mundo y ya desarrollé mi vida acá. Yo digo que soy pampeano de corazón y madrileño por adopción.

Tiriac, de Rumania a La Pampa

Además de la amistad con Guillermo Vilas, Arturo Romero también tiene desde aquellos años ’70 un vínculo muy estrecho con Ion Tiriac, el histórico manager del mejor tenista de la historia argentina y que también condujo las carreras de Boris Becker y Goran Ivanisevic, entre otros.

«Tiriac es una persona única y que hizo de todo; en el tenis y también fuera del deporte como empresario. Es, según la revista Forbes, uno de los mil tipos más ricos del mundo, y viene de una familia muy humilde», cuenta Romero sobre el rumano, que también fue jugador de hockey sobre hielo y destacado tenista.

Entre sus tantas actividades, a Tiriac también le gustaba la caza y por ese lado estuvo a punto de vincularse directamente con nuestra provincia. «Estaba interesado en comprar un coto de caza en La Pampa y yo viajé en 2010 a Santa Rosa para averiguar algunas cosas, pero al final no se concretó la compra», explica el pampeano.

Vilas en Santa Rosa

Guillermo Vilas, Arturo Romero y su papá Luis en el gimnasio durante una de las visitas a Santa Rosa. El tenista entrenaba en las instalaciones del padre de su amigo y disfrutaba particularmente de hacer guanteo de boxeo. «Ahí conoció también a mi tío Honorio, que fue otro gran deportista», recordó ayer Arturo desde Madrid.

Un dobles imposible

Arturo Romero fue la mano derecha de la mejor zurda que conoció el tenis argentino, pero agarró una raqueta recién de grande, perdiéndose la posibilidad de «un dobles imposible» con el ganador de cuatro Grand Slam y más de 60 torneos ATP, entre otros logros.

«Durante los ’70 yo ni siquiera jugaba al tenis; la práctica deportiva la comencé a hacer mucho tiempo después, aunque siempre informalmente. Siempre fui un mal jugador», admite el pampeano, y da las razones de su acercamiento tardío a las pistas como protagonista.

«Durante la época en la que acompañé a Guillermo en el circuito nunca se me ocurrió jugar al tenis porque lo veía como una cosa tan distante, tan hecha a la perfección, que para mí era imposible. Al lado de (Björn) Borg, (Adriano) Panatta, (Ion) Tiriac veía todo tan difícil que me parecía que era inalcanzable para mí deportivamente. Además nunca lo había practicado», explica, y da pie a una breve anécdota.

«Una vez, volviendo de Hawái, Guillermo se quedaba en Estados Unidos y yo me venía a Argentina, y en el aeropuerto me dice: ‘¡Qué boludo, vos en La Pampa podrías haber aprendido a jugar al tenis y podríamos haber hecho un dobles!’ Después sí empecé a jugar, pero era tarde», cierra con una sonrisa.