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La loca historia del gol con el que ganó el clásico de 1994

"EL CHACARERO" DE ALL BOYS

«Cuando vi que el camión se nos venía encima, me agarré fuerte del asiento y cerré los ojos». Sin perder la gracia, Humberto García repasa el momento más complicado de su travesía ‘clásica’. Enumera entre sonrisas una a una las peripecias que tuvo que atravesar hace poco más de 26 años, y cada condimento que agrega hace que la historia sea aún más sabrosa de lo que fue.
Corría el año 1994 cuando el All Boys de Edilio Zabala se paseaba por las canchas de la Liga Cultural de fútbol superando rivales. Nombres ya consagrados como los de Juan Carlos Aymú, José «Topo» González o Marcelo Monge formaban parte de aquel equipo que luego sería campeón, pero el DT tenía una especial debilidad por un joven goleador del interior provincial, que estaba estudiando en Buenos Aires y que venía los fines de semana directamente a jugar.
Esa banca del entrenador y la respuesta del jugador, en ocasión de un clásico All Boys-Santa Rosa, dejó en claro que ese vínculo tenía razón de ser. La historia transcurrió entre el 3 y el 4 de abril de aquel año entre colectivos, un avión, accidentes, contratiempos por el clima y un gol que, por el contexto, fue más que especial.

Goleador.
Humberto García se sumó a las filas de All Boys en los inicios de 1994 y con una particularidad: como estaba estudiando en Buenos Aires (Kinesiología), viajaría los viernes o sábados para moverse un poco, jugar los domingos y regresar a Capital Federal.
Esa «licencia» la permitió el entrenador Edilio Zabala, que pidió por el delantero luego de la gran campaña que el joven había hecho en el Oficial ’93 jugando para el Deportivo Alpachiri, consagrándose goleador por encima de Miguel Giuliani, el joven que brillaba en el Atlético Santa Rosa bicampeón de 1992 y 1993.
«Ese año Alpachiri no anduvo bien, pero yo metí un montón de goles y salí goleador. En All Boys estaba Marcelo Monge, que me conocía, y por su intermedio y el pedido de Edilio, en el ’94 me sumé. Era un gran equipo, con mucha gente experimentada», recuerda hoy el Chacarero García con respecto a su llegada al Auriazul.
Con ese «gran equipo», al que García se sumaba los fines de semana para ser titular, All Boys empezó a florearse ganando los primeros cinco partidos del Torneo Oficial, con 24 goles a favor y apenas uno en contra. El juego clave, sin embargo, sería el sexto, porque enfrentaban al Santa Rosa que había dominado el fútbol culturalista en los últimos años, pese a que el inicio de esa temporada para el Albo no había sido el mejor.
El clásico fue programado para el domingo 3 de abril de 1994, a las 16.30, en el estadio de la Avenida Spinetto. Ese día, por la mañana y bajo la lluvia, se corrió la X edición de la Maratón A Pampa Traviesa (ganada por Tranquilino Valenzuela), pero las precipitaciones se intensificaron por la tarde y el duelo futbolístico se pospuso.
«Como lo suspendieron, esa noche me volví en el colectivo a Buenos Aires porque al otro día tenía que cursar», explica el delantero. «Debo haber llegado tipo 6 de la mañana, me tomé unos mates y a las 8 me fui a la Facultad», agrega el ex futbolista, que actualmente trabaja en el Ministerio de Bienestar Social de La Pampa.
«Obviamente en esa época no tenía celular ni nada, y tipo una de la tarde, cuando vuelvo al departamento, un primo mío que vivía al lado y que tenía teléfono, me avisa que vaya porque en unos minutos me iba a llamar un dirigente de All Boys que me había estado buscando. Y cuando atiendo me dicen que el partido se iba a jugar esa noche, y que me habían sacado un pasaje en avión para que viaje a Santa Rosa a jugar. Y que a la noche me volvía en colectivo otra vez», cuenta. La travesía estaba en marcha.

Accidentado.
El clásico había sido reprogramado para las 20.30, el avión salía de Buenos Aires a las 18 y por lo tanto García iba a tener aproximadamente una hora para calentar y jugar. Esa tarde, el futbolista nacido en Alpachiri se tomó el ‘bondi’ de la línea 107 que lo llevaría desde Belgrano a Aeroparque, donde llegaría con el tiempo necesario para retirar su pasaje de la boletería antes de volar a Santa Rosa.
«Recuerdo que íbamos por la calle La Pampa y que, cuando estábamos cruzando Figueroa Alcorta, de mi lado venía un camión directo al colectivo. Cuando vi que se nos venía encima, me agarré fuerte del asiento y cerré los ojos», relata el futbolista, que por entonces tenía 22 años.
«Nos pegó fuerte, hicimos una especie de trompo y volamos por todos lados… Cuando me acomodé vi a algunas personas que estaban sangrando, golpeadas, pero en general todos estábamos bien. Entonces pensé en el partido, en que podía perder el avión… Salté la gente como pude, le pedí al chofer a los gritos que me abra la puerta, agarré el bolso y salí corriendo hasta Aeroparque», rearma en su cabeza aquella tarde de 1994.
Desde el lugar del accidente hasta la puerta principal de la terminal aérea hay unos dos mil metros, que García transitó corriendo, bolso en mano, con el objetivo de estar a tiempo. «Cuando llego, agitado y todo transpirado, en la boletería me dicen que el vuelo iba a salir más tarde porque en esta zona la tormenta del día anterior seguía. No lo podía creer», se ríe.
«El avión se retrasó una hora más o menos y yo ya no daba más de los nervios. No sé cuántos puchos me fumé. Iba a llegar justo para la hora del partido», añade.

Final feliz.
«Apenas aterrizó el avión en Santa Rosa me saqué el cinturón y me fui para la puerta. Cuando me abrieron, salí corriendo por la pista y había un dirigente de All Boys esperándome para llevarme en auto. Llegamos y los equipos estaban saliendo a la cancha; Edilio me dice que firme y que después me cambie, para ganar tiempo, y así nomás, sin vendas ni canilleras, entré a jugar», recuerda García, hoy con 48 años y dos hijas: Chavela (15) y Charo (9).
Mientras relee los recortes de diarios que prolijamente le fue armando su mamá (Perla Vallejo) en carpetas, con todos los detalles de su carrera, Humberto aclara que su actuación en aquel clásico del lunes 4 de abril, bajo una llovizna persistente, no fue buena. «Fue un partido trabado, peleado y muy parejo. Yo no la toqué mucho», se sincera el delantero.
Pero tanto esfuerzo merecía una recompensa. Cuando se jugaban 13 minutos del complemento y nada parecía romper el cero, un desacuerdo entre Mauricio Marusich y Carlos Argañaraz terminó con la pelota a mitad de camino entre el defensor y el arquero, García se aprovechó de la situación, tomó el balón y definió contra un palo.
«Ganamos 1 a 0 con ese gol, que fue lo único que hice… Cuando terminó el partido me fui derecho a la terminal y me tomé el colectivo para volver a Buenos Aires. Unos 600 kilómetros más», cierra.

“Caballo Loco” en el avión.
El viaje en avión de Humberto García para jugar el clásico ofreció una pequeña historia paralela que el ex futbolista relata con una sonrisa. “Cuando llegué a Aeroparque me encontré con un paisano de Alpachiri al que le decíamos ‘Caballo Loco’, que había hecho un negocio en Buenos Aires y tenía un susto bárbaro porque iba a viajar en avión por primera vez”, repasa.
“Nos sentamos juntos en el sector fumadores; yo fumaba porque no llegaba al partido y él estaba nervioso por el vuelo. Recién se calmó un poco cuando despegamos”, agrega. Pero el viaje no fue nada tranquilo.
“En un momento se generó una turbulencia y el avión se movía para todos lados. Entonces el ‘Caballo Loco’ se agarró con las dos manos de la parte de abajo del asiento y gritó: ‘A la mierda que corcovea esto…’”, asegura García en su casa, mientras reproduce los gestos de su coterráneo en una silla. “Es verdad”, insiste ante las dudas. “Incluso me acuerdo que al lado se habían sentado unas señoras todas finas, con tapados, y nos miraban como a dos locos”, concluye la anécdota.

«Me pagaban re bien».
“Me pagaban re bien, era mucha plata para un pibe como yo, que tenía 22 años”, asegura Humberto García al referirse al esfuerzo de viajar todos los fines de semana más de 1.200 kilómetros para jugar. “Me acuerdo que tenía un amigo que en esos tiempos cobraba un Plan Trabajar, que eran 200 pesos por mes, y a mi me pagaban 125 pesos por partido, más 25 pesos por punto. Si ganábamos, como casi siempre en ese año, eran 125 más 50”, apunta el delantero, que hizo alrededor de 200 goles en La Pampa con las camisetas de Deportivo Alpachiri, All Boys, Santa Rosa, Belgrano, Atlético Macachín, Pampero de Guatraché, Racing de Castex y Argentino de Quemú.