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«La gente debe volver a trabajar»

BOLSONARO IGNORA COLAPSO HOSPITALARIO Y RECLAMA FIN DE LAS CUARENTENAS

Un nuevo pedido de juicio político contra el presidente de Brasil fue entregado ayer al titular de Diputados, Arthur Lira (aliado de Bolsonaro), sumándose a más de 60 presentaciones similares realizadas desde 2019 para intentar su destitución por diversos delitos. Esta vez el pedido está vinculado a la destitución de los jefes Edson Leal Pujol (Ejército), Ilques Barbosa (Marina) y Antonio Bermudez (Aeronáutica), quienes se negaron a usar las fuerzas miliares contra las cuarentenas impulsadas por los gobernadores y alcaldes.
Un pedido de juicio político solo puede ser aceptado por el jefe de la cámara baja y para que se concrete la destitución del presidente debe conseguir el respaldo de dos tercios del parlamento, algo que actualmente resulta imposible.
La presentación fue formulada por líderes de la minoría y la oposición de ambas cámaras, diputados Arlindo Chinaglia (PT), Marcelo Freixo (PSOL), Alesandro Molón (PSB) y los senadores Jean Paulo Prates (PT) y Randolfe Rodríguez (Rede). Los legisladores lo acusan de amenazar a la democracia, al pretender que las fuerzas militares actúen contra los gobernadores, y consideran que rompe la tradición del Ejército, excluyendo generales mayores en línea de sucesión «porque ya demostraron públicamente que están a favor de la ciencia, el desprendimiento social, el uso de máscaras y la expansión de la vacunación en la guerra contra Covid 19».
Como testigos designan al renunciante ministro de Justicia Fernando Azevedo quien sigue siendo un general bolsonarista, y tres ex titulares de Defensa: Celso Amorim, Nelson Jobim y Raul Jungmann. Acusan al presidente de utilizar a las Fuerzas Armadas para «promover su proyecto autoritario de poder» y «practicar literalmente abuso de poder».

«Volver a trabajar».
Mientras tanto, Bolsonaro exigió a los gobernadores que eliminen las cuarentenas porque «la gente tiene que volver a trabajar», durante el lanzamiento de subsidios de 55 dólares por 4 meses para casi 40 millones de brasileños. «La vuelta del derecho a trabajar es esencial» advirtió desde el Palacio del Planalto, en su nueva embestida contra gobernadores e intendentes un día después de la crisis militar.
Contradiciendo a su ministro de Salud, Marcelo Queiroga, quien recomendó respetar el distanciamiento social en Semana Santa, Bolsonaro se dirigió a los gobernadores: «revisen estas políticas y permitan que el pueblo pueda trabajar. Los empleados públicos tenemos a fin de mes nuestro sueldo, pero hay 40 millones que dependen de salir. Con las restricciones, los gobernadores e intendentes están decretando un estado de sitio, algo que yo no puedo hacer sin autorización del Congreso», se quejó. Bolsonaro también cree que los científicos están «equivocados», porque «teóricamente» las cuarentenas sirven para preservar el sistema hospitalario, pero éste está igualmente colapsado.
El auxilio de emergencia de 55 dólares fue aprobado por el Congreso y será por cuatro meses, lapso en el que el país espera lograr una vacunación masiva, con producción propia en los laboratorios estatales de la china Corona Vac y la anglosueca Astra Zeneca. La popularidad de Bolsonaro cayó notablemente en los últimos tres meses. El año pasado había aumentado un poco su nivel de aceptación cuando el Congreso aprobó un auxilio para casi 70 millones de personas, por seis meses y de 155 dólares mensuales. «Eso terminó. Esto es lo que podemos gastar y no podemos pagarlo mucho tiempo porque desequilibra a la economía», afirmó.

Complices del golpe en Chile.
Varios informes de inteligencia de EE.UU., Chile y Brasil, desclasificados ayer en Washington, señalan el rol del régimen brasileño para socavar la democracia y apoyar el golpe de Augusto Pinochet en Chile, el 11 de septiembre de 1973. Uno de ellos es el memorándum de una reunión en diciembre de 1971 entre el presidente Richard Nixon y el dictador brasileño Emílio Garrastazu Médici, en la Casa Blanca, cuando hablaron sobre esfuerzos conjuntos para derrocar a Allende. Médici dijo a Nixon que Allende sería depuesto «por la misma razón que (el presidente) Joao Goulart había sido derrocado en Brasil».