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Bolsonaro impone la cloroquina

BRASIL: NOMBRAN A 13 MILITARES EN SALUD

Con más de 18 mil muertos por la pandemia, Brasil reglamentó ayer la hidroxicloroquina como tratamiento para el coronavirus, sin contar con base científica y contra las recomendaciones de la OMS y los especialistas médicos. Durante los últimos días la cloroquina se transformó en la principal bandera del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, quien sintió fortalecerse su posición cuando su par estadounidense, Donald Trump, confirmó que, siendo asintomático, toma regularmente esta droga.
El Ministerio de Salud publicó ayer un protocolo por el cual habilita la aplicación de cloroquina e hidroxicloroquina siempre y cuando el paciente sea informado de que puede morir o padecer efectos colaterales graves. Sin médicos para suscribir el texto, Bolsonaro aprovechó para confirmar como ministro de Salud al general Eduardo Pazuello, especialista en logística militar que reemplaza al oncólogo Nelson Teich, quien abandonó la función tras negarse a aceptar la descabellada imposición del mandatario.
La cloroquina se transformó en consigna principal del bolsonarismo para «la guerra» contra el virus. La controversia sobre su utilización costó el puesto a dos ministros de salud y Bolsonaro terminó instalando en el Ministerio a un general, quien a su vez ya nombró a otros 13 militares como funcionarios de la estructura sanitaria.

Repudio mundial.
La decisión recibió el repudio de la comunidad médica brasileña y mundial, por la falta de evidencia científica sobre su verdadera eficacia en pacientes de coronavirus. «Todavía no existe comprobación científica pero está siendo usada con controles en el mundo. Estamos en guerra. Peor que ser derrotado es la vergüenza de no haber luchado. Dios bendiga a nuestro Brasil», escribió Bolsonaro en Twitter.
Lejos de amedrentarse tras superar la barrera de mil muertos en un día (1.179), el mandatario ironizó ayer sobre el uso del remedio: «la cloroquina es de derecha», dijo. Y armó un chiste: «El que es de derecha toma cloroquina, el que es de izquierda toma Tubaína», exclamó, entre carcajadas. «Tubaína» es el nombre de una bebida gaseosa que se comercializa en el estado de San Pablo, foco principal del país y donde se mantiene la cuarentena.
Bolsonaro rechaza la aplicación de medidas restrictivas, como el aislamiento social obligatorio, y considera que la mejor herramienta para enfrentar la pandemia es cloroquina, una droga antipalúdica que ya mandó a fabricar en los laboratorios del Ejército.

Consenso.
De acuerdo al nuevo protocolo la cloroquina podrá utilizarse en Brasil, mediante un «consenso» entre paciente y médico suscripto en la red pública de salud. El paciente debe firmar un compromiso donde acepta que «no existe garantía de resultados positivos porque no hay estudios demostrando beneficios clínicos». La hidroxicloroquina puede utilizarse en casos graves de coronavirus, combinada con antibióticos, como la azitromicina.
Sin embargo, falta el «consenso» de la ciencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que no autoriza ni avala el uso de esta medicina contra el coronavirus, e idéntica posición adoptaron médicos y científicos que trabajan para el Estado brasileño, tanto en laboratorios y centros de investigación, como en las universidades.
«El gobierno no puede someter a la población al riesgo adicional de un tratamiento sin garantías de seguridad y eficacia. No hay evidencias científicas favorables que respalden el uso de cloroquina y de hidroxicloroquina en cualquier nivel de Covid-19. Hay estudios que demuestran que puede asociarse a eventos más graves y con mayor letalidad», advirtieron los científicos en un comunicado, firmado por profesionales de la Fundación Oswaldo Cruz (máxima referencia pública en investigación), la Universidad Federal de Río de Janeiro, la Academia Nacional de Medicina, Universidad de Amazonas, y el Instituto de Bioética de la Universidad de Sao Paulo (USP). (Télam)

Alertan sobre genocidio
El alcalde de Manaos, capital del estado brasileño de Amazonas, acusó a Bolsonaro de «no interesarse por los indígenas» frente a la pandemia y advirtió que podría ocurrir «un genocidio» en comunidades originarias de la Amazonía. Arthur Virgílio Neto criticó al mandatario por su «falta de liderazgo» («la única preocupación del gobierno parece ser la economía») y lo acusó de sacrificar vidas humanas para salvaguardar sus intereses.
Miembro del Partido de la Social Democracia Brasileña, Neto aseguró que teme «un genocidio en la Amazonia», al considerar que la falta de medidas efectivas para evitar la propagación representa «un crimen contra la humanidad de la región». El estado de Amazonas alberga el mayor número de indígenas de Brasil (168.700, según el censo de 2010) y ya es uno de los más golpeados por la pandemia con más de 22.130 casos y unas 1.500 muertes.
Según el municipio de Manaos, se registraron 150 contagios en aldeas indígenas que «no tienen estructura para combatir la enfermedad». «Cada indígena que muere se lleva con él una parte de la historia, que no es escrita sino transmitida oralmente de generación en generación. Si todos los indígenas muriesen, perderíamos más de diez mil años de civilización en nuestra región y sería imperdonable» alertó Virgilio Neto.