miércoles, 18 septiembre 2019
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China va hacía la fusión nuclear

CIENTIFICOS LOGRARON CREAR UNA TEMPERATURA DE 100 MILLONES DE GRADOS

El reactor instalado en Hefei (este) es utilizado para realizar experimentos en el marco del proyecto Iter, el enorme trabajo internacional que se está creando en el sureste de Francia para controlar la fusión del átomo. La temperatura récord que el aparato chino alcanzó en noviembre representa seis veces el calor producido en el mismo corazón del sol.
Este «Superconductor tokamak experimental avanzado» es más conocido con el acrónimo inglés «EAST». El tokamak, una cámara de confinamiento magnético concebida inicialmente en la URSS, genera un increíble calor con el objetivo de fundir núcleos atómicos.

Energía del mañana.
Esta «fusión» nuclear -cuyo principio ya es utilizado en la explosión de bombas de hidrógeno- no debe confundirse con la «fisión» -la división de átomos- que se realiza en las centrales atómicas clásicas. La fusión nuclear es considerada como la energía del mañana, ya que es infinita, como la del sol, y no produce desechos ni gases de efecto invernadero. «Con esta máquina, esperamos aportar la contribución de China al uso de la fusión nuclear por parte de la humanidad», explica Song Yuntao, uno de los responsables del proyecto del reactor experimental.
La dificultad reside en mantener estas altas temperaturas de manera duradera y en contenerlas en materiales resistentes. Todo esto tiene un costo: más de 12 años después del lanzamiento del proyecto, el presupuesto del Iter está valorado en casi 20.000 millones de euros.

Investigaciones.
En Hefei, el reactor sobresale en el interior de una estructura de cemento. Está unido por cables y tubos a una maraña de aparatos de medidas y otros equipamientos, una «decoración» que recuerda a los radios de una rueda de bicicleta. La investigación sobre la fusión nuclear no es nueva. Según Iter, el proyecto Jet, en Reino Unido, es hasta el momento el tokamak más grande y potente jamás construido.
Otras cámaras de confinamiento magnético, algunas de las cuales ya no están en funcionamiento, se construyeron en Europa, Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, a veces con resultados globalmente superiores a los del EAST, reconoce Wu Songtao, un ingeniero del Iter. «EAST alcanzó 100 millones de grados únicamente en el centro de la máquina y la temperatura era mucho más débil fuera del núcleo central», anota. «Estos parámetros aún están muy lejos de los esperados para el Iter». El reactor que se está construyendo en Saint-Paul-lès-Durance, en el sureste de Francia, y que será diez veces más grande que sus predecesores, deberá alcanzar los 150 millones de grados. Los primeros ensayos están previsto para 2025.

Aspiraciones.
China aspira por su parte a construir otro reactor de fusión nuclear que, a diferencia del EAST, estaría unido a la red eléctrica, que podría empezar a dar alimentación «hacia 2040 o 2050», al finalizar las investigaciones en 2030, según Yuntao. El presupuesto previsto para esta fase es de 6.000 millones de yuanes (800 millones de euros).
Estos diferentes proyectos «están basados en el Iter», pero aún así demuestran los avances científicos de China, señala Wu. Si bien el país cuenta con entre «20 y 30 años de retraso» respecto a las grandes naciones industrializadas en materia de energía nuclear, «sus capacidades se desarrollaron rápidamente durante los últimos 20, especialmente desde que se incorporó al Iter», apunta el ingeniero.

Perón.
Corría 1951. El presidente argentino Juan Domingo Perón, en medio de un gran cubrimiento periodístico internacional, realizó una declaración que estremeció al mundo entero: «El 16 de febrero de 1951 en la Planta Piloto de Energía Atómica en la Isla Huemul de San Carlos de Bariloche, se llevaron a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica.»
En pocas palabras, Argentina había desarrollado un proceso controlado de fusión nuclear. Para el presidente Perón e indudablemente para el mundo entero, este avance científico partía la historia de la humanidad en dos. En su época, este anunció mereció primera plana en The New York Times y es que el desarrollo de un reactor de fusión ha sido, a partir de la invención de la bomba de Hidrógeno, uno de los principales objetivos de los científicos nucleares.

Engaño.
Según el jefe del proyecto, austriaco llamado Ronald Richter, era posible el desarrollo de un reactor del tamaño de una caja de leche. De esta manera, cada habitante de Argentina podría tener acceso a este tipo de energía para suplir sus demandas energéticas. La comunidad científica inmediatamente puso los ojos en el anuncio y algunos expertos argentinos en la diáspora como José Balseiro y Mario Báncora encabezaron una misión para observar el trabajo de Ritcher.
Al llegar al supuesto reactor, ellos notaron que Ritcher utilizaba, en realidad, pólvora dentro de un tanque. Perón continuó con la idea de que, la negativa del equipo investigador, era una conspiración de las potencias mundiales celosas de que una nación del sur había desarrollado una tecnología que ellas no habían conseguido. Pasó el tiempo y la razón finalmente fue otorgada a la misión observadora. Perón había sido engañado. (Clarín.com / Elespectador.com)