Inicio Deportes Román Galinsky es el "guía" pampeano de Exequiel Palacios

Román Galinsky es el «guía» pampeano de Exequiel Palacios

«Soy un apasionado a morir del fútbol; por el fútbol me vine a Europa y por el fútbol pude vivir estos lindos meses acompañando a Exequiel». Desde Colonia, en Alemania, el pampeano Román Galinsky cuenta detalladamente su paso a paso persiguiendo una pelota. Tiene apenas 22 años y una carrera universitaria a medio hacer, pero ese sueño de jugador ya le permitió pisar canchas de cuatro países.
Su última etapa, en tierras germanas, tuvo una particularidad: comenzó a darle una mano como traductor a Exequiel Palacios, el crack de River que fue comprado por el Bayer Leverkusen, y se quedó medio año a acompañarlo en la adaptación.
«Hoy somos amigos y andamos juntos para todos lados», señala el araucense sobre su relación con el futbolista tucumano. Y mientras tanto empieza a hacer las valijas para volver a Argentina a fin de mes, con el objetivo de terminar su Licenciatura en Nutrición. Aunque el fútbol seguirá muy presente en su día a día.

El futbolista.
«Mi mamá (María Porlay) es de Jacinto Arauz y mi papá (Paulo Galinsky) es de General San Martín. Yo nací en Arauz y cuando era chiquito nos fuimos a vivir a Capital Federal por temas de laburo de mis viejos», explica Román, cuyas raíces familiares siguen en las localidades del sur provincial.
«Siempre jugué al fútbol, desde chico, y ya en edad de secundario me metí un poco más y fui a hacer unas pruebas en el Deportivo Riestra, que hoy está en la Primera Nacional», repasa sobre sus inicios como deportista siguiendo los pasos de su papá, que había sido jugador de Sportivo y Cultural en su General San Martín. «No lo vi jugar a mi papá, porque cuando nos fuimos a Buenos Aires ya fue dejando; jugaba de ‘5’ y dicen que era bueno», agrega Román, mediocampista también, aunque por la derecha.
En Riestra, el joven pampeano hizo las inferiores de AFA y llegó a debutar en la categoría Reserva, aunque comenzó a dividir esfuerzos entre el fútbol y los estudios universitarios. «A los pocos meses mi viejo, que es representante de futbolistas, me consiguió una prueba en algunos clubes italianos y fui en busca de mi sueño», relata.
Las cosas, como ocurre con muchos jóvenes que se la juegan al cruzar el océano, no resultaron simples. Se cayeron algunas pruebas y a desgano terminó en el Vastese Calcio, de la ciudad de Vasto, en el centro de Italia. «La verdad es que no me gustó mucho el club, no me sentía bien, y apenas entrené una vez. Ese mismo día me salió una posibilidad de ir a Croacia y no lo dudé. Al día siguiente me tomé un tren a Zagreb», explica.
«Llegué un viernes a la noche y el sábado ya entré en un amistoso», agrega al referirse a su nuevo club, el NK Zagreb de la capital croata, en el que tampoco pudo jugar oficialmente por problemas con papeles y algunos desacuerdos de la dirigencia con quien lo había llevado a la institución. El destino fue el NK Ban Jelacic, del ascenso croata, donde terminó jugando el último semestre de 2019. «Anduvimos muy bien», recuerda.

El traductor.
La carrera de Galinsky en Europa por fin empezaba, pero daría un giro radical a raíz de una de las transferencias más importantes del fútbol argentino. A fines del año pasado, River Plate se desprendía de una de sus joyas a cambio de 18 millones de dólares limpios y un 10 por ciento de una futura venta: el Bayer Leverkusen alemán se quedaba con Exequiel Palacios, de 21 años y con presente en la Selección Argentina.
«Mi papá (representante del ex jugador de River) me llamó para decirme que se iban a Alemania y que vaya para allá a verlo. Viajó Exequiel con la novia, el hermano con la novia y también los padres de Palacios. Con mi viejo y yo éramos ocho en total, y el único que hablaba inglés era yo», cuenta Román como introducción a su futuro trabajo: traductor.
«La verdad es que le vine como anillo al dedo, porque cada vez que iban a comer o querían comprar algo yo los ayudaba con el idioma. Y nos reímos muchísimo con Exequiel, que es un pibe bárbaro», agrega el pampeano, que primero acompañó a todo el grupo y luego se quedó con el jugador y su novia, ya trabajando como parte del equipo del futbolista.
«El club tiene un hotel dentro del estadio y nos quedamos ahí casi dos meses, hasta que Exequiel consiguió un departamento que le gustó en Colonia, cerquita de Leverkusen, y yo me fui a otro que está a unas cuadras», añade.
– ¿Resignaste tu sueño de futbolista?
– En parte sí, pero me buscaron un lugar para que pueda jugar. En el club tienen una persona que trabaja con la adaptación de los futbolistas sudamericanos que llegan, pero está en una oficina y los ayuda desde ahí; no es que va a acompañarlos a cenar. Entonces, como yo lo estaba ayudando en esa adaptación, me consiguieron un club amateur para que al menos pueda divertirme. El tema es que arrancamos a jugar en febrero y en marzo se cortó todo por el coronavirus.
– Y mientras tanto seguiste trabajando con Palacios…
– Sí, hoy somos amigos. El está adaptado pero siempre estoy para darle una mano. Tomamos mates, comemos asados y jugamos a la play… Igualmente, esta es mi última semana en Alemania, porque para el martes 28 tengo mi vuelo de repatriados y me vuelvo a Argentina.
– ¿Vas a volver al fútbol?
– Mi idea es retomar mis estudios de Nutrición, para tener algo seguro bajo el brazo para el futuro. Después, si se da alguna oportunidad con el fútbol, veremos.
– ¿Evaluaste ir por el lado del rubro de tu papá, la representación de jugadores?
– Es un rubro complicado porque hay mucho chanta. A ojos ajenos parece una actividad muy rentable, pero no es simple y hay que tener cuidado porque es un mundo extraño. Yo soy un apasionado por el fútbol y ojalá pueda seguir trabajando con algo relacionado con el fútbol.

El momento de Palacios
Exequiel Palacios llegó al Bayer Leverkusen como una de las grandes promesas del fútbol argentino. Con 21 años, siete títulos bajo el brazo y presente en la Selección Argentina, el volante tucumano pareció dar el salto en el momento justo, pero le costó agarrar ritmo y sumar muchos minutos en la Bundesliga.
«No es fácil la adaptación. El fútbol alemán es muy físico, muy intenso. Para el futbolista la mejor manera de adaptarse es jugando y a Exequiel le está costando justamente por no jugar tantos minutos», asegura el pampeano Román Galinsky, «guía» y ahora amigo del futbolista.
«Igualmente, él está tranquilo y bien, sabiendo que ya va a llegar su momento. Es un chico muy disciplinado, algo que aprendió muy bien al ser jugador de (Marcelo) Gallardo. El sabe que tiene que seguir trabajando, sin bajar los brazos, hasta que tenga su lugar», agrega Román.
«Ahora la temporada terminó; tienen que jugar la Europa League, pero en septiembre ya arranca la nueva temporada y seguramente tendrá más oportunidades», cierra con optimismo.

Mirada positiva de Argentina
«En Colonia nunca estuvimos en cuarentena; apenas un mes cerraron los locales y quedaron solo los esenciales, pero la gente podía salir casi sin restricciones. Y hoy ya hay vida normal; lo único diferente es que hay que usar tapabocas en supermercados y en el transporte público», explica Román Galinsky al hablar de la pandemia de coronavirus. Y con respecto a Argentina remarca la mirada positiva que tienen los alemanes: «En los medios hablan bien de la manera en que se manejó Argentina; lo único lamentable es el tema económico por tanto tiempo de inactividad».