domingo, 27 septiembre 2020
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Niños para resucitar un pueblo vacío

La llegada de tres familias venezolanas solicitantes de asilo le dieron un halo de esperanza al pequeño poblado español de Pareja (Guadalajara): un municipio de 400 habitantes a punto de cerrar su escuela.

La historia tiene como protagonistas a tres familias venezolanas que atraviesan la angustia de dejar su país y transitar un sinfín de lugares para estabilizarse en España. Se trata de Jairo y Belkis, Zaida y Ángel, y Tulia y Eduardo junto a sus pequeños hijos.

DESTINO.

“Necesitábamos gente y sobre todo niños para la escuela. Y nosotros les ofrecimos estabilidad”, afirmó al diario EL PAIS el alcalde Javier del Río.

Mientras el jefe comunal, a cargo de la función desde 1999, evaluaba cómo multiplicar sus vecinos, estas tres familias, como miles de personas que huyen de Venezuela y piden asilo en España, se instalaban en grandes ciudades, ajenas a lo que les esperaba.

Vivieron en condiciones bastante difíciles, en pisos impagables, peregrinaron por diversos centros y malvivieron repartiendo comida en bicicleta. Hasta que la organización Pueblos con Futuro, constituida formalmente hace solo cinco meses, cruzó sus destinos.

CONTACTO CON LA ONG.

Del Río conoció sobre los objetivos de la ONG y se puso en contacto con los voluntarios. Luego de tantear a sus vecinos, les ofreció su municipio a estas tres familias solicitantes de asilo.

Con la intención que su pueblo no desaparezca, el alcalde les gestionó empleos temporales a las familias venezolanas como por ejemplo en el mantenimiento de la localidad, en el bar del centro social o bien en el cuidado de sus mayores.

NIÑOS EN LA ESCUELA.

Los extranjeros rehicieron una vez más sus maletas y la escuela recibió con los brazos abiertos a Sebastián, Santiago, Naomi y Gabriela, niños despiertos y felices de entre dos y 11 años. El próximo curso abrirá una segunda aula gracias a ellos. “Estas familias han sido un espaldarazo para salvar la escuela. Para nosotros es una gran alegría”, celebra el alcalde.

Si bien los niños venezolanos festejaron su aterrizaje en su nuevo pueblo, se les hace un poco más difícil a sus padres que necesitan algo de tiempo para ir adaptándose a su nueva realidad.

SUS HISTORIAS.

Belkis Morillo y Jairo Sánchez eran corredores de seguros, y ahora ella cuida ancianos y él trabaja en la construcción.

Tulia Ramírez, de 48 años, que era profesora de artes plásticas, es ahora la regente y camarera. Está casada con Eduardo, que trabaja para el Ayuntamiento construyendo una carretera, y llegó con dos de sus hijos adolescentes.

Zaira Varillas y Ángel Márquez ahora pasan sus días más tranquilos al dejar atrás sus jornadas laborales de 14 horas en la capital española repartiendo comida a domicilio.

“Me siento tranquilo. Con más seguridad. Somos personas trabajadoras y me encanta el campo”, asegura Márquez.

El hombre, que pinta paisajes y escribe coplas, espera a recuperarse de una apendicitis para volver a su trabajo de mantenimiento y su mujer, que olvida leyendo libros, cuida ancianos. Habían pedido una plaza de acogida en Madrid, pero nunca los llamaron.

FOTO: EL PAIS.