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«El logro más importante de la historia»

SE CUMPLEN 25 AÑOS DE INDEPENDIENTE DE PICO CAMPEON DE LA LIGA NACIONAL DE BASQUET

Sábado 24 de junio de 1995. En General Pico se respira básquet. Se juega el quinto partido de las finales de la Liga Nacional y, por primera vez, un equipo de la provincia puede alcanzar la gloria.
«¡Me dicen el Matador, nací en La Pampa…!». La versión pampeana del ‘Matador’ de Los Fabulosos Cadillacs suena más fuerte que nunca. Conducido por Mario Guzmán, capitaneado por Jorge Zulberti y guiado por figuras de la talla de Esteban De La Fuente, Melvin Johnson, Malru Dottin y un joven Facundo Sucatzky, Sportivo Independiente sale al Gigante de la Avenida San Martín decidido a cerrar una serie que ya gana 3-1.
Al cabo de 40 minutos y ante 5 mil personas, el Rojo se impone 130-111 ante Olimpia de Venado Tuerto y consigue que esa noche quede marcada a fuego. «Fue el logro más importante de la historia del deporte pampeano», dice hoy Zulberti al recordar aquella conquista, 25 años después.

Un gran campeón.
La temporada 1994/95 de la Liga Nacional de Básquet fue la undécima edición del certamen más importante del país. En una década en la que dominaban Atenas de Córdoba, GEPU de San Luis, Peñarol de Mar del Plata, Olimpia de Venado Tuerto y Boca Juniors, Independiente había logrado el ascenso en la temporada 1992/93 y rápidamente se había tuteado con los poderosos. En su primera incursión en la máxima divisional (edición 93/94) había llegado a la final, que terminó perdiendo ante Peñarol por 4 a 1.
La revancha iba a llegar pronto. Para el torneo siguiente, el entrenador Mario Guzmán, que estaba desde el ascenso, logró conservar la base del plantel, reemplazando a Michael Wilson (se fue antes de las finales contra Peñarol) por un joven Malru Dottin y sumando nada menos que a Esteban De La Fuente, que venía de ser campeón y figura con los marplatenses.
La campaña del Rojo fue impecable. Ganó 40 de los 55 partidos jugados y en los play off encontró su mejor versión, al imponerse en 10 de sus 11 juegos. Su única derrota en un mano a mano fue en el tercer partido de la final, cuando en Venado Tuerto cayó 107-93. Antes, en casa había sacado ventajas con dos triunfos claros (124-117 y 88-84) y como visitante había ganado el juego clave en el cuarto cruce: 108-107 en suplementario.
Quedaba ponerle la frutilla al postre y todo estaba preparado para la noche de aquel 24 de junio, hace exactamente 25 años. Independiente no dejó dudas: ganó 130-111 y le sobró tiempo hasta para festejar antes de la chicharra final.
El goleador del Rojo esa noche fue Johnson con 30 puntos, seguido por Zulberti con 29, De La Fuente con 22, Sucatzky con 18 y Dottin con 15, los cinco iniciales de un plantel que completaban Pablo Lamare (hizo 14 el día de la consagración), Alberto Falasconi, Aldo Yódice, Franco De Onofrio, Marco Oyola, Jorge Sánchez y Pablo Caridi.
Por primera vez -y única-, un equipo de La Pampa se consagraba como el mejor de Argentina en un deporte súper profesional.

El comienzo.
«Cambiamos un poco a historia de la Liga, que venía del predominio de Atenas, de Ferro, de los históricos… Nosotros éramos un club chico, con mayoría de sextos jugadores de las temporadas anteriores, en un lugar nuevo y terminamos siendo una sorpresa, para cambiar definitivamente la forma que en que los equipos grandes veían a los chicos y a los del interior», recordó Zulberti, el capitán de aquel Independiente campeón hace 25 años.
En una charla a través del Instagram oficial del Rojo, y con el relator Carlos «Cachacho» Pacual como moderador, el Chino Zulberti repasó aquel logro inolvidable y valoró todo el proceso de formación del plantel que terminó llegando a lo más alto.
«Mario (Guzmán) armó un equipo con todos jugadores de rol, con muchas ganas. Recuerdo que Facundo (Sucatzky) era muy jovencito y que Aldo (Yódice) y yo éramos los más grandes», señaló Zulberti al recordar al plantel que debutó en la Liga en la temporada 93/94.
«Aparte del llamado de Mario y de la propuesta económica, en mi caso me gustó el hecho de que volvía a ser importante en un equipo. Y terminó siendo el lugar que marcó un antes y un después en mi carrera y en mi vida. Incluso hoy extraño mucho a Pico y siempre tengo ganas de volver», aseguró quien levantara la copa por primera vez en La Pampa.
Zulberti valoró esa génesis del equipo que dos años después sería campeón, e insistió con que si no fuera por la partida de Wilson, podrían haber logrado el título en su debut en la máxima categoría. «Me acuerdo hasta la entrada en calor que hicimos en la primera práctica. Era una cancha grande, porque luego fue sumando plateas a medida que ganamos partidos… Ninguno pensaba en llegar donde llegamos; fue una sorpresa hasta para nosotros mismos, que nos vimos compitiendo con jugadores y equipos con historia», apuntó.
«Pero se fue dando por la sabiduría de Mario, el apoyo de los dirigentes y el crecimiento de los jugadores, además de la gran relación que logramos con la gente, que nos invitaba a sus casas a comer, a compartir asados…», amplió quien con sus dagas de tres puntos era pieza clave en ese equipo.
«Y todos apoyados en los dos tremendos jugadores que eran Melvin (Johnson) y Michael (Wilson). Estoy convencido que si Michael no se iba para esa final con Peñarol (viajó a Estados Unidos por un tema familiar y no volvió más), éramos campeones un año antes», aseguró.

El final.
«Yo estuve en la génesis de ese equipo y sabía lo que podía dar. Y al año siguiente, cuando confirmaron que venía Esteban (De La Fuente), sabíamos que contábamos con un plus. Ibamos a ser los mismos del año anterior, pero potenciados. Y lo demostramos en cancha», sintetizó Zulberti al referirse ya a la temporada de la coronación.
«Esteban aceptó el rol que le tocaba; era un jugador brillante, todo terreno. Después, Melvin hacía todo perfecto y Facundo tenía mucha habilidad. El resto éramos todos jugadores simples, que sabíamos hacer las cosas y que jugábamos bien. El único que la picaba era Facundo, el resto jugábamos con pases», amplió con respecto a un juego que sorprendió a toda la Liga por la velocidad de las transiciones y el movimiento de la pelota, en una época en la que los Cortijo y los Milanesio habían hecho un culto por llevarla de lado a lado pique tras pique.
Con esa particular manera de moverse en cancha, el que para entonces ya era conocido en todo el país como ‘El Rojo de La Pampa’ barrió a Ferro en cuartos de final y a Boca Juniors en semifinales, para afrontar su segunda final consecutiva, en este caso ante el Olimpia de Héctor Campana, Alejandro Montecchia, Jorge Racca y Sebastián Uranga, entre otras figuras.
«Recuerdo que el día del quinto partido no entraba un alma. Afuera era una fiesta y adentro había gente colgada por todos lados, a tal punto que yo no sabía ni donde estaba mi familia», repasó Zulberti. «Pero era tal el poder de concentración que teníamos, que lo único que veíamos era la cancha, los compañeros y los rivales. Recién en los últimos minutos, cuando todos empezaban a festejar porque ya era irreversible el resultado, me di cuenta y empecé a buscar con la mirada a mi familia», agregó el Chino.
Y cerró recordando el momento en el que, como capitán, levantó la copa. «La descarga emocional fue tremenda porque en lo particular era la tercera final que jugaba y por primera vez era campeón. Y por toda la gente y el esfuerzo que se había hecho para llegar a ese lugar. Continuamente me encuentro con gente que me habla de Independiente y me agradece. Y el agradecido soy yo», concluyó.

De la gloria al ocaso
Independiente de Pico no solo fue campeón de la Liga Nacional 1994/95, sino que logró los subcampeonatos de los torneos 93/94, 96/97 y 98/99, además de coronarse campeón de la Liga Sudamericana en 1995. Pero a pesar del gran apoyo estatal, las deudas fueron creciendo por los oscuros manejos dirigenciales y terminaron dinamitando al club, tanto en lo deportivo (descendió y luego vendió su plaza) como en lo económico, con varios años de crisis sucesivas. Hoy, en vísperas de su centenario (lo cumplirá el 20 de agosto), el Rojo está nuevamente de pie.