Inició el juicio político contra Rousseff

ESCANDALO, GRITOS Y ACUSACIONES ENTRE LOS SENADORES BRASILEÑOS

El juicio político que puede destituir la próxima semana a la presidenta suspendida de Brasil, Dilma Rousseff, comenzó ayer con escándalo, gritos y acusaciones entre los senadores, lo que potenció el dramático tono con el que la clase política afronta la grave crisis institucional que vive el país.
“A partir de hoy cada senador se convierte en un juez que deberá actuar conforme a su conciencia sin tener en cuenta preceptos ideológicos o partidarios”, dijo al abrir los trabajos el presidente del Supremo Tribunal Federal, Ricardo Lewandowski.
El inicio de la sesión que inicialmente era apenas para escuchar testigos en la causa sobre “pedaleadas fiscales” , fue marcado por la “catimba” , como se dice en el lenguaje futbolero brasileño a las mañas o al arte de “embarrar la cancha”.

Recursos.
Diez recursos de nulidad sobre el proceso y sus formas fueron presentados por los senadores defensores de Rousseff y su abogado, José Eduardo Cardozo, durante tres horas. Todos fueron rechazados por el presidente Lewandowski, levantando la tensión entre quienes apoyan el juicio político y buscan apurar los tiempos para que asuma en forma definitiva el vicepresidente Michel Temer, ahora en ejercicio interino de la primera magistratura.
A menos de 100 metros de distancia, en el Palacio del Planalto, Temer, quien se pasó a la oposición y formó un gobierno interino, declaró: “El juicio político es una cosa natural de la democracia”, en un acto.
Horas antes había vaticinado que Rousseff será condenada. “Cincuenta y cuatro”, respondió sobre el número de votos que es el piso para condenar el martes a Rousseff por delitos contables en el presupuesto de 2015, una acusación que la mandataria suspendida considera un “golpe parlamentario”.

Tensión.
Pero el inicio de la sesión que desembocará en un veredicto (es ampliamente favorita la opción por la destitución) estuvo marcado por el tono que existe en las calles, por la división política del país, en un sistema que implosionó a la par del sistema de financiación de campañas políticas fruto de la corrupción.
En el punto alto de la tensión hubo gritos de “falta de moral”, “aspirador de cocaína” y “esclavista”, lo que atrasó gran parte del cronograma trazado para escuchar a testigos del proceso de destitución.
“Este Senado no tiene estatura moral para juzgar a una presidenta como Dilma”, dijo la senadora Gleisi Hoffman, ex jefa de gabinete de Rousseff, lo que inició el revuelo generalizado de sus rivales, que respaldan al interino Temer.
Rápidamente reaccionó el jefe del bloque del conservador Demócratas, el ganadero Ronaldo Caiado, aliado de Temer: “Yo no le robo a los jubilados”, dijo, en referencia a que el marido de Hoffman, el ex ministro Paulo Bernardo, fue denunciado por fraude en el sistema de créditos a los pensionados e incluso detenido
A Caiado lo cruzó otro senador del PT, Lindberg Farias, quien le recordó su alianza con un senador condenado por corrupción y lavado de dinero, Demóstenes Torres, en su estado, Goiás.
“Pido antidoping para él. No aspires aquí”, le respondió Caiado.

Revés.
Quienes apoyan el juicio político tuvieron un revés cuando el primer testigo que presentaron, un fiscal del Tribunal de Cuentas, Julio Marcelo de Oliveira, fue rebajado a la calidad de “informante” porque admitió que había participado en las redes sociales de una protesta contra Rousseff.
Igualmente declaró lo que se esperaba, que Rousseff cometió delitos de responsabilidad al dictar tres decretos de alteración del Presupuesto y tomó crédito de bancos públicos par apagar el plan Zafra 2015 a productores rurales.
La defensa sostiene que no fueron créditos y sí retrasos en pagos, lo cual no afectaría la ley y es la posición de varios peritos.
“Pero el problema es político, es que no hay más condiciones políticas para que Rousseff gobierne”, le dijo a Télam la senadora Ana Amelia, del Partido Progresista. (Télam)