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El Tribunal Supremo liberó a Lula

CONDENADO SIN PRUEBAS, PASO 580 DIAS EN LA CARCEL

Ayer, poco después de las 17.30, una hora después de la orden judicial, el ex presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva, salió de la cárcel de Curitiba tras 580 días de detención. «Salí para seguir luchando por el pueblo brasileño», celebró y advirtió que «las ideas no se matan». «Mucho tiempo pensé en el día de hoy, en que no podría estar aquí con ustedes», confesó el ex presidente ante los militantes que mantuvieron la campaña por la libertad del líder político frente a la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba. «Ustedes fueron el alimento de la democracia», agradeció y aseguró que eso le permitió «resistir la canallada que el Estado brasileño hizo conmigo y con el pueblo brasileño».
El líder del PT apuntó contra el actual gobierno brasileño y el Ministerio Público por «buscar criminalizar a la izquierda, al Partido de los Trabajadores y a mí». El ex mandatario agradeció a los integrantes del PT, sindicalistas y militantes que día a día lo acompañaron durante sus 580 días de detención.

Acompañamiento.
La histórica imagen de su liberación quedó retratada junto a la presidenta del Partido de los Trabajadores, Gleisi Hofman; el ex candidato presidencial del PT, Fernando Haddad, y sus abogados Cristiano Zanin Martins y Valeska Martins. En un acto casi íntimo con quienes lo acompañaron y que contó con la presencia de sus familiares, Lula también se dio el lujo de presentar a su «futura compañera». Durante su detención había sostenido que al salir quería volver a casarse a sus 73 años.
En las afueras de la cárcel federal de Curitiba, el campamento de militantes que exigió «Lula Livre» desde el 7 de abril de 2018 comenzó a nutrirse de más militantes y seguidores del ex presidente a la espera de su salida después de 579 días de detención. Minutos después de las 16.15, cuando fue publicada la orden judicial, Lula publicó en su cuenta oficial un video de él entrenando en un gimnasio, el mismo que publicó en la previa de la campaña presidencial 2018 , en la que era el candidato con mayor intención de voto hasta que fue excluido de la competencia electoral por la condena en segunda instancia a partir de la causa Lava Jato investigada por el juez Sergio Moro, actual ministro de Justicia de la gestión de Jair Bolsonaro.

Fallo dudoso.
El fallo que condenó a Lula Da Silva en Brasil adolece de defectos técnicos y jurídicos elocuentes. En primer lugar, no están debidamente probados los elementos normativos. Por otro lado, el inmueble por el que se imputa a Lula estuvo siempre a nombre de la constructora OAS, cuyo titular «arrepentido» imputó con su delación «premiada» al expresidente, en un proceso cargado de irregularidades, motivaciones políticas y falta de imparcialidad, ejemplo de politización estridente de los tribunales que se observa en otros países de la región, las reformas que se realizaron en ese departamento también fueron hechas por la constructora OAS, único titular del inmueble, que contrató a distintas empresas tercerizadas que decoraron el departamento, no a pedido de Lula, sino de la propia constructora, supuestamente en forma «personalizada», «atípica» y «especial». Pero esto no dice nada sobre Lula, sino sobre la constructora, cuyo titular está preso pero que al convertirse en arrepentido» y declarar contra Lula (en plena campaña electoral), logró reducir casi la totalidad de su condena.
Además, la constructora usó como publicidad la supuesta titularidad del inmueble por parte del expresidente, como estrategia comercial y de marketing. Pero el juez Moro tomó estos trascendidos (que incluso los delatores no pueden justificar más que vagamente, con un «me fue dicho que tal departamento era de Lula», en una cadena de rumores que no encuentra nunca un sustento firme, el juez Moro toma como «prueba» un informe periodistico de la Red o Globo, que se basa en trascendidos y rumores) entre distintos propietarios como indicio de la titularidad, en un razonamiento circular que adolece de una petición de principio: presume lo que hay que demostrar y jamás queda probado durante el proceso.

No existe posesión.
Otra cuestión que da cuentas de las irregularidades es que no hay acto posesorio alguno sobre el referido inmueble, por eso el juez Moro insiste en 200 fojas sobre la importancia de la reforma, que habría sido realizada a pedido de Lula, aunque nunca se probó que fuera hecha por Lula, como requiere el elemento normativo del tipo, para tener por probada la posesión, que nunca se comprueba.
La posesión no pudo ser probada. Lula no usó nunca ese inmueble como poseedor ni dispuso nada sobre el mismo como propietario. Por eso Moro, en su desesperado intento de justificar una condena, se detiene en la reforma: la misma es la única forma que tenía el juez de presumir y probar indirectamente la titularidad del inmueble, formalmente a nombre de la constructora. Pero no probada la posesión, tampoco parece razonable asumir la propiedad que tiene ya un titular jurídico.

Condena «oportuna».
En tanto, al no haber ningún acto de posesión concreto y mucho menos una titularidad formal del inmueble, el juez Sergio Moro, actual ministro de justicia de la administración de Jair Bolsonaro, se vio obligado a atribuirle la reforma del inmueble no ocupado al expresidente, como forma indirecta de probar una posesión, de hecho inexistente. La única imagen que hay de Lula en ese departamento es una visita en un departamento desguarnecido junto a vendedores que se lo muestran como a cualquier eventual interesado.
Lula descartó luego de la visita el interés en el inmueble referido, en forma explícita a la constructora y también a través de un trámite civil, en el que renunció de hecho y derecho, junto a su mujer, inicial interesada, a adquirir el departamento que Moro, sin pruebas, le atribuye.
Lula fue condenado a pocos meses de elecciones generales, siendo la figura de mayor popularidad de Brasil, en base a un mero trascendido aportado al proceso penal por el titular de una constructora imputada en diversos escándalos de sobornos, pero que no aportó una sola prueba material concreta de sus dichos (trascendidos que el juez utilizó para condenar a Lula) pero cuya pena fue recortada en casi el 80% por el solo hecho de haber imputado al ex presidente. (Página12/Perfil)