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Se completó el Brexit

ACUERDO ENTRO EN VIGENCIA

Puntualmente a las 23 de Londres (20 de Argentina y medianoche europea) el Big Ben anunció con once campanadas el momento exacto en que Reino Unido cortó sus lazos con la Unión Europea y comenzó a regir el acuerdo bilateral pos Brexit, poniendo fin a 48 años de relaciones siempre tensas. «Es un momento increíble. Tenemos nuestra libertad en nuestras manos y depende de nosotros aprovecharla al máximo» dijo Boris Johnson en su discurso de fin de año.
El primer ministro, que asumió en junio de 2019 para reemplazar a Theresa May, desgastada por las negociaciones, se anotó una victoria personal al concretar esta salida y también evitó sobresaltos al firmar un acuerdo con España para mantener abierta la frontera con Gibraltar.
Tras varios años de caos y enfrentamiento político, Reino Unido salió oficialmente de la UE en el último segundo de 2020, cumpliendo la decisión adoptada por los ciudadanos británicos en junio de 2016, durante un controvertido referéndum (52% de votos). Durante once meses hubo un «período de transición» durante el cual Reino Unido mantuvo las reglas europeas mientras negociaba su futura relación con los 27 países restantes.
La negociación parecía destinada al fracaso pero dio frutos el 24 de diciembre, cuando Londres y Bruselas cerraron el tratado de libre comercio. En grandes líneas, el acuerdo señala que la UE ofrece un acceso sin aranceles ni cuotas a su inmenso mercado de 450 millones de consumidores a cambio del compromiso británico de respetar normas en materia de medioambiente, derechos laborales y fiscales, para evitar competencia desleal.

Consecuencias.
El acuerdo evitó que las fronteras británicas se convirtieran en un caos, con sus puertos bloqueados por acumulación de cargas sometidas a trámites aduaneros y que Reino Unido sumara una escasez de productos a su tercer confinamiento por coronavirus.
Desde las tarifas de roaming hasta el sentimiento independista escocés, las consecuencias del acuerdo comercial posbrexit son muy variadas. Aunque Gran Bretaña abandonó el mercado único y la unión aduanera para establecer sus propias regulaciones, no habrá aranceles comerciales. Al mismo tiempo, los ingleses no accederán a los beneficios del bloque como el movimiento libre de capitales, bienes, servicios y personas.
Boris Johnson repitió «soberanía» tantas veces como pudo, el término favorito de los partidarios del Brexit, pero no todos coinciden: los pescadores lo acusan de «traición» porque permitió que barcos con bandera europea naveguen las ricas aguas británicas y las empresas de servicios financieros terminaron desilusionadas porque no figuran en el acuerdo.
«Si la preocupación fuese la economía, Reino Unido no estaría saliendo de la UE» advirtió la analista política británica Jill Rutter, al recordar que los argumentos principales para el Brexit en el referendo de 2016 apuntaron a «retomar el control sobre las fronteras y las leyes». Ambas promesas fueron cumplidas: ya no existe el libre movimiento de personas y los turistas británicos podrán permanecer un máximo 90 días (cada seis meses) en otro país de la UE sin necesidad de una visa, y viceversa.
Se termina además la gratuidad del roaming de telefonía celular, la validación de los títulos profesionales deja de ser automática y los ciudadanos europeos que quieran estudiar en Reino Unido necesitarán una visa, al igual que los británicos en el resto de Europa. También se complicarán la importación y exportación de mercaderías, lo que podría generar un embotellamiento de camiones en los extremos del Eurotúnel: Calais (Francia) y Dover durante las primeras semanas, hasta que las empresas tengan más clara la reglamentación.
De todos modos, Rutter diferenció los problemas a corto plazo («con el tiempo la gente se acostumbrará») y los de largo plazo que «complicarán los negocios con la UE y tendrán un gran costo económico».
Otro efecto secundario será un crecimiento del descontento en Escocia e Irlanda del Norte, que hace cuatro años apoyaron la opción de permanecer en la UE. El 6 de mayo habrá elecciones para el parlamento local y el Partido Nacional Escocés buscará ampliar su poder con la promesa de un nuevo plebiscito para independizarse del Reino Unido, que a diferencia de 2014 obtendría una amplia mayoría.
El caso de Irlanda del Norte es distinto: para evitar reinstaurar una frontera dura (como en las épocas de conflicto armado) se dispuso que la República de Irlanda seguirá siendo parte del mercado común europeo y conservará el libre movimiento de personas. Pero para los unionistas y protestantes esto es un problema: si bien preserva la frontera con sus vecinos católicos, les concede un estatus diferente que pone en peligro su relación con la Corona británica. En cambio, los republicanos del Sinn Fein ven esta unión con Dublín como oportunidad para avanzar en su histórico objetivo de reunificar a Irlanda.
(Télam)