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El sueño olímpico que frustró el bloqueo

ANGEL HEREDIA

En pocos días, el 23 de julio, se pondrá en marcha otra edición de los Juegos Olímpicos, y nuevamente un pampeano estará presente en la gran cita del deporte. En Tokio, Japón, el futbolista Alexis Mac Allister jugará con la Selección Argentina una de las competencias más importantes del deporte mundial, donde estarán atletas de países de todo el globo.
Antes, solamente tres pampeanos tuvieron la enorme satisfacción de defender los colores nacionales en semejante cita. Este diario publicó hace algunas semanas que el boxeador Walter Desiderio Gómez fue el primero en Munich 1992; y que cuatro años más tarde se darían quizás uno de los gustos más grandes de sus vidas deportivas el basquetbolista Jorge Racca y la nadadora Alicia Barrancos. Serían los únicos… aunque haya habido un cuarto comprovinciano que se había ganado ampliamente el derecho a participar en Moscú 1980, pero esa vez el diablo metió la cola y el pibe pampeano -tenía entonces 22 años- se quedó con una enorme frustración. Ángel Héctor Heredia no puede -en los prolegómenos de cada juego- dejar de sentir un dejo de nostalgia «y de tristeza. Me pasa en este tiempo, pero no me queda otra que aceptarlo: pude ser olímpico, había conseguido la clasificación y no sucedió. Fue la gran frustración de mi vida deportiva», dice al recordar aquel momento.

El boicot a los Juegos.
Eran tiempos de dictadura y gobernaba la Junta Militar que encabezaba Jorge Rafael Videla. El hecho de que por primera vez los Juegos Olímpicos se iban a realizar en un país comunista, y ante la medida encabezada por Estados Unidos, con la excusa de la invasión soviética a Afganistán meses antes, Argentina adhirió al boicot a Moscú 1980. Algún periodista ha ironizado con que la medida del gobierno estadounidense resultó paradójica: esto es que la Unión Soviética había incurrido en una acción que sólo estaba reservada para los EE.UU.
Con la decisión de no concurrir a los juegos se frustró a cientos de atletas de distintas disciplinas que habían ganado en diferentes competencias el derecho a estar en la justa olímpica, entre ellas el boxeador santarroseño, Ángel Heredia.
El boicot tuvo un acatamiento a medias, porque se sumaron a la medida 66 países, en tanto concurrieron a la cita 81 naciones.

Un sueño roto.
Ángel Heredia tiene hoy 62 años, de los cuales 40 los transcurrió como empleado de la Administración Pública provincial. «Entré en la Imprenta Oficial en 1980 y hoy estoy a cargo del Archivo del Registro Civil», cuenta ahora.
Nacido el nacido 22 noviembre de 1958, y viviendo a pocos metros del gimnasio del entonces Club Fortín Roca, y con su hermano Justino ya boxeador, ya «cuando tenía 8 ó 9 años» Ángel empezó a concurrir a los entrenamientos. Comenzó su carrera amateur en 1975, y realizó una larga campaña en esa condición, hasta que surgió la posibilidad de competir en 1979 en el campeonato de Aficionados que era Selectivo para los Juegos Olímpicos de Moscú.

Campeón en el Luna.
«Osvaldo Maldonado era mi entrenador, y con él nos propusimos conseguir esa meta. Nos preparamos varios meses hasta que llegó el momento ir al torneo, que se hacía en la Federación Argentina de Box, y la semifinal y final en el Luna Park», rememora Ángel.
Y sigue: «En el rincón también estuvo el querido Vicente Espinosa, y todo fue muy bien: gané en categoría welter junior (63.500) tres peleas en la FAB, y en el Luna la semifinal; y después la final a Carlos Magallanes el 31 de marzo de 1980. Teníamos tremenda alegría de saber que íbamos a viajar a los Juegos Olímpicos», expresa ahora.
El resto de la delegación a Buenos Aires la componían «Eduardo Gómez, El Mono Torres, Osvaldo Feraude y el Turco Mussa. Después de ganarle a Ricardo Espinosa, que se consideró la mejor pelea del torneo se me acercó un periodista y me puso los auriculares. Hablé con José María Muñoz que me hizo un largo reportaje…», menciona.

Máxima frustración.
Heredia recuerda puntillosamente aquellos días… el viaje de regreso, la gente que los esperaba al paso por Catriló, y el recibimiento en Santa Rosa. «Nos habían dicho que nos llamarían para entregarnos la ropa de la delegación argentina, pero nunca ocurrió… Después de algunos días nos enteramos que el gobierno nacional había decidido no participar de los Juegos, adhiriendo al boicot orquestado por Estados Unidos. Por supuesto que fue la máxima frustración de mi carrera deportiva, porque es el sueño de todo deportista aficionado. A veces pienso que de haber ido a Moscú quizás me hubiera cambiado la vida… O quizás no. Dios sabrá por qué no me dejó participar», dice en voz baja.
Después se haría boxeador profesional. Pero esa es otra historia.

Muchos no saben.
«La gente sabe que el último boxeador pampeano en clasificar a los JJ.OO. fue Walter Gómez para Munich 1992… En mi caso nunca recibí un reconocimiento, aunque sí hubo a otros por conseguir logros más o menos importantes. Pero la verdad es que a veces me doy cuenta que hay periodistas jóvenes que no saben quién fui en el boxeo», dice comprensivo y sin un tono de reproche… «Puede ser que por el paso de los años muchos se olvidaron… pero ese campeonato argentino en el Luna y la clasificación a Moscú fue de máxima importancia», afirma.

No pudo ser.
No obstante aquella frustración Ángel es una persona feliz: «Estoy casado con ‘Muñe’ desde 1982, tenemos a nuestros hijos Alexis, Tamara, Franco y David; y a nuestros nietos Sabrino e Inti, cuyo papá es el también periodista Alcides Di Pietro», resume.
En el final admite: «Siempre me queda un dejo de tristeza por aquello, pero hay que aceptarlo». Dueño de un pequeño gimnasio en su propia casa despunta el vicio allí, aunque el boxeo ya no es el centro de su vida como cuando tenía el sueño de ser campeón olímpico; y de conocer al fabuloso pugilista cubano Teófilo Stevenson, que sí estuvo en aquella cita de Moscú.
«No pudo ser… pero ya está. Es un recuerdo… a veces un poco triste, pero no me puedo quejar porque la vida me recompensó con creces», concluye el olímpico que no pudo ser. (M.V.)