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La «industria» del fútbol culturalista parada por la pandemia

El fútbol es, en esencia, un juego. Un deporte reglado hace más de 150 años que implica una competencia, un esfuerzo físico, un entretenimiento, una manera de socializar, de emocionarse y de apasionarse, ya sea por jugarlo o por observarlo, y que mueve a cientos de millones de personas en el mundo.
En el ámbito profesional, esa función lúdica fue desbordada ampliamente por el negocio y el espectáculo masivo, convirtiendo a la actividad en una de las movidas financieras más grandes del globo. Pero incluso en los lugares donde aún prevalece el espíritu amateur, como en La Pampa, el fútbol también es una «industria», que genera un círculo virtuoso entre sus diferentes actores: los que participan directamente por placer, pasión o trabajo, y los que indirectamente se benefician económicamente o de manera recreativa.
Hoy parado desde hace casi cuatro meses a raíz de la pandemia de coronavirus, el fútbol de la Liga Cultural mueve a más de 7.000 jugadores por temporada divididos en más de 40 clubes, a unos 150 árbitros, a cientos de policías, a dirigentes, a transportistas, a socios, a colaboradores y a un innumerable grupo de personas que dan o reciben. En 2019, por ejemplo, se movieron unos 15 millones de pesos sólo entre pago de arbitrajes, adicionales policiales y traslados. Y todo quedó en la provincia.

Los actores.
Los jugadores son los actores principales y obviamente componen la gran masa del fútbol culturalista. Desde los que participan en los encuentros infantiles hasta los que integran los planteles de Primera División, son miles los futbolistas que cada fin de semana patean una pelota y circulan por la provincia para enfrentar a uno y otro rival.
De acuerdo a un relevamiento que hizo la propia Liga Cultural sobre la base de lo que ocurrió en la última temporada, en la actualidad hay casi 7.500 jugadores federados a esa entidad: 6.040 entre infantiles e inferiores de las Zonas Norte y Sur; más 1.400 entre Juveniles y Primera División, también de ambas regiones, para completar un total de 7.440.
Los otros actores que suben al escenario principal culturalista son los árbitros, que en la Zona Norte están divididos en varias agrupaciones. En ese sentido, entre árbitros principales y asistentes en la Liga hay un registro actual de 110 colegiados para actuar en el Norte.
En la Zona Sur, en tanto, dirigen agrupaciones con asiento en Bahía Blanca, que por fin de semana envían unos 50 árbitros (entre principales y asistentes) para trabajar en el ámbito de la Liga Cultural, por lo que en total hay más de un centenar y medio de actores.
Aunque no entran a la cancha como los futbolistas y los árbitros, los entrenadores y demás integrantes de los cuerpos técnicos también son protagonistas principales del espectáculo futbolero. Mientras se avanza en conseguir que todos los equipos sean dirigidos por directores técnicos con título (a partir de este año será una exigencia de Consejo Federal para la Primera División), en cada club hay entrenadores diplomados y muchos otros que desarrollan ese trabajo sin ser profesionales, especialmente en las categorías menores.
En números, un aproximado lo reflejan la cantidad de equipos que hay participando, porque cada uno de ellos -sea de infantiles, inferiores, juveniles o Primera- tiene un entrenador o una entrenadora, y sus respectivos asistentes.
En ese sentido, en la actualidad hay 46 clubes afiliados a la Liga Cultural, pero cada institución cuenta con varios planteles de las diferentes divisionales. De acuerdo a la última temporada (en esta algunos torneos no alcanzaron a comenzar), 133 equipos -cada uno con sus cuerpos técnicos- compitieron entre todas las categorías de las zonas Norte y Sur.

Por millones.
Como en tantos otros lugares, el fútbol es el deporte y una de las actividades que más gente moviliza de manera regular en La Pampa. Y ese movimiento genera un circuito económico importante, que para muchos es su principal salida laboral y para otros implica una ayuda o entrada extra.
«El fútbol mueve aproximadamente seis millones de pesos en cuanto a Policía, más de cinco millones en arbitraje y a esto debemos sumarle los gastos de traslado de equipos y de público que se produce todos los fines de semana, por lo que es una de las actividades que más movimiento económico genera en nuestra provincia y en algunas localidades de Buenos Aires», detalló Guillermo Rechimont, presidente de la Liga Cultural, cuando en septiembre del año pasado se celebraron los 90 años de vida de la entidad madre del fútbol local.
De acuerdo a ese relevamiento hecho por los dirigentes liguistas, los clubes invirtieron en toda la temporada 5.887.000 pesos en adicionales policiales, lo que en este año, de haberse jugado con normalidad, se ampliaría a más de 7 millones por el aumento de los costos de seguridad.
En cuanto a arbitrajes, ese informe de la Liga detalla que a lo largo de la temporada se destinaron 5.382.000 pesos para pagarle a quienes dirigen cada fin de semana. Este año, con el aumento de los aranceles arbitrales (para Primera A, por ejemplo, el costo actual es de 7.500 pesos la terna por partido), la inversión total se ampliaría a más de 6 millones de pesos.
El otro gran movimiento de dinero que genera el fútbol tiene que ver con los traslados de los planteles, especialmente los de Primera División y Juveniles, que excepto en los casos de enfrentar a equipos de la misma localidad, cada quince días tienen que viajar, con el correspondiente alquiler del transporte.
Hoy, un transporte está cobrando unos 65 pesos por kilómetro, por lo que un viaje promedio para un plantel cuesta entre 10 y 15 mil pesos. El año pasado hubo 36 equipos que jugaron (entre Primera A de las zonas Norte y Sur, y Primera B), con un promedio aproximado de salidas de siete por equipo (unos 250 viajes), lo que equivale al menos a 2.500.000 pesos de inversión en traslados.

Mucho más.
La rueda económica del fútbol culturalista lejos está de detenerse en los árbitros, la seguridad y los traslados, porque también abarca a un gran número de personas que directa o indirectamente obtiene un ingreso a través de esta actividad.
Los futbolistas de Primera División, aunque no son profesionales, cobran una especie de viático en la mayoría de los clubes. En muchos casos es apenas una ayuda económica, pero en otros significa su principal ingreso, teniendo en cuenta que hay instituciones con planteles que cuestan unos 25 mil pesos por fin de semana y otras que cuadruplican ese monto. Aunque también están aquellas en las que muchos juegan sin ver una moneda.
Los entrenadores, preparadores físicos y profesores son los otros beneficiados directamente por el fútbol, al igual que un gran número de médicos o enfermeros que cada domingo son contratados para estar presentes en cada cancha. Actualmente, un servicio médico, con ambulancia y un profesional, cuesta unos 3.000 pesos por domingo.
Pero hay más, mucho más, especialmente por lo que implica para aquellos que de manera indirecta se vinculan con el fútbol. Desde los que venden indumentaria deportiva a los clubes y los que comercializan insumos de todo tipo (vendas, cremas, analgésicos, etc.), hasta aquellos que abastecen de alimentos y bebidas a los equipos cada vez que tienen que salir a jugar a otra localidad: cada plantel recibe al menos un almuerzo básico (un sandwich con una gaseosa) o una colación. Y a eso hay que sumarle los gastos que implica la movilidad y el consumo del público que acude a las canchas.
Así, aún amateur, familiar o chacarero -como suelen llamarlo los propios protagonistas-, el fútbol de la Liga Cultural también es una gran «industria».

Unicamente con público
Si hay algo que tienen en claro los clubes de la Liga Cultural en medio de la pandemia de coronavirus, es que para que vuelva el fútbol en las categorías mayores tiene que estar habilitada la posibilidad de jugar con público. Esos millones de pesos que se mueven anualmente salen de diferentes bolsillos (aportes de dirigentes, colaboradores o sponsors; sorteos, polladas y demás actividades recaudatorias que realizan los clubes), pero principalmente del cobro de las entradas que aportan los hinchas cada domingo, por lo que jugar sin público es inviable.