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Perú se encamina al balotaje

UNA ELECCION MAS POLARIZADA QUE NUNCA

Las elecciones del domingo en Perú confirmaron la enorme fragmentación de la representación política, pusieron al país en el escenario de una segunda vuelta que tendrá una dosis extra de polarización y no disiparon el riesgo de conflictos de poderes como los que caracterizaron al actual período de Gobierno, afirmaron diversos analistas.
Por sus protagonistas, el balotaje y su campaña electoral traerán reminiscencias de la crítica última década del siglo pasado, cuando el Gobierno de Alberto Fujimori puso fin al conflicto armado interno que venía de los años 80 pero al precio de graves y masivas violaciones de derechos humanos, por las que ahora está en la cárcel.
La segunda vuelta enfrentará a Pedro Castillo, un sindicalista que tiene evidentes coincidencias y simpatías con Sendero Luminoso, y a Keiko Fujimori, la hija mayor y heredera política de Alberto.
Castillo reunía 18,84% de los votos válidos y Fujimori, 13,21%, seguidos por el economista liberal Hernando de Soto, con 11,97%, y el empresario de derecha Rafael López Aliaga, con 11,91%, cuando se había completado 87,42% del escrutinio, informó la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) en su sitio web.

Crisis.
«Se nos viene una polarización muy grande, porque cualquiera que ingrese en segundo lugar representará un polo frente a lo que muchos consideran un antisistema», advirtió el sociólogo y columnista político Fernando Vivas a la radio RPP.
Castillo, de 51 años y para muchos la sorpresa de las elecciones, no es sin embargo un «outsider» en la política, tal como advirtió el analista Iván García en Panamericana TV.
Ya en 2002, Castillo se postuló a la alcaldía de Tacabamba, la pequeña ciudad del departamento norteño Cajamarca de la que es oriundo, y entre 2005 y 2017 integró el comité político regional de Perú Posible, el hoy disuelto partido del ex presidente Alejandro Toledo.
Pero es cierto que su figura cobró trascendencia nacional solo a partir de 2017, cuando encabezó por casi dos meses una huelga de docentes que causó la caída del gabinete que encabezaba Fernando Zavala bajo el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski.
Lo que los resultados no consiguieron despejar es la sensación de que Perú pueda continuar por la senda de inestabilidad política que llevó a que en el actual período quinquenal de gobierno tuviera cuatro presidentes y dos Congresos.
«Creo que la crisis de los partidos es un protagonista central de la situación en la que está el país, y es una crisis que no se ha gestado únicamente en este quinquenio», sostuvo García.
«Es una crisis político partidaria que tiene orígenes claros y nítidos en lo que yo llamo el incumplimiento de la misión principal que tuvo la transición democrática de 2001, pos década de los 90 o posfujimorismo, y esa misión era la de regenerar la decencia y la moral pública», agregó.
Con esa opinión coincidió de algún modo Juan Carlos Tafur, director de la revista digital Sudaca.pe, al sostener que el país «ha tenido candidatos presidenciales mediocres y corruptos en la transición pos-Fujimori», aunque «a pesar de eso el país ha crecido lo suficiente para disminuir la pobreza y la desigualdad como pocos países lo han hecho».
Ya desde antes del actual quinquenio, Perú es -fuera de Brasil- el país donde mayor repercusión tuvo la operación Lava Jato y el escándalo de los sobornos de Odebrecht, por lo que están bajo investigación judicial casi todos los ex presidentes vivos y varios líderes partidarios, incluida Keiko Fujimori, que aún no tiene sus cuentas saldadas con la Justicia.
La cuestión de la corrupción desató un conflicto de poderes, principalmente entre el sucesor de Kuczynski, Martín Vizcarra -que impulsó una reforma política destinada a quitar privilegios a funcionarios y legisladores-, y el Congreso.
Vizcarra no solo perdió esa batalla sino que fue destituido por el Congreso y poco después se supo que fue, junto a su esposa, uno de los beneficiarios del vacunatorio VIP contra el coronavirus. (Télam)