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Una voluntad de hierro

En pleno barrio de Villa Germinal de esta ciudad se encuentra el humilde gimnasio de boxeo “Rescatando Nuevos Valores”, que se levantó con enorme esfuerzo en el patio de la casa de Darío Arrieta, un ex púgil que supo transitar por el profesionalismo y hoy es entrenador.
El gimnasio cuenta con un ring y varios elementos de fabricación casera, como por ejemplo bolsas de distintos tamaño, una pera, un cielo y tierra y pesas. De lunes a viernes, chicos y chicas de distintas edades concurren a practicar boxeo, algunos de ellos transitan por el amateurismo con entusiasmo, soñando con que el duro deporte de los puños los rescate de una vida llena de privaciones.
El entrenamiento arranca alrededor de las 19. Van llegando de a uno, saludan tímidamente e inmediatamente comienzan los preparativos para cumplir con la rutina, mientras los más pequeños observan con entusiasmo.
Arrieta se pone feliz al ver al cronista de LA CHUECA. Muestra con orgullo el gimnasio que armó juntando chapas, fierros viejos del basurero o de los baldíos y recibiendo algunas pocas donaciones. “(Carlos Javier) Mac Allister nos donó unos guantes, una escuela nos regaló la soga para el ring y con cinco mil pesos que recibimos pudimos hacer el piso del gimnasio. Lo que más necesito ahora es hacer un baño. Por el momento se utiliza el de la casa, y no es lo ideal”, dijo Arrieta.
Arrieta armó el gimnasio hace tres años. Lo entusiasmaron los mismos chicos del barrio, incluyendo algunos padres que buscan que sus hijos practiquen algún deporte, y que también dieron una mano. “Pasaron más de 10 años de mi último combate como profesional, y hoy me siento bien porque hago lo que me gusta. Siento que le estoy dando una oportunidad a los chicos. Enseño boxeo siempre y cuando no anden peleando en la calle. A esto lo tomé muy en serio”.
Arrieta, que comienza el día como lavacoches y esperando que le surja alguna changa para poder llevar un plato de comida a su numerosa familia, indicó que no hace mucho que decidió que sus alumnos comenzaran a combatir. “Les dije que si no salíamos a las pistas, no nos hacíamos conocer”.
Arrieta fue un guerrero del ring. De amateur siempre se prendía a intercambiar golpes sin medir las consecuencias, luego, en el profesionalismo, se dio cuenta que en el boxeo es tan importante atacar como defenderse. “Trato de enseñar lo que yo aprendí. El boxeo no es para cualquiera”.

Responsabilidad.
Arrieta dio a conocer que tiene alrededor de 27 alumnos, que entrenan de lunes a sábado. “Me gusta que sean responsables, que no falten. “Cuando alguien no viene a entrenar, le digo que él se perjudica. Yo no soy el que sube a pelear, yo estoy en el rincón”.
Admite que en los tres años que tiene el gimnasio, pasaron muchos boxeadores. “A veces cuando andan bien, se van. Prefieren la calle. En todo este tiempo la que siempre está es mi hija, Valentina, La Panterita, que con cuatro combates ha mostrado sus condiciones. Le puse La Panterita porque se desplaza de un lado al otro para alcanzar la presa”.
Consultado sobre qué siente al ser entrenador, Arrieta dijo: “Me siento bien, contento. Hago un esfuerzo para ver si los chicos pueden salir adelante. Trasmito mi humildad, lo que aprendí como boxeador, primero entrenando con Roberto Pedehontáa y después con “Chito” Teves”.
En el rincón, Arrieta se muestra casi siempre tranquilo.”Cuando a un pupilo se le complica la pelea, trato de buscarle la solución mirando lo que hace el rival. No quiero que vayan al choque, como yo hice muchas veces. Recién me ordené cuando fui profesional”.
Arrieta está convencido de que para andar bien, es clave ver como se desempeña el contrincante. “Cuando el rival es muy bueno técnicamente, mi boxeador tiene que salir a presionar. Por eso es importante salir a correr, para estar siempre bien físicamente”.

Vivir de changas
La familia de Darío Arrieta la integran su esposa, Maite, cuatro hijas y un hijo. Vive de forma muy humilde. Se lo suele ver cerca de la Cámara de Diputados lavando coches, y esperando ansioso que lo llamen para hacer alguna changa y poder llevar algunos pesos a su casa.
“La situación está complicada. A veces lavo sólo dos coches, y con eso me alcanza para poco. Siempre estoy dispuesto a hacer cualquier otro trabajo para poder mantener a mi familia, y al final del día me dedico al gimnasio. Yo no busco a los chicos, ellos vienen solos. Es mejor que estén acá, en el gimnasio, y no en la calle”, manifestó Arrieta.
“Hace 20 años que estoy con mi esposa, que me da una gran mano. Cuando vengo tarde porque estuve cortando yuyos o sacando alguna planta, ella es la que me prepara el gimnasio para que esté limpio. Maite es la que me alienta que siga en esto”, contó.
Arrieta tenía la esperanza de que su hijo fuera boxeador, pero no ocurrió. “Mi suegra me lo llevó a correr maratón. Pero tengo practicando a mis hijas, Sabrina y Valentina, a quien le decimos La Panterita, y tiene buen futuro. Estoy orgulloso de ellas, siento que el apellido Arrieta pesa”.
“Este gimnasio es como si fuera el lugar en donde entrenó Rocky Balboa”, en alusión al personaje que creo Sylvester Stallone sobre la vida de un sufrido boxeador, y que resultó un éxito en el cine.