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La despedida de Beanatte

HABIA JUGADO AL FUTBOL EN VARIOS EQUIPOS DE LA LIGA CULTURAL

A la edad de 67 años dejó de existir el pasado fin de semana Carlos Alberto Beanatte, reconocido ex jugador de fútbol de varias instituciones de nuestro medio en los años ’80. Su deceso causó cierto estupor y tristeza porque Beto -el apodo con que se lo conocía-, tenía además de un enorme amor por el deporte, un don de gentes que lo hacían distinguirse claramente en un ambiente tan competitivo como el fútbol.

Distinguido por su caballerosidad.
Si algo lo caracterizaba era su lealtad -incluso para alabar a un adversario ante una buena acción, aunque eso no favoreciera a su propio equipo-, y se lo recordará saludando con especial corrección a todos los protagonistas al cabo de un partido. «Al terminar cada encuentro nos saludaba a nosotros, sus compañeros, con un beso en la mejilla, y de inmediato iba hasta la salida para esperar a cada uno de los adversarios y extenderles su mano. Eso aunque perdiéramos, aún así era exactamente igual, reconociendo al contrario que lejos estaba de resultarle un enemigo…», dijo por estos días alguien que compartió planteles con él al conocer la noticia de su fallecimiento.

Su arribo a Santa Rosa.
Llegó a Santa Rosa en 1978, poco después que Argentina se consagrara campeón mundial- desde La Paternal, el barrio en el que recaló después de haber nacido en Pablo Podestá, y en cuyos potreros desarrolló lo que fue la gran pasión de su vida. Casi inmediatamente se vinculó con el ámbito futbolero local, mientras comenzaba a trabajar en la terminal de ómnibus como boletero de la empresa TUS, aunque siempre también estuvo dedicado a la mecánica dental, que finalmente resultó el trabajo en el que fue más reconocido.

Un hombre inquieto.
Hacía un poco de todo, le gustaba soldar y hacer algo de herrería, y últimamente se había dedicado al armado de plantas -junto a su esposa Teresa Beatriz- e iba a las ferias a vender.
Sus hijos señalan que era común verlo frente al televisor «aunque pasaran Flandria-Deportivo Paraguayo, miraba todo y era loco por el fútbol. Jugó ‘fútbol 5’ hasta los 65 años, cuando fue operado de una rodilla, hasta tres veces por semana. Además supo disputar las Olimpíadas de Ingenieros todos los años, y cuando La Pampa no participaba lo hacía para Corrientes o Córdoba».

Jugó en varios clubes.
En Buenos Aires -donde jugaba como lateral por derecha y se destacaba por su velocidad- se desempeño en J. J. Urquiza. Más tarde, ya afincado en Santa Rosa, en la Liga Cultural se ubicó muchas veces como central, con la casaca de General San Martín, General Belgrano, Sarmiento y Colonia Santa María. Ya retirado de la actividad oficial, su pasión siguió inalterable y se dedicó al fútbol de veteranos.

Su fallecimiento.
Se lo podía ver junto a sus hijos, al menos dos veces por semana, disputando partidos de fútbol 5, hasta que una de sus rodillas lo privó de seguir haciéndolo. Pero hasta los 65 años se dio ese gusto.
Una dolencia que se le había detectado en los últimos meses culminaron con su fallecimiento la semana anterior, mientras era tratado en Capital Federal. Su deceso enluta a la familia que conformaban con su esposa, sus hijos Matías y César; y sus nietos Donato, Alvaro y Valentín; además de una vasta legión de amigos que supo granjearse en más de 40 años viviendo entre nosotros.