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El TC levanta temperatura en Toay

«¡Enfríen las gomas; enfríen las gomas!». Mientras ajusta el alerón trasero de la Dodge de Jonatan Castellano, uno de los responsables del equipo da órdenes a los mecánicos. Todos están ocupados en atender las diferentes partes del auto como si estuvieran haciendo una operación de urgencia. Desde el interior del box sale disparado otro de los trabajadores y, regadera en mano, se dedica a la tarea indicada. Otro moja una especie de trapo rejilla y también lo escurre sobre los neumáticos; los delanteros todavía en su posición y los traseros sobre el piso, esperando volver a ser colocados.
El agua es el elemento clave. Más de 30 grados de temperatura azotan las instalaciones del Autódromo Provincia de La Pampa, en Toay, y la sensación en la pista es aún mayor. Los boxes son un hervidero, con gente que viene y va. Se está desarrollando la segunda tanda de entrenamientos del Turismo Carretera y todos aprovechan para pulir detalles, hacer pruebas y evaluar rendimientos.
Cada uno cuenta con 30 minutos para girar y hacer ajustes cuantas veces quiera. No está en juego la clasificación oficial, pero cada segundo vale como oro. Es el momento indicado para lograr la puesta a punto que el escenario y las condiciones requieren. Y el calor es todo un tema.
La imagen de los mecánicos enfriando las gomas se repite a lo largo de la calle de boxes: desde la pulcritud del espacio del campeón Agustín Canapino, en el primer lugar de la fila, hasta los equipos más humildes, al fondo. Todos se ocupan de bajar la temperatura de los diferentes elementos y de los neumáticos especialmente. Hasta el propio Gurí Martínez, recientemente retirado como piloto, da una mano acarreando un balde lleno de agua para que trabaje su equipo.
Los pilotos también aprovechan cada parate. Mientras comparten con los ingenieros las virtudes y defectos de sus máquinas, se hidratan y abren las puertas para tomar aire. A su alrededor todos corren. Aprietan una cosa y aflojan otra. Hasta que todo queda en condiciones y el motor vuelve a encenderse. La primera acelerada sirve para espantar a algunos curiosos; a la segunda el auto ya está apuntando a la salida. Otra vez a la pista. Con todo un poco más fresco, los tiempos tienen que bajar.

Una bala más.
«Cada vez me quedan menos balas en el cargador», dice con una sonrisa Mariano Werner, haciendo referencia a la victoria que aún no tiene y que necesita para estar en condiciones de ser campeón. El entrerriano, con el Ford Nº 4, fue el mejor de los entrenamientos de ayer y se perfila para pelear los primeros lugares, tanto de las clasificaciones de hoy como de las series y la final de mañana.
En tierras pampeanas se está disputando la penúltima fecha del calendario del Turismo Carretera y, para aquellos que como Werner aún no ganaron, este fin de semana se pone en juego una de las últimas dos balas. «No estoy ansioso, pero necesito ganar», insiste el referente de Ford, mientras se lamenta porque su auto «no va rápido en lo derecho» y a la vez se entusiasma porque «mejoró algo con los cambios aerodinámicos y de carburación» que realizaron en la tarde toayense.
A 110 milésimas del Zorro de Paraná quedó el máximo ídolo actual de Chevrolet, Guillermo Ortelli, quien en los entrenamientos mostró un rendimiento como el de sus mejores tiempos. «Estoy contento; fue un lindo viernes. Me gustó desde que pusimos el auto en pista», dice el siete veces campeón de La Máxima, que en una especie de resurrección fue el mejor del JP Carreras, equipo que cuenta con los dos líderes de la Copa de Oro y grandes candidatos a la corona: el puntero Valentín Aguirre, ayer octavo con la Dodge, y su escolta Manuel Urcera, que terminó décimo con la Chevy.
Hoy, con las dos tandas de clasificaciones oficiales, se sabrá si Werner sigue siendo el mejor; si lo de Ortelli continúa en alza; si Juan Bautista De Benedictis (Ford) -ayer tercero- está para ir por el triunfo que también necesita para pelear por la corona; si Canapino (sexto en los entrenamientos) logra dar el salto definitivo y se sube a la punta de la Copa antes de la última fecha; si Aguirre y Urcera tienen las armas para defender sus lugares…

Afuera, arde.
Emanuel no para de bajar leña. Parado en la caja de su camión -estacionado contra el alambrado, casi al final de la recta principal del circuito pampeano-, el joven de Trenel arroja los troncos y los va apilando al lado de una de las dos parrillas que reposan contra el paredón. En un freezer, alimentado por un grupo electrógeno y acomodado unos metros más adelante, esperan corderos, lechones y otras carnes. Y a su lado, aún sin conectar, una pantalla de TV satelital y otros elementos para hacer la estadía más llevadera.
«El resto está llegando», dice el camionero, que entró el jueves en el autódromo y por ese madrugar cuenta con un lugar de privilegio. «Seremos unos 14 en total», agrega el hincha de Chevrolet -así lo confirma su gorra-, que augura un triunfo «del campeón Canapino».
En la misma parcela, delimitada por una cinta y unas sogas, está estacionado el acoplado del camión, en su caso oficiando de habitación, plagado de colchones y otros bártulos. «Desde que se inauguró el autódromo vinimos a todas las carreras del TC. Por lo menos a seis carreras al año vamos. Ahora hacemos esta y la última en Neuquén», cuenta el trenelense, ya palpitando la fecha coronación. ¿Y la crisis? «Está duro, pero cuando hay pasión uno se las arregla», cierra, y se para a la sombra a esperar que «el resto» llegue para darle una mano.
La actividad en pista se va apagando y ya se ven algunos fuegos. El ruido de los motores también va dejando espacio para el sonido de los parlantes. El sol aún está alto y cada uno de los miles que ya cubren el perímetro del circuito buscan refugio en toldos, sombrillas, carpas o la sombra de algún caldén. El mundo del TC ya arde en Toay. Y la fiesta recién comienza.