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Maradona en La Pampa, 25 años después

"FUERON DE LOS MEJORES DIAS QUE PASAMOS EN LOS DIEZ AÑOS QUE ESTUVIMOS JUNTOS", DIJO SIGNORINI

El 10 de abril de 1994 Diego llegó a Santa Rosa para comenzar su preparación para el Mundial de Estados Unidos. El profe que lo trajo recordó este sábado aquellos días en el campo El Marito, entre los entrenamientos y los fantasmas de las drogas.

«¿A dónde me trajeron?», preguntó Diego, visiblemente enojado al constatar que las instalaciones no tenían ni por asomo las comodidades a las que estaba acostumbrado desde que la fama había tocado a su puerta. «A Fiorito te trajimos», respondió Signorini, seco y contundente, como para hacerle recordar al ídolo sus humildes inicios.

Vestido con un equipo deportivo con los colores de la Selección Argentina, Diego Maradona pisó suelo pampeano el 10 de abril de 1994 y fue recibido por un millar de santarroseños en el aeropuerto local, al que arribó en un vuelo regular de Austral junto a su representante de entonces, Marcos Franchi, y un séquito de colaboradores y periodistas.
En la capital pampeana lo esperaba su papá, Don Diego, y su preparador físico personal, Fernando Signorini, quienes habían llegado un día antes para acondicionar el lugar en el que el astro comenzaría los entrenamientos de cara a su gran objetivo: jugar el Mundial de Estados Unidos ’94.

En una Mercedes Benz rural color bordó, Diego y los suyos partieron rumbo a la estancia El Marito, en la zona de El Tropezón, donde Don Angel Rosa y su señora fueron anfitriones y testigos de una semana histórica para los pampeanos, hace exactamente 25 años.

Un viaje al pasado.
«Yo quería que Diego volviera a las fuentes», resumió ayer Signorini en una charla con Radio Noticias, al referirse a la decisión de traer a Maradona a entrenar a La Pampa para alejarlo de los flashes y de las tentaciones que lo atormentaban.

«Diego tenía tres opciones», recordó el profe, porque además de La Pampa estaban las posibilidades de ir al Haras La Quebrada o al Haras Santa María, ambos en la provincia de Buenos Aires. «Del campo El Marito no teníamos muchas referencias, salvo que Diego había conocido a la familia en una playa del sur bonaerense (playa Marisol, cerca de Reta) y Don Rosa lo había invitado a venir», agregó.

La estancia pampeana fue la elegida y allí el capitán campeón del mundo en México ’86 estableció su base de trabajos durante ocho días, combinándolos con permanentes viajes a Santa Rosa para entrenar en el gimnasio de boxeo de Miguel Angel Campanino, en el Tiempo Libre de Omar Lastiri y en la pileta cubierta del Club All Boys.

«Es cierto que las comodidades eran las básicas, pero esa era nuestra idea», recordó Signoini. «Diego era adicto a la televisión, y en el campo había un televisor chiquito blanco y negro, con un solo canal y que se veía todo nevado. Cuando vio eso fue cuando me dijo ‘a dónde me trajiste’, y yo le contesté ‘a Fiorito’, porque fue como un viaje al pasado de Diego», explicó el PF.

«Esos días, en ese lugar, junto a amigos de la familia que habían viajado, recordaban sus tiempos de Fiorito, sus luchas…, y todo eso lo ayudó a Diego. Fue duro el primer día, pero después lo disfrutamos mucho. Creo que fueron de los mejores días que pasamos en los diez años que estuvimos juntos», añadió el profe.

A correr de noche.
Al repasar aquellos días de hace 25 años, Signorini, quien fuera uno de los más apegados confidentes del «Diego persona» en toda su carrera -y uno de los más valorados por ‘El 10’ por su sinceridad y perfil bajo-, habló de lo difícil que era para Maradona no tanto el entrenamiento físico, sino la necesidad de alejarse de los fantasmas de la adicción a las drogas que lo perseguían.

«El momento personal de Diego era muy especial. Por un lado estaba el deseo de jugar un Mundial, porque era la primera vez que Dalma y Gianina (dos de sus hijas) lo iban a ver siendo grandes en un Mundial. Pero por otro lado estaba el flagelo de la adicción, al que él decidió darle lucha en ese período. Y recuerdo aquellos días en La Pampa con mucha emoción porque la lucha de Diego fue enorme», comentó Signorini.

En ese sentido, eligió una anécdota tan dura como reveladora para explicar los momentos que atravesaron juntos cuando el síndrome de abstinencia acosaba a Maradona: «Recuerdo una vez en la que Diego entra a mi habitación a la medianoche, me mira con los ojos fijos y hace una seña… Entonces me abrigo, salimos al campo los dos solos y nos pusimos a correr a la luz de una luna increíble que nunca olvidé. Fuimos hasta la tranquera, hicimos distintos movimientos, hasta que él me dice ‘bueno, ya está’. Había pasado, y a dormir hasta el otro día».

«Fue muy duro. Pero era tal su decisión y era tan fantástico el lugar, que hizo que todo fluyera de manera más simple, aunque de simple no tenía nada», agregó Signorini ayer, 25 años después. «Parece que fuera ayer que íbamos camino a Santa Rosa para intentar ayudar a Diego a cumplir ese sueño», cerró.

 

MI GENTE. Maradona llegó a Santa Rosa el domingo 10 de abril de 1994, día de las elecciones de convencionales constituyentes en todo el país. El arribo era «secreto», pero una hora antes trascendió en las radios y un millar de personas se convocó a recibirlo en el aeropuerto. «Esta es mi gente», dijo Diego cuando pisó suelo pampeano.
TURNO COMPLETO. Los entrenamientos de Maradona en los ocho días que estuvo en La Pampa fueron a turno completo. Por la mañana corría y hacía distintos movimientos en el campo. A la tarde se trasladaba a Santa Rosa para hacer guantes con Miguel Campanino, trabajar en el gimnasio de Omar Lastiri y relajarse en la pileta de All Boys.
ILUSTRE. Durante su visita Maradona fue una especie de «ciudadano ilustre» de La Pampa. El viernes 15 de abril fue recibido por el gobernador Rubén Marín, quien en la charla le reveló que tenían tres cosas en común: «Venimos de abajo; somos bosteros (hinchas de boca) y somos amigos de Fidel (Castro)».

Fotos de diarios de época donde dan cuenta de la estadía de Maradona a La Pampa para prepararse para el mundial 94.