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La mamá futbolista

Laura todavía tiene las medias altas, las canilleras puestas y las zapatillas bien atadas. El «raspón» en su rodilla izquierda, los cabellos desordenados y el polvillo pegado a su piel son las huellas visibles que quedaron luego del último partido.
Acaba de terminar el primer Torneo Provincial de fútbol femenino y es hora de la premiación en el predio Ricardo Forestier de Santa Rosa. Pero antes hay una demanda que satisfacer. La marcadora central del equipo de Parera se sienta en una silla de plástico, apoya un pie en una pelota y comienza a amamantar a su bebé. La imagen enternece, enorgullece, dignifica. Es una postal de una mujer deportista; del amor de una madre y de la pasión por el fútbol.

Deportistas.
Los protagonistas de la historia son Laura Rodríguez y su pequeño Didier Gaita. Ella hace deportes desde que tiene uso de razón y adora el fútbol. El nació hace un año y siete meses y, aunque obligó a su mamá a hacer una pausa durante el embarazo y después del parto, hoy la acompaña a cada una de las canchas donde la defensora intenta detener delanteras y rechazar la pelota lejos de su arco.
Mamá de tres mujeres mayores que Didier (Anabel, Tiziana y Sasha), Laura nunca dejó de jugar al fútbol. E inculcó esa pasión por el deporte en sus hijas (las tres juegan al hockey) y en el propio bebé, que se prende a patear cuanta pelota encuentra mientras su madre entrega todo en la cancha.
Papá José, camionero de profesión, también fue futbolista. Y el pequeño Didier, que debe su nombre al delantero marfileño Didier Drogba, parece destinado a elegir el mismo camino. Aunque a diferencia del africano, goleador, el niño de Parera hoy se destaca por su capacidad para marcar… a su mamá. «Cada vez que salía de la cancha, me metía la mano en la camiseta para que le dé la teta», destaca con una sonrisa Laura.

Sin prejuicios.
Despojada de los prejuicios de otros tiempos, desde chiquita Laura eligió el fútbol como deporte (hace unos años no eran tantas las mujeres que lo jugaban) y hoy no duda un instante en atender las necesidades de Didier, amamantándolo frente a una multitud y con la naturalidad que merece tener un hecho como la lactancia materna.
«Toda mi vida hice deporte y mi familia siempre me acompañó, incluso la mayor de las nenas jugaba al fútbol con nosotras», dice orgullosa Laura, de 36 años. «Y ahora el que me acompaña a todos lados es Didier. Siempre me ayudan a cuidarlo mientras juego, porque mi marido a veces está trabajando y no puede acompañarme, pero a la hora de la teta no hay compañeras, familia ni amigos que puedan reemplazarme», agrega entre risas.
El equipo de Parera fue uno de los grandes animadores del primer Provincial de fútbol femenino (terminó cuarto), lo que obligó a Laura y Didier a redoblar esfuerzos. «En cada fecha a lo largo del año no hubo problemas, porque jugábamos donde sea y nos volvíamos a casa. Pero en estas finales fueron dos días y me tuve que quedar con el bebé», explica hoy, ya liberada de esa doble presión de ser futbolista-mamá en la definición de un campeonato.
«Pero la verdad es que me ayudaron en todo; los organizadores, los chicos de la cantina, las compañeras…, todos. Se puede ser mamá y estar amamantando sin dejar de lado la pasión», asegura Laura, que entrena dos veces por semana a la noche.
– ¿En algún momento, durante el embarazo, dudaste en seguir con el fútbol?
– No, para nada. Dejé de jugar un tiempo, obvio, pero volví justo ahora para esta primera Liga. Siempre pensé en volver a jugar cuanto antes, y cuando me sentí bien empecé a entrenar con el equipo. Además hoy tenemos esta liga provincial que está buenísima. A nosotras nos llegó un poco tarde, porque algunas ya somos grandes, pero quedará para que nuestras hijas puedan jugar al fútbol.
– ¿Qué le dirías a otras mujeres que dudan en seguir con el deporte cuando son madres?
– Que si les gusta hay que darle para adelante, que se puede. Y además que piensen que el deporte es salud, y que es un lindo ejemplo para los hijos que su mamá haga deportes.