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La saga bicampeona del Albo

El Club Atlético Santa Rosa acaba de cumplir 97 años. Fotos, videos, recortes, audios y anécdotas inundaron las redes sociales para refrescar su rica historia, desde su fundación el 2 de junio de 1923 hasta este presente marcado por la pandemia de coronavirus.
En ese repaso, el Regional ’82 y la participación en el Nacional ’83 se imponen por peso propio, pero hay dos momentos que también sobresalen por su importancia y por una particular coincidencia: el Albo fue bicampeón sólo en dos oportunidades y en ambos casos se repitió un apellido.
En 1960 y 1961, cuando Santa Rosa conseguía el primer doblete de su historia, uno de los defensores era un zurdo adolescente que daba sus primeros pasos: Carlos Néstor Marusich. En 1992 y 1993, cuando el Albo lograba su segundo bicampeonato, vestía la camiseta un jovencito marcador que empezaba a escribir su propio libreto: Mauricio Néstor Marusich. Padre e hijo, separados por más de 30 años, inscribían sus nombres con fuego en el blanco y negro del club de sus amores.

Un fenómeno.
«El decía que era un fenómeno», se ríe Mauricio al hablar de Néstor, a quien no pudo ver jugar por una cuestión generacional. «Cuando se retiró, en 1975, yo tenía apenas tres años, pero los que lo vieron dicen que era un jugador recio, que cabeceaba muy bien y te ‘cagaba’ a patadas», agrega el hijo, y confía una intimidad futbolera: «Siempre discutíamos y yo le decía que, pegando así, hoy no podría jugar…».
«De todas maneras, jugó más de diez años en la selección de la Liga Cultural, y con el Ruso (Alberto) Dieser eran los únicos dos jugadores de Santa Rosa que iban, porque el resto eran todos de All Boys. Así que algo tenía», reflexiona Mauricio al hablar de su padre, que falleció en 1998 con apenas 53 años.
Carlos Néstor Marusich había nacido en Jacinto Arauz. Cuando era niño su familia se trasladó a General Acha y él fue enviado como pupilo a la «Escuela Fábrica» de Santa Rosa (luego ENET y EPET), donde con 13 años fue «descubierto» como futbolista por Nikito Susvielles, un histórico del Albo que lo llevó a jugar al club.
Con su determinación y enjundia se fue ganando tempranamente un lugar en el primer equipo de Santa Rosa, en el que debutó con apenas 15 años en la temporada 1960, cuando el Albo peleaba por conseguir su tercer título de la Liga Cultural.
Ese año, el equipo fue de menos a más para quedarse con el primer lugar de la Zona Centro y clasificarse para las finales por el título ante Villa Mengelle de Jacinto Arauz (el mejor de la Zona Sur) y Deportivo Alpachiri (Zona Centro Sur), a los que batió (en ambos casos 2-1) para coronarse campeón y levantar su tercera copa (las anteriores habían sido en 1951 y 1956).
El dato curioso es que, para evitar una protesta del Deportivo Penales (había quedado segundo de la Zona Centro), mantuvieron en «secreto» la edad de Marusich durante diez días, hasta que expiró el tiempo para reclamar: para jugar en Primera había que tener 16.
Al año siguiente (1961), con el juvenil Marusich ganando un poco más de lugar, Santa Rosa logró el primer bicampeonato de su historia, tras ganar la Zona Centro y superar en las finales a Deportivo Alpachiri y Huracán de Guatraché.
La particularidad de esa temporada es que el triangular final quedó igualado por tres empates, por lo que hicieron una especie de revancha que terminó jugándose en los primeros meses de 1962. En el partido definitivo, Santa Rosa goleó a Huracán 5-1. Lasierra; Valverde y Marusich; Saos, Loyola y Alonso; Escudero, Durán, Peralta, Vitale y Furriol fue el once inicial del Albo aquel día que dio su segunda vuelta olímpica consecutiva.

Doble repetición.
«Mi papá jugó siempre en Santa Rosa, excepto una vez que fue como refuerzo de All Boys para una Copa Argentina. Pero era un fanático del club, y cuando se retiró trabajó con la Cuarta División en la que jugaba la base que después llegó al Nacional», recuerda Mauricio, que tomó la posta de Néstor y siguió sus pasos casi al pie de la letra.
Como su padre, debutó siendo muy joven («Osvaldo Biaggio me puso cuando tenía 14 años»), vistió siempre la camiseta banca y negra y logró un bicampeonato, en su caso en los años 1992 y 1993.
«El primero fue especial porque Santa Rosa hacía diez años que no ganaba un título», asegura quien fue marcador central y lateral derecho del Albo y se caracterizó por su potente remate con la derecha, quizás la mayor diferencia con su papá, que era zurdo.
Al repasar ese primer título, Marusich destaca que no pudo jugar un partido clave contra Atlético Macachín (cayeron 2-1) porque en el choque anterior contra All Boys se había quebrado la mano y estaba enyesado. «Nos quedaba la última fecha en Acha, contra Campos, y pedí que me sacaran el yeso… Ganamos 2-0 con goles de (Mario) Castillo y Ramón Cabrera, de cabeza, tras un centro mío. Fuimos campeones después de diez años y en la semana me volvieron a poner el yeso», recuerda su ‘locura’ el defensor, que ese año comenzó como central y luego, tras la llegada de Héctor Romero, pasó al lateral, donde también alternaba Mauricio Villegas.
Con su padre en las tribunas, Mauricio ya estaba más consolidado para 1993 cuando Santa Rosa volvió a dar una vuelta de manera consecutiva, con el agregado de haber superado en la definición a All Boys. El Auriazul había ganado el clásico en la última fecha para igualar la primera posición, por lo que disputaron una finalísima en la que el Albo se impuso por 2-1.
«Los dos goles los hizo (Miguel) Giuliani, y fue muy lindo porque fuimos bicampeones, como el equipo de mi viejo», recuerda el defensor sobre aquella tarde, en la que el Santa Rosa dirigido por Raúl Mansilla y Raúl Camerlinckx formó con Argañaraz; Spina, Marusich, Alecha y Ponsone; Montigni, Zwenger y Seibel (Sayago); Cabrera, Giuliani y Castillo.
Con los dos títulos bajo el brazo, Marusich se fue alejando del fútbol poco a poco. En 1994 se sometió a una operación de pubalgia; al año siguiente se fue a trabajar a Buenos Aires (estuvo entrenando en River); en el ’96 fue llevado por Roberto Forestier para defender los colores de Once Corazones de Indio Rico y en el ’97 volvió a Santa Rosa, pero un año después dejó tras el fallecimiento de su padre.
Su gran amor futbolístico volvió a convocarlo un par de temporadas después, cuando ya despuntaba el vicio jugando el torneo de Profesionales con el equipo de Martilleros, pero en mayo de 2001, con 28 años, se despidió definitivamente con la camiseta del Albo. Su nombre, como el de su padre, ya estaba doblemente grabado.

Más que cuatro títulos
«Tengo el título para la nota: ‘Cuatro títulos y algo más'», dice con una sonrisa Mauricio Marusich mientras sostiene un cuadro en el que se lo ve pisando una pelota a los pies de su papá Néstor, quien aparece flanqueado por Alberto «Beto» Calvo y Ricardo Galera.
¿Más que cuatro campeonatos? Sí, mucho más, porque luego de su etapa como jugador el menor de la dinastía regresó al club como dirigente, afrontando el momento más duro de la historia de Atlético Santa Rosa y logrando dos títulos más: el ascenso en 2009 y el campeonato de Primera División en 2010.
A fines de 2005, cuando el Albo sufría por la administración fraudulenta de Jorge Sánchez y compañía, Marusich y un grupo de dirigentes se hicieron cargo de la institución, que igualmente cayó en quiebra en marzo de 2006.
Desde la Primera «B» (la directiva anterior había decidido no jugar en 2005) y con un fideicomiso (que estuvo hasta 2014), Santa Rosa fue resurgiendo, logró el ascenso en 2009 y al año siguiente fue campeón, logrando su décimo y hasta ahora último título.