Cumbre histórica

Con los ojos del mundo sobre ellos, Donald Trump y Kim Jong-un hicieron historia al convertirse en los primeros presidentes de Estados Unidos y Corea del Norte en reunirse y darse la mano, en una esperada cumbre que busca superar décadas de enemistad y aventar temores a una confrontación nuclear potencialmente apocalíptica.
Ante una hilera de banderas de sus países, los mandatarios, dos líderes muy poco convencionales, se dieron un apretón de manos y se sonrieron entre paredes y columnas blancas de un lujoso hotel en Singapur, una imagen imborrable e impensada meses atrás.
Tras el saludo, que duró varios segundos y durante el cual Trump dio una palmada a Kim en su hombro derecho, los presidentes pasaron a una sala contigua y mantuvieron una entrevista a solas de unos 45 minutos, acompañados sólo por traductores.
“Vamos a tener una gran discusión y creo que un éxito tremendo”, dijo Trump sentado con Kim en sendos sillones, uno al lado del otro, al comienzo del encuentro privado.
“Creo que va a ser algo realmente exitoso y creo que tendremos una relación estupenda, no tengo dudas”, agregó.
Por su parte, el líder norcoreano aseguró que su país y Estados Unidos han superado “muchos obstáculos” para conseguir celebrar la cumbre.
“No ha sido fácil llegar hasta aquí. Las viejas malas prácticas y los prejuicios han tapado nuestros ojos y oídos y han obstaculizado nuestro camino, pero hemos logrado superar todo eso para llegar hasta aquí”, comentó Kim.
En camino hacia la segunda reunión, Trump, que había dicho que “en el primer segundo” sabría si Kim era sincero y si podía haber un acuerdo entre sus dos países, afirmó que la entrevista inicial había ido “muy, muy bien”.

Desarme.
El objetivo de la reunión es discutir la posible desnuclearización de Corea del Norte y un fin formal a la Guerra de Corea, que culminó con un armisticio y no con un tratado de paz. Como consecuencia, ambos países siguen técnicamente en guerra, una enemistad que se agravó cuando el régimen comunista inició su programa nuclear militar, pese a la condena internacional y a sufrir una ola de sanciones económicas.
Días previos a la cumbre, Trump se mostró confiado en poder lograr un acuerdo nuclear y un fin a la guerra, sea en ésta reunión o como parte de proceso. No obstante, en declaraciones a la prensa en Singapur, el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, intentó mostrarse cauteloso y rebajar las expectativas.
“Estas conversaciones establecerán un marco para el difícil trabajo que vendrá después”, recalcó, y volvió a decir que esta reunión era un primer paso.

Exigencias.
Kim, quien dice tener misiles de largo alcance que podrían transportar cabezas atómicas hasta territorio estadounidense, está interesado en que se levanten las sanciones económicas que asfixian a la economía de su país, aislado internacionalmente. Para él, que por primera vez realiza un viaje tan largo al extranjero como líder de su país, la mera celebración de la cumbre es un éxito diplomático. Estados Unidos, por su lado, aspira a “la completa, verificable e irreversible desnuclearización de la península coreana”, según definió Pompeo. (Télam)