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«Fue mi mejor victoria»

YESICA CANTELMI, TRAS GANAR EL DESAFIO AL VALLE DEL RIO PINTO

«No fue tomarme revancha, siento que logré mi mejor victoria desde que compito en mountain bike», manifestó ayer la piquense Yésica Cantelmi, quien se impuso en la clasificación general de damas en el Desafío al Valle del Río Pinto, disputada el pasado domingo, con epicentro en La Cumbre, Córdoba, con la participación de 4.800 ciclistas.
Cantelmi se impuso estableciendo un tiempo de 3 horas, 19 minutos y 38 segundos para completar los 85 kilómetros, escoltada por la marplatense María Lourdes, que ganó el año pasado, y la puntana Erminda Mercau.
Cantelmi llegó a esta competencia tras lograr una serie de victorias, como por ejemplo en Toay, Ameghino, Larroudé. Alpa Corral, Ingeniero Luiggi, Embalse Río Tercero y Villa Yacanto.
Cantelmi comentó que todo el mundo quiere ganar el Desafío al Río Pinto, por lo que significa la carrera tanto por su nivel como la cantidad de pedaleros que reúne en cada edición. «Después de no poder ganar en Altas Cumbres, dije que algo bueno se venía, e inmediatamente pensé en el Río Pinto. Le dije a mi entrenador que quería llegar a esta competencia sin tanta presión como el año pasado.
-Sacarte la presión terminó siendo la clave del triunfo.
-Claro. Llegué al Desafío relajada, bien emocionalmente, con un buen entrenamiento y con la idea de disfrutar la carrera. También me ayudó el hecho de que hace poco comencé a trabajar en la bicicletería de unos amigos, en donde encontré tranquilidad.
-¿Cómo fue la carrera?
-Fue una prueba dura, aunque terminé en buenas condiciones como nunca antes. Desde que inició la carrera siempre estuve adelante, controlando el pelotón y tratando de sacar una diferencia. Hice una carrera inteligente, bajé Cuchi Corral sola, como el año pasado, aunque después busqué que me alcanzaran para poder dosificar el ritmo. Una vez que fui conectada, se armó un grupo de cuatro o cinco ciclistas, trabajamos parejo. Luego, en un tramo de subida, intensifiqué el ritmo, trataron de seguirme hasta que quedé sola.
Cantelmi explicó que además del buen estado físico, hay que correr con mucho atención para no sufrir una caída. «Por ejemplo, la bajada de Cuchi Corral es técnica, de curvas y contracurvas, después hay que atravesar arroyos, con piedras. La Bajada del Mirador también es una zona complicada, en la que se debe tener mucho cuidado para no caerse. A lo largo de la competencia uno ve como los ciclistas sufren caídas y rompen las bicicletas».
-¿Cómo fueron los últimos kilómetros?
-La última parte fue con mucho cuidado, no sabía si me estaban alcanzando. Traté de sostener la velocidad, miraba para atrás, pero no veía a ninguna de mis rivales. Algunos ciclistas me decían que estaba sola, pero no podía descuidarme. Tuve el fantasma de que me podían superar.
-¿Cuándo pudiste festejar?
-Al entrar a la manga comencé a emocionarme por todo el cariño que me brindó la gente, y cuando crucé la línea de llegada pude festejar. Fue algo muy emocionante, que no me lo olvidaré nunca. Me acordé de mi hija, de las horas que la dejó, de los amigos que siempre me alentaron y de toda la gente que me brinda apoyo.

De ingeniera a mecánica
Desde hace un mes, Yésica Cantelmi trabaja como mecánica en una bicicletería de unos amigos en la ciudad de General Pico. Se siente cómoda, en un lugar en donde puede interactuar con otros ciclistas y desarrollar el trabajo que antes lo hacía con su bicicleta.
Cantelmi, de profesión ingeniera agrónoma, se terminó de inclinar por el mountain bike a partir del año pasado cuando de repente se quedó sin trabajo en el Senasa. «Fueron meses duros, hasta que gané el campeonato Argentino, y me dio fuerzas para seguir haciendo lo que me apasiona y disfrutar mucho más la bici. Dejé de estar pendiente del trabajo profesional que tenía, terminé de sentirme más libre para poder viajar a las carreras».
Cantelmi agregó que en este momento vive de la bici, y de trabajar como mecánica. «Me encanta armar, desarmar y arreglar las bicicletas, de conversar con la gente. Mi padre era contratista rural, y yo desde los ocho años andaba arriba del tractor. Los fierros siempre me gustaron».