Aumenta el número de muertos en Donetsk

La ciudad de Donetsk amaneció ayer con sus escuelas y la mayoría de sus comercios cerrados, las morgues abarrotadas por cuerpos enfundados en ropa de combate, y con una sede de gobierno separatista que perdió su efervencia militante tras el masivo ataque del ejército ucraniano del lunes, que dejó entre 36 y 100 muertos, según cifras reveladas ayer.
Además, las empresas no funcionaron y los trabajadores de las principales minas de carbón que rodean la ciudad y el aeropuerto se declararon ayer en huelga. Los mineros se negaron a trabajar hasta que terminen los enfrentamientos entre el ejército ucraniano y las fuerzas separatistas, que controlan la ciudad y parte de esa provincia desde hace casi dos meses.
Pese a la batalla propagandística que se libra en los medios de comunicación, Télam pudo constatar que la situación cerca del aeropuerto internacional de Donetsk, que fue tomado por los separatistas el lunes por la madrugada y horas después atacado por el ejército ucraniano, se había calmado durante la mañana.
Fuentes cercanas al gobierno pro ruso de la recientemente proclamada República Popular de Donetsk informaron a esta agencia que mientras las fuerzas ucranianas tienen el control del aeropuerto, las milicias separatistas pro rusas crearon un perímetro a su alrededor y lo cercaron.
Versiones periodísticas señalaron que los combates entre el ejército ucraniano y las fuerzas separatistas continuaron, pero solo en la zona lindante con el aeropuerto.

El día después.
En el cielo volaba un avión caza, pero no helicópteros como el lunes. A una cuadra del puente que se había convertido en un campo de guerra, a menos de un kilómetro del aeropuerto, la situación estaba tranquila y un puñado de milicianos y policías locales resguardaban el último bloqueo que separa a esa zona de la ciudad.
Los restos de la batalla salpicaban la avenida y sus veredas: bombas motolov que no llegaron a ser lanzadas, bidones de nafta ensangrentados, vidrios rotos, árboles caídos y hasta un camión militar con la cabina y el tren delantero completamente destrozados y la caja cubierta con sangre seca.
Al lado de estos recordatorios del ataque del lunes, vecinos discutían acaloradamente.
“¿Por qué no nos ayuda Rusia? ¡Nos están matando!”, aseguraba una señora de unos 60 años, llena de bronca. Ninguna de las personas que la rodeaban tenía una respuesta para ofrecerle. (Télam)