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Esa sensación única del debut en Primera División

HISTORIAS DEL FUTBOL NUESTRO: ZUNINI DIO EL GRAN PASO

Luchy se para al lado de la línea de cal, mira al cielo, levanta levemente los brazos y eleva unas palabras en voz baja. Su entrada se demora. Deportivo Mac Allister está ganando 3-1, queda casi media hora de partido y quien tiene que dejar su lugar es la figura del juego. Darío Benvenuto enfila hacia el medio de la cancha pero acorta sus pasos; simula trotar pero parece no avanzar. El ingreso del juvenil se retrasa unos instantes más.
Luchy se pone de espaldas para mostrarle el ’15’ de su camiseta al árbitro. Mientras el ’10’ camina los últimos metros antes de salir, todas las miradas se posan sobre el llamativo jopo rubio del juvenil que está por saltar al campo. El resto de la cabeza rapada denota que fue sometido a ese ridículo ritual del «bautismo» por el que aún hoy deben pasar los chicos que van a dar sus pasos iniciales en Primera División.
Luchy, por fin, pone sus pies sobre el verde césped de la cancha principal de Mac Allister. Conoce cada desnivel, cada pocito y tiene todas las referencias de un terreno que lo ha visto crecer en los últimos años como futbolista. Pero ahora, oficialmente, ensaya su primer pique como jugador de la máxima categoría del fútbol culturalista.
Luchy corre directamente hacia su área, donde una barrera espera por un tiro libre en contra. Al borde del cuadro mayor, y durante toda la «ceremonia» del cambio, Eduardo Barcar estuvo midiendo cada centímetro con el objetivo de que esa pelota parada se transforme en el descuento para Independiente de Doblas. Cuando el debutante está por llegar al área, el árbitro Shair Salomón da la orden y el remate del zurdo doblense se clava contra un palo.
Luchy se toma la cabeza. Independiente, escolta del campeonato, acaba de ponerse 2-3 y los chicos de Mac Allister -ahora con él incluido- deberán aguantar. El Depo hace diez partidos que no gana y el Rojo es uno de los mejores del torneo. El debut, con el que soñó largos años y cuya inminencia le impidió descansar la noche anterior, será mucho más complicado del ideal que había imaginado.

Soñador.
Luchy es Luciano Zunini. Tiene 16 años y es oriundo de Victorica. Comenzó a jugar al fútbol como lateral derecho en Cochicó, de la mano del entrenador Darío Rodríguez, y con el paso de los años fue cambiando su posición en la cancha para transformarse en delantero, o «puntero», como él mismo se define.
Con el anhelo de llegar algún día al fútbol grande, y avalado por sus buenas actuaciones en las divisiones inferiores del club de su ciudad, Zunini se presentó hace tres años a una prueba de Mac Allister y quedó seleccionado para sumarse a la institución santarroseña, reconocida por sus éxitos en el fútbol formativo y por promover muchos juveniles a clubes de Buenos Aires.
«Mi sueño es llegar a un club de AFA y por eso decidí venirme acá», resume el victoriquense, que en la capital pampeana vive en una pensión junto a otros futbolistas de Mac Allister y cursa el quinto año en el Colegio Nacional (General San Martín).
Hijo de médicos (su papá es Darío Zunini, director del hospital de Victorica), Luciano se imagina extendiendo la tendencia familiar, en su caso como kinesiólogo, siempre que el futuro en el fútbol no sea el esperado. Pero hoy, con el debut consumado, se siente más futbolista que nunca.

Revancha.
Luchy es delantero, pero por la situación del partido está obligado a dar una mano en el esquema defensivo de su equipo, que intenta aguantar el 3-2 a su favor. Como una ardilla persiguiendo una bellota, el chiquitín de Victorica -que apenas supera el metro y medio de altura- corre detrás de cada uno de los jugadores de Independiente que recibe la pelota. Su objetivo es impedir que la visita arme juego.
Luchy se agota a los pocos minutos. Los nervios del debut le juegan una mala pasada y por momentos se sostiene con sus manos sobre las rodillas. Busca aire. «La noche anterior no dormí», contará después del partido al explicar que la convocatoria para ocupar por primera vez un lugar en el banco de suplentes había alterado su descanso y, por lo tanto, sus energías. «Me temblaban las piernas», agregará.
Luchy se esfuerza pero no encuentra resultados. Todo es de Independiente, que a los 30 minutos alcanza el empate. Faltan 15 y flaquea la resistencia de Mac Allister. El debutante no baja los brazos. Esperó años por este momento y un resultado adverso no lo va a arruinar. Genera una falta que le sirve a su equipo para salir del fondo y aguanta otra pelota como para que corran los minutos…
Luchy, de repente, parece empezar a disfrutar el partido. Los dos cachetazos del Rojo le ayudaron a cambiar el aire; ahora se siente cómodo. Y a los 37 tiene su revancha: corre variosmetros a pelear una pelota contra Barcar (el autor de aquel gol de «bienvenida»), la gana arrojándose al piso y genera una contra que termina con el 4-3. Mac Allister gana después de diez fechas y sale del fondo.
Luchy debutó este domingo, pero su pequeña historia es la de miles de juveniles a los que un día les toca el turno de dar ese primer gran paso que siempre será único. «Estoy feliz», asegura.