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Martino hizo cumbre en el Mercedario

PAMPEANO ESCALO HASTA EL CERRO UBICADO A 6.750 METROS SOBRE EL NIVEL DEL MAR

El montañista pampeano Sebastián Martino hizo cumbre en el Cerro Mercedario de San Juan, ubicado a 6.750 metros sobre el nivel del mar. Estuvo acompañado por el santarroseño Mauro Schmiedt, cordobés Guillermo Ferri y el uruguayo Agustín Haller, quienes debido a las inclemencias del tiempo no pudieron llegar a la cima.
Fueron nueve días de mucha intensidad para los cuatro deportistas. La escalada formó parte, también, de una campaña de donación de médula ósea, que impulsan desde la Fundación Santi Kunz.
«Por tratarse de unas de las mayores alturas de los Andes, y a semejanza del Aconcagua, sin otras altas cumbres cercanas que le permitan compartir sus destemplanzas, el Mercedario está muy expuesto a los azotes de los diferentes vientos. Hacia él se dirigen las masas de nubes que llevan la humedad del Pacífico y se convierten en duras tormentas, por lo tanto dificulta mucho su ascenso. Además que estás siempre solo, es una montaña remota», destacó Martino tras regresar de San Juan.
«El Aconcagua es mucho más seguro, porque tenés muchísima gente. Hay una patrulla de rescate con gente sumamente aclimatada y fuerte, que pueden salir a buscarte en cualquier momento que vos pidas ayuda. Y al margen de eso, el sentirte acompañado influye mentalmente. En el Mercedario es raro que estés con alguien más. A lo mejor hay otra expedición, pero podés no cruzártela nunca. Si hay un accidente, nadie va a estar para ayudarte, solo vos y tu compañero. Donde podés dudar de por dónde ir, porque no está tan marcada la senda. Te va a exigir un poco más de soltura en el ambiente», resaltó.
Martino manifestó que «la cantidad de días fue una estrategia calculada por el traslado de carga (sin ayuda de mulas) y aclimatación en altura (ninguno estaba aclimatado).
Con éste plan podíamos trasladar la carga en dos etapas y ganar altura para aclimatar y volver a dormir bajo. Así se hizo sucesivamente en cada campamento. Los cuatro estuvimos muy bien en todo momento, el buen compañerismo tuvo su protagonismo, así fuimos ascendiendo por nueve largos días».
De acuerdo a los montañistas, el éxito de ellos «dependía del buen clima y de la montaña». «El día de ir hacia la cumbre, el intenso viento y las extremas temperaturas bajo cero, hacían que nuestros pies y manos se congelarán. A 6.000 metros de altitud todo se hace muy difícil y las decisiones, que se toman, son determinantes. Es por eso que tres de los integrantes, al ver y sentir que el congelamiento avanzaba, decidieron bajar y volver al campamento para recuperarse. Para ellos el sueño de llegar a la cima no pudo ser, pero pensar en frío es ser inteligente. Sabemos que la montaña siempre estará ahí y nuestra vida continúa allá abajo y es la más importante», dijo el pampeano.
Martino decidió seguir hacia adelante, corriendo mucho riesgos. Finalmente el pasado 17 de diciembre, a las 12.30, en el noveno día de expedición pudo pisar el techo de esta gran montaña.